Palencia no espera a su jeque

De izquierda a derecha: Toni Grande (segundo entrenador de la selección española de fútbol), el presidente del CF Palencia, Chema Torres; Vicente del Bosque, y el periodista palentino Ramón Arangüena, en una subasta benéfica a favor del club celebrada en el Santiago Bernabéu el pasado mes de mayo. / I. A.

Las tardes de fútbol en el antiguo estadio de La Balastera solo eran aptas para valientes y verdaderos aficionados al fútbol. El invierno en esa pequeña bombonera en la que jugaba el CF Palencia caía con fuerza sobre los cuatrocientos o quinientos espartanos que trataban de ver un partido de Tercera División entre una niebla que impediría aterrizar aviones en el aeropuerto de Barajas. La manta y el carajillo se convertían en los mejores aliados para soportar los grados bajo cero y, por qué no decirlo, muchas resacas habituales en domingo. Allí se vivieron ascensos y descensos en las categorías humildes del fútbol español, celebrados por los aficionados como si de trofeos europeos se tratase. Las noches de la capital palentina eran testigo de la alegría por subir a Segunda B, y nos devolvían al sueño de los grandes años, cuando la primera división estuvo tan cerca. Es el legado de una afición que hoy, con un flamante estadio de diseño que siempre se queda grande salvo en contadas ocasiones, lucha por mantener a su equipo ya no en la categoría actual, sino en la lucha por su supervivencia.

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Es un problema que afecta a muchos clubes pequeños. Lo vemos en televisión, con jugadores encerrados en los vestuarios para exigir sus salarios, muy alejados de lo que cobra Cristiano Ronaldo. Estos si tienen licencia para exhibir su tristeza al mundo. El Real Oviedo, otro histórico con gran estadio, hace tiempo que ronda las mismas categorías que el C.F Palencia, sufriendo un auténtico calvario que se ha solucionado con la aportación económica de los aficionados y la llegada del magnate Carlos Slim, nuevo accionista mayoritario del club. Precisamente esta fórmula, la de sociedad anónima, ha facilitado todo, algo que en Palencia nunca llegó a materializarse. También en Albacete sufren para no desaparecer, buscando fondos en malos tiempos para la lírica económica, deportiva, social…

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Palencia no espera ningún jeque árabe que ponga millones de euros encima de la mesa. Quiere el club serio que la ciudad merece, y esa afición pelea desde hace semanas para que no desaparezca lo que ellos denominan “un sentimiento”. Las redes sociales se han convertido en la gran plataforma para recaudar dinero y llamar a la solidaridad atizando las conciencias de las grandes nóminas del fútbol patrio. Socios y seguidores de un club que se dirigen directamente a las estrellas del deporte rey para que pongan su granito de arena, que en Palencia se convertirá en una montaña sobre la que cimentar un nuevo proyecto. En definitiva, una contribución desde el propio mundo del fútbol para salvar a unos profesionales que siguen cada fin de semana jugando su partido y haciendo su trabajo. Para que las bufandas moradas, menos de las que se esperan en una capital de provincia con 80.000 habitantes pero fieles como las que ondean en cualquier coliseo de la Liga BBVA, sigan estirándose mientras cantan su particular You never walk alone, esperando que se cumplan sus sueños en este particular teatro, casi tragedia griega, que han creado un cúmulo histórico de malas gestiones y las diferentes varas de medir con las que se trata a los clubes pequeños respecto a los gigantes del fútbol.

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