Un experimento con ratones muestra cómo los mercados erosionan la moral

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El porcentaje de personas dispuestas a sacrificar un ratón a cambio de dinero aumenta si se reproducen las condiciones de un mercado de compra-venta. / A. Falk y N. Szech.

¿Por cuánto dinero estarías dispuesto a sacrificar a un ratón de laboratorio? Sobre esa cuestión, investigadores alemanes han demostrado empíricamente lo que muchos filósofos, ideólogos o sociólogos vienen manteniendo desde hace siglos: que el mercado erosiona los valores morales. En su ausencia, los humanos damos un mayor valor a la vida de un simple roedor. Pero cuando entramos en el juego de comprar y vender, la mayoría condenamos al animal por unos pocos euros.

El fin del mercado es comprar y vender bienes y servicios. En ese juego muchas veces se produce lo que los economistas llaman externalidades negativas a terceros. Este tercero puede ser un trabajador mal pagado, explotación de niños, sufrimiento de animales o un daño ambiental. El derrumbe de dos edificios de talleres de confección en Bangladesh hace unos días es sólo un caso extremo de esta realidad. Sin embargo, los que participan en la dinámica del mercado, tanto vendedores como compradores, suelen obviar estas externalidades que, en principio, van contra sus propias normas morales. Pero, ¿cómo hace el mercado para reducir la moral al utilitarismo?

Eso es lo que se propusieron averiguar dos economistas de las universidades alemanas de Bonn y Bamberg. Aunque la moral es un concepto cultural, que cambia de una sociedad a otra y con el tiempo, la idea de dañar a un tercero de forma intencionada y sin justificación es visto como inmoral en todas las culturas. Por eso, idearon una serie de experimentos donde participaron varios centenares de personas y donde se jugaba con la vida de ratones de laboratorio y el dinero. A los humanos se les informó de que los roedores que sobrevivieran serían cuidados y alimentados hasta su muerte natural.

A un centenar de los participantes se les dio dos opciones: recibir 10 euros a cambio de la muerte de su ratón o renunciar al dinero pero salvándolo. El objetivo de los investigadores, cuyo trabajo aparece en la presente edición de la prestigiosa revista Science, era medir el precio que daban a la vida del ratón y el peso de sus convicciones morales en ausencia del juego del mercado. El 45,9% de las personas prefirió los 10 euros a la vida del bicho.

Con esa cifra, los economistas ya tenían un punto de partida y podían pasar a una segunda fase de su experimento: medir la influencia del mercado en la moral. Realizaron dos pruebas paralelas basadas en la figura de la doble subasta, usada en economía para estudiar los resultados de un mercado. Por un lado, a 72 personas se las dividió entre compradores y vendedores y, por parejas, una hacía de vendedor del ratón y la otra de comprador. Se jugaban 20 euros, de tal manera que tenían que negociar sobre la muerte del ratón. Si acordaban un precio, el vendedor ganaba la cantidad fijada y el comprador se quedaba con la diferencia hasta los 20 euros pero el ratón moría. En el caso de que una de las partes renunciara a comerciar, nadie ganaba nada y el roedor se salvaba. En esta subasta bilateral, el 72,2% sacrificó al ratón por 10 euros o menos.

El porcentaje de, digamos inmorales, aún subió mas en el caso de la subasta multilateral. Aquí, como en cualquier bolsa de valores, otro centenar de participantes intervino en varias rondas donde había nueve vendedores de ratones y siete compradores de forma simultánea. Todos los sujetos podían recibir ofertas del otro lado del mercado. Igual que en el experimento bilateral, estaban en juego 20 euros y la vida del ratón. El 75,9% de los participantes acordó matar al animal por 10 euros o menos.

"El experimento muestra que los mercados tienden a erosionar los valores morales", dice la profesora del departamento de economía de la Universidad de Bamberg, Nora Szech. "Mostramos que en los mercados, mueren muchos más ratones por una determinada cantidad de dinero que en ausencia de mercado", añade.

Pero, al fin y al cabo son ratones. ¿Se puede extrapolar al mundo real? Los investigadores aseguran que sí. "Matar a un animal sólo por dinero es una decisión drástica. La mayoría de la gente ve esta conducta como inmoral, como hemos podido ver en el caso de las decisiones individuales", sostiene Szech. Como participantes en el mercado, las personas encontrarían comparativamente más fácil perseguir su propio interés y matar al ratón. "Pensamos que si el mercado tiene este fuerte impacto en una decisión tan drástica, también lo tendrá en otras decisiones más serias y moralmente problemáticas", añade.

