MIGUEL ÁNGEL CRIADO | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 15:58

Ilustración inglesa de los años 20 de Caperucita Roja. / Wikipedia
Ilustración inglesa de los años 20 de Caperucita Roja. / Wikipedia

Los cuentos evolucionan y se adaptan al entorno como si fueran seres vivos. De Caperucita Roja, uno de los más universales, hay decenas de versiones en África, Asia, Europa y hasta América que, como las especies, comparten un ancestro común. Un estudio ha recurrido a las técnicas de la biología evolutiva para rastrear su pasado. La historia, de origen europeo, se extendió y pervivió porque toca aspectos básicos de la condición humana.

Con los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm, que llevaron al papel hace ahora 200 años la mayoría de los cuentos populares que ellos creían de tradición germánica, se inició en toda Europa la investigación de las tradiciones narrativas orales. Los investigadores se dieron cuenta de que muchas de aquellas historias compartían trama y personajes aunque pertenecieran a culturas diferentes y muy lejanas entre sí. Eso llevó, ya en el siglo XX, a la creación del índice ATU, siglas con los nombres de sus tres creadores, una taxonomía de 2.000 historias internacionales que, aún siendo de 300 culturas diferentes, compartían demasiado para ser una coincidencia.

Caperucita es el ATU 333. Con variaciones que hacen referencia a si la caperuza de Caperucita es roja y si es que la lleva, sobre si el animal que hace de villano es un lobo, un tigre o un hombre lobo o bien, si la niña y la abuela acaban devoradas o consiguen escapar, la historia de Caperucita es casi universal. Se encuentran versiones muy similares de la trama desde España hasta Japón y desde la India hasta Antigua, en el Caribe. En muchas de ellas, comparte detalles de otro cuento popular, el de El Lobo y los (siete) Cabritillos o ATU 123.

El antropólogo de la Universidad de Durham (Reino Unido),  Jamie Tehrani, ha reunido hasta 58 variantes de ambos cuentos para determinar su origen. Y lo ha hecho con un enfoque tomado prestado de los estudios de biología evolutiva. En vez de los estudios culturales comparativos, este experto en evolución cultural ha echado mano de la filogenética, que analiza genes de poblaciones para construir el árbol evolutivo de varias especies similares y, desde la ramas, llegar a la raíz.

“Es como cuando un biólogo muestra que los humanos y otros simios comparten un ancestro común pero han evolucionado hasta ser especies distintas”, dice Tehrani. Según su árbol genealógico, publicado en la revista científica PloS ONE, mientras El Lobo y los Cabritillos probablemente surgió en el siglo I, la rama de Caperucita Roja brotó en el siglo XI. Las dos procederían de un arquetipo aún más antiguo. En particular la primera tiene semejanzas con al menos dos de las fábulas esópicas, atribuidas a Esopo, que vivió en la Grecia del 600 antes de la era actual.

Distribución geográfica de tres cuentos: En rojo, el de Caperucita. En verde el de El Lobo y los cabritillos. En azul y morado híbridos africanos y asiáticos de ambos. Jamshid J. Tehrani
Distribución geográfica de tres cuentos: en rojo, el de Caperucita; en verde el de El Lobo y los cabritillos, y en azul y morado híbridos africanos y asiáticos de ambos. / J. J. Tehrani

En cuanto a su ubicación geográfica, “no hay una localización precisa, pero, al menos Caperucita Roja, nació en algún lugar de la Europa Occidental y no en China, como anteriores investigadores han asegurado”, añade el antropólogo británico. Sus estudios filogenéticos muestran que, aún siendo más reciente, Caperucita no procede de El Lobo y los Cabritillos. También apuntan a que ambos viajaron al este de Asia en la Edad Media, quizá por la ruta de la seda, hasta convertirse en la versión local conocida como La Abuela Tigre, donde el lobo muta en felino. Hasta ahora, la opinión más extendida es que Caperucita había venido del Lejano Oriente hasta caer en manos del francés Charles Perrault que, un siglo antes que los hermanos Grimm, la puso en papel.

Para llegar a estas conclusiones, Tehrani aplicó tres técnicas distintas de la filogenética a 72 variables diferentes de la trama. Entre ellas están los distintos tipos de víctima (animal/humano), de villano (desde lobo hasta tigre, pasando por ogro y otras criaturas fantásticas), las distintas tretas usadas por ambos personajes y el final del cuento (la víctima acaba devorada, escapa o es salvada por un leñador como en la versión de los Grimm). Con todas pudo recrear el viaje evolutivo de Caperucita.

“Contrariamente a la afirmación de que los vaivenes de la transmisión oral provