La privacidad de los europeos, en manos de las tecnológicas y del Gobierno de EEUU

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El presidente de EEUU, Barack Obama, el pasado 6 de junio, durante una visita a una escuela secundaria en Mooresville (Carolina del Norte). / Pete Souza (whitehouse.gob)

"No se puede tener el 100% de seguridad y tener también el 100% de privacidad y 0 inconvenientes", decía el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al día siguiente de que se supiera que su gobierno espía a ciudadanos de todo el mundo accediendo a servidores de las principales empresas tecnológicas. Este lunes, el Supervisor Europeo de Protección de Datos, Peter Hustinx, escribía: "No hay seguridad sin privacidad". Hustinx no es tan poderoso, es infinitamente menos conocido pero, desde su puesto, protege más los derechos de los europeos que Obama.

En los pocos días que han pasado desde que se supiera del sistema Prisma y a la espera de las nuevas revelaciones que ayer prometió el filtrador, Edward Snowden, en un chat con los lectores de The Guardian, tres cosas han quedado claras: primero, en cuestiones de seguridad, de la seguridad de los Estados Unidos, la Administración de Obama es tan imperialista como la de su predecesor George Bush hijo. Segundo, las grandes empresas de internet, con la extraña excepción de Twitter, colaboran con el Gobierno de Estados Unidos. Que sea de forma voluntaria o forzadas por la ley es aquí irrelevante. Y tercero, la dependencia tecnológica de los europeos y otros ciudadanos no estadounidenses de las empresas de ese país supone una cesión de soberanía personal y nacional impensable no hace tanto tiempo.

El imperialismo de Obama se sustancia en una serie de leyes, en particular la FISA (Foreing Intelligence Surveilland Act), que dan cobertura legal al espionaje de ciudadanos no estadounidenses y fuera de Estados Unidos. En los tiempos de la Guerra Fría, el alcance de una norma así era necesariamente limitado. Pero ya no estamos en los tiempos contados por John le Carré. Ahora existe una cosa que se llama internet en la que millones de personas realizan una porción creciente de sus vidas. Los correos enviados desde Hotmail (ahora Outlook), los mensajes en Facebook, las llamadas desde un iPhone, las búsquedas en Google, los vídeos vistos en YouTube, las conversaciones por Skype...  están, al menos técnicamente, al alcance de un analista sentado ante su ordenador en Fort Meade, Maryland, Estados Unidos, la sede de la NSA (National Security Agency).

Es esa extraterritorialidad conseguida gracias a la presencia mundial de los gigantes estadounidenses de internet lo que cambia la ecuación. Con una autorización de un juez estadounidense, un policía estadounidense puede ordenar a una empresa estadounidense que le entregue los datos de un español. La propia FISA obliga a esta colaboración a los Google, Microsoft, Apple y compañía. Se deben a las leyes de su país. De nada sirven las normas europeas de privacidad, con la española como una de las más protectoras a la cabeza, si los servidores donde se guardan los datos personales de los europeos están sujetos a un legislación como la estadounidense. La agencia francesa de protección de datos ya está estudiando cómo afrontar el acceso de autoridades extranjeras a datos de los ciudadanos galos.

Las empresas tecnológicas señaladas negaron una tras otra que supieran de la existencia de Prisma. Después insistieron en rechazar que los agentes tuvieran acceso directo, recalcando esas dos palabras, a sus servidores. Viendo peligrar su reputación, pidieron más tarde a las autoridades estadounidenses poder publicar qué peticiones de información les presentan. La última en hacerlo fue Apple, ayer. En una nota aseguraban que la mayoría de las solicitudes tenían que ver con investigaciones policiales de "robos y otros crímenes, búsqueda de niños desaparecidos, para localizar a un paciente con la enfermedad de Alzheimer o intentando evitar un suicidio".

Parecen buenas razones. Pero, ¿quién asegura que se quedan ahí? Lo que ha conseguido Prisma es romper la confianza en las compañías estadounidenses de internet. De forma paralela a sus declaraciones exculpatorias, se ha ido sabiendo que Microsoft, por ejemplo, avisaba a las autoridades de Estados Unidos antes que a nadie de vulnerabilidades en sus programas antes de hacer público el parche de seguridad. Según Blomberg, decenas de empresas tecnológicas comparten enormes cantidades de datos (Big Data) con el FBI o la CIA. Ya no se trata de investigaciones sobre una persona determinada sino de extraer información relevante mediante sistemas de minería de datos de millones de personas.

Prisma también ha herido de muerte la imagen de Obama y su Administración como adalides de la libertad de internet. Mucho se habló de su feroz resistencia a que la ONU consiguiera un mayor papel en el gobierno de la red en diciembre pasado. En una gran campaña, empresas tecnológicas y Gobierno estadounidense se aliaron para que las cosas siguieran como estaban. No querían que países como China o Rusia pudieran imponer restricciones a internet. Pero Prisma muestra quién la controla de verdad. Lo explica muy bien el reputado experto estadounidense en seguridad Bruce Schneier: "No podemos luchar por la libertad en internet por el mundo y luego regresar y destruirla en casa. Aunque nosotros no veamos la contradicción, el resto del mundo lo hará".

El drama para los europeos es que sin todas estas herramientas de comunicación, internet se queda vacía. Apenas hay alternativas que queden fuera del alcance de la jurisdicción estadounidense. Esto vuelve a demostrar la dependencia tecnológica que tienen Europa y el resto del mundo de Silicon Valley.  Una dependencia que, en la práctica, afecta a su soberanía y la privacidad de sus ciudadanos. Incluso para pelear por ella, hay que apuntarse a una campaña lanzada por organizaciones estadounidenses para que dejen de espiarnos.

3 Comments
  1. juan gaviota says

    Todos los gobiernos, abusan de las redes sociales en su beneficio, y cuando el pueblo pasa de los medios oficiales y defiende sus intereses por medio de la comunicación directa, internet pasa a ser la peor pesadilla de los autocratas, y lo primero que hacen es tumbar la red para evitar que el pueblo se puede organizar al margen de los dictados estatales.

  2. juan gaviota says

    Muy buena observación, hay dos formas de entender la vida.
    Una es la democrática ,en la que todas las personas deberíamos tener los mismos derechos y obligaciones.
    Y la otra es la absolutista ,donde los que detentan el poder, se quedan con todo, y los que generan la riqueza con nada.
    La confrontación surge de aquí ,porque los intereses son contrapuestos.
    Hace poco tiempo, un pez gordo dijo que la batalla la estaban ganando ellos, y es verdad.

  3. prom dresses xcite says

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