Para afinar más en el papel destructivo del mercado, los investigadores realizaron otros dos experimentos. Uno era una variación de la prueba individual, pero en vez de ofrecer 10 euros a cambio de la vida del ratón, se le proponía una lista de precios al alza a los participantes. A los que se mantenían en su negativa en una primera ronda se les subía la oferta en fracciones de 2,50 euros y hasta un máximo de 50 euros. La fracción de sujetos dispuestos a matarlo por 10 euros fue la misma que en el primer experimento individual. Pero lo relevante fue ver que, para alcanzar el porcentaje de individuos dispuestos a sacrificarlo en el mercado bilateral (aquél 72,2%) a los individuos que sólo tenían la compañía de sus convicciones morales hubo que seducirles con una media de 47,50 euros, 10 veces más de lo que valía la vida del ratón en los experimentos con mercado de compraventa.

En los experimentos de mercado, el valor de las vida de los ratones siempre fue menor que la de unos vales de compra de un supermercado./ A. Falk y N. Szech.

"En los mercados pueden agregarse varios mecanismos para que la gente actúe menos moralmente", afirma el profesor del centro de economía y neurociencia de la Universidad de Bonn y coautor del estudio, Armin Falk. "Por ejemplo, en ellos, las personas se centran en la competitividad y el beneficio en vez de en la moralidad. Pueden compartir su sentimiento de culpa cuando acuerdan matar a un ratón y  ven como otros se comportan también inmoralmente. Además, en los grandes mercados, pueden llegar a sentir que sus decisiones no son relevantes ya que incluso si ellos no acuerdan matarlo, siempre habrá alguien que lo haga", añade.

En una última prueba con otro centenar de personas diferentes se comprobó que en los mercados pesa más el valor de uso que la moral. Repitieron el experimento individual con lista de precios al alza y el multilateral pero esta vez en vez de darles un ratón les dieron vales de compra de un supermercado cercano a la universidad. En el caso individual, se les ofrecía dinero a cambio del cupón, en el multilateral, podían comerciar con él. Comprobaron que, para los vales, el efecto del mercado era mucho menor.

Ese mayor valor del producto frente a la acción moral que implica salvar a un ratón puede ayudar a entender la indiferencia de los consumidores occidentales frente a los dos accidentes de Bangladesh y, en general, hacia las consecuencias de sus decisiones de compra (aquellas externalidades negativas). A los autores del estudio les parece pertinente la comparación con la actualidad. "Partiendo de nuestro experimento, creemos que las personas se preocuparían más por las malas y peligrosas condiciones de trabajo de los otros si se sintieran culpables e individualmente responsables. Por desgracia, encontramos que los mercados reducen los sentimientos de culpabilidad y mala conciencia", explican en un correo electrónico.

Precisamente, ahora están estudiando el paralelo entre distancia moral y distancia física. Partiendo de la idea de que nos preocuparíamos más de aquellos trabajadores si fueran vecinos, pretenden analizar "la distancia física respecto de la parte que sufre el daño como factor causal de la conducta inmoral".

3 Comments
  1. Y más says

    De ahí que dejar morir de malaria a millones de niños no duela nada si no e los ve, si viven lejos , si son negros y, sobre todo, si no te crees que eso esté pasando. Ni ratones ni laboratorios: la vida misma.

  2. juan gaviota says

    Los valores humanos no cotizan en ninguna bolsa del mundo.

  3. juanjo says

    ¿Y a quién se le ocurre hacer experimentos con ratones con la de banqueros y grandes capitalistas que no tienen el más mínimo escrúpulo en dejar morir de hambre a media humanidad mientras ellos manejan millones y millones.
    .,,,,
    Por ottra parte, ahí está la historia:
    ¿Qué hacía el alto clero y la nobleza con el pueblo llano y los siervos de la gleva?

    ¿Que hicieron los europeso, comenzando por los españoles, con los pobres indios americanos.
    ..
    ¿qué hicieron los burgueses de la 1ª y la 2º revolucioes industriales con el proletariado masculino , femenino y los niños.

    Y qué están haciendo lo neoliberles actuales con la mitad de la humanidad.
    ¿Qué está ocrriendo en la propia Europa , en la propia Madrid o París.

    Acabo de regresar de Alemania y me he quedado acojonado de la cantidad de gente que anda pidiendo limosna.

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