El infanticidio y asegurar la reproducción causan la monogamia entre los mamíferos

Entre los gorilas de montaña, el infanticidio acaba con un tercio de las crías. / Flickr de Joachim Huber

La monogamia que, con ciertas dificultades, practican los humanos es un fenómeno extraño entre el resto de especies de su clase, los mamíferos. Desde un punto de vista biológico, parece una estrategia perdedora: con una gestación  interna y una lactancia prolongada, la hembra no es muy receptiva a un macho con un potencial reproductor muy superior. De hecho, en la mayoría de las otras especies, un único macho tiene a su alcance a varias hembras. Pero hay cerca de un 10% de ellas que apuestan por la monogamia como estrategia para perpetuarse. Ahora los científicos parecen haber encontrado la causa: es una buena manera de asegurarse el apareamiento y la procreación.

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Rara vez ocurre que dos destacadas revistas científicas coincidan en publicar la misma semana dos estudios sobre el mismo tema y cuyos resultados parezcan tan contradictorios. Pues esta semana dos trabajos arrojan luz sobre la monogamia entre los mamíferos, una cuestión que lleva décadas desquiciando a los científicos. En otras clases, como aves o muchas especies de artrópodos, la monogamia, entendida como el mantenimiento de un vínculo entre una hembra y un macho en edad de procrear durante al menos varias temporadas, es muy habitual. Entre las primeras por ejemplo, el 90% de los pájaros viven en pareja o se juntan con la misma del año anterior cuando llega la época de cría. Sin embargo, entre los mamíferos es un fenómeno tan raro que, hasta ayer mismo, se estimaba que sólo el 3% de las especies la practicaban.

Ahora, en el primero de los estudios, dos investigadores de la Universidad de Cambridge han analizado toda la información disponible sobre 2.545 especies de mamíferos (casi la mitad de los conocidos). Lo primero que hicieron fue describir la situación actual.  El 68% de las especies mantienen una estrategia en la que las hembras viven y cuidan de sus crías solas y, solo en las épocas de celo, se encuentran con un macho que ocupa un territorio donde hay varias hembras solitarias. Casi una cuarta parte siguen un sistema social grupal, donde generalmente un macho se aparea con un grupo de hembras, como ocurre con muchos primates. Pero hay 229 especies (el 9%) que practican la monogamia.

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En su ciega sabiduría la naturaleza ha ideado muchas formas de perpetuar la vida. En el reino animal, la reproducción sexual es la clave. Pero hay diversas maneras de conseguir que los vástagos salgan adelante y cumplan con la máxima de que la vida siga. Entre los peces, por ejemplo, el desove de muchas crías en una sola puesta es una estrategia ganadora. En otros ovíparos, en especial las aves, la puesta de uno o dos huevos del que nacen crías 100% dependientes obliga a que el esfuerzo de cuidarlos sea cosa de los dos. Pero en los mamíferos todo es diferente, la cría se desarrolla dentro de la madre y necesita de una prolongada lactancia. En principio esto pone en el centro a la hembra y relega al macho a un papel secundario pero que le permite a la vez ir en busca de otra hembra con la que prolongar su estirpe.

En muchas especies monógamas, como en este dicdic, el macho se desentiende de cuidar de la cría. / Peter Brotherton

Usando técnicas de filogenia, combinando información genética y determinados atributos de las especies, los investigadores han desandado los pasos de la evolución hasta poder afirmar que la estrategia de reproducción del ancestro común a todos los mamíferos se correspondía con una serie de hembras aisladas ocupando el espacio controlado por un único macho. Desde allí, las distintas especies han evolucionado ensayando diferentes estrategias de emparejamiento. Aunque minoritaria, la monogamia está más presente entre los primates y los carnívoros y es inexistente entre los cetáceos.

Hasta ahora había tres grandes hipótesis para explicar la presencia de la monogamia entre los mamíferos. Una apuesta por la ventaja comparativa que puede ofrecer el cuidado biparental. Sin embargo, los investigadores de Cambridge muestran que en el 41% de las especies que actualmente practican la monogamia, el macho, aunque cuida y defiende a su hembra de otros machos, no participa en el cuidado de las crías. Este cuidado compartido sería más una consecuencia de la monogamia que su causa.

Otra postura defiende que la formación de parejas estables es un mecanismo de defensa contra el infanticidio por parte de los machos rivales. Mientras duran la gestación y la lactancia, las hembras no entran en celo y no son receptivas, lo que puede incentivar la matanza de las crías por un macho para que vuelva a serlo. Con uno a su lado que defienda a su cría, el riesgo disminuye. Sin embargo, los científicos, aunque no descartan que tenga un rol, no lo consideran relevante. Y apoyan su opinión con un dato: en un tercio de las especies monógamas, hay elevados índices de infanticidio.

Por último, está la hipótesis de que se trata de una estrategia del macho para asegurarse una hembra que le puede ser disputada. Esta es la idea que defienden los autores del estudio publicado en Science. “Cuando las hembras están ampliamente dispersas, la mejor estrategia del macho es pegarse a una hembra, defenderla y asegurarse de que él engendrará toda su descendencia. En definitiva, la mejor estrategia de un macho es ser monógamo”, dice Tim Clutton-Brock, coautor del trabajo.

Para reforzar su posición, los biólogos muestran como las especies monógamas presentan una menor densidad de población (15 individuos por Km2) que las solitarias múltiples con presencia de un único macho (150  ejemplares por Km2). Aportan también otro dato. Igual que ocurre en las aves, casi la mitad de los mamíferos monógamos no presentan dimorfismo sexual, es decir, el macho y la hembra apenas se diferencian en tamaño. Mientras, ese dimorfismo está presente en el 80% de las que no son monógamas.

Aunque su explicación encaja muy bien en la mayoría de las subclases de mamíferos, deja dudas cuando se trata de los primates, la subclase que mayor porcentaje de monogamia presenta. Al menos eso es lo que sostiene otro estudio, esta vez publicado en PNAS, que llega a un conclusión radicalmente diferente sobre el origen evolutivo de la monogamia al menos entre los primates.  Aunque pudo producirse una coevolución de la monogamia con el cuidado biparental o la necesidad de asegurarse una hembra, los autores de este último trabajo sostienen que sólo el infanticidio precedió a la monogamia.

Los suricatas se encuentran entre los mamíferos más monógamos, junto varios primates, carnívoros como el lobo o diversos roedores. / Dieter Lukas

Para llegar a esta conclusión, científicos de varias universidades británicas y australianas analizaron datos genéticos y de conducta de 230 especies de primates. Han comprobado que casi un tercio de las especies de primates son monógamas y es en éstas donde el infanticidio es menor. Siendo las crías de primate una de las más vulnerables de todo el reino animal, mantener al macho al lado es la mejor defensa. Además, el consecuente cuidado parental permite acortar la lactancia y la entrada en celo de la hembra antes, dando así una ventaja extra al macho que es su compañero.

Para completar su argumentación, los científicos recuerdan que las complejas relaciones sociales de los primates son sólo posibles gracias a la avanzada encefalización de estas especies. Con los cerebros en relación a su cuerpo más grandes del reino animal, los primates necesitan de largos años para alcanzar su pleno desarrollo, lo que expone a las crías a un largo periodo de riesgo de infanticidio. La monogamia sería un mecanismo eficaz para minimizarlo.

Sin embargo, en el resto de los primates, y en especial entre los grandes simios, los niveles de infanticidio son muy elevados. Entre los gorilas, por ejemplo, el 34% de las crías muere a manos de un macho rival del padre. La cifra sube hasta el 64% entre los langures del subcontinente indio. Ambos animales viven en grupos dirigidos por un macho alfa.

Aunque el peso de la adaptación cultural impide hacer un serio paralelismo, la última argumentación tampoco encajaría en el caso de los humanos. Los registros fósiles muestran su carácter grupal y, sin embargo, pocas evidencias de que el infanticidio fuera elevado. Además, como recuerda la psicóloga de la universidad británica de Stirling, Phyllis Lee, en el 60% de las sociedades humanas tradicionales se permite que un hombre tenga más de una esposa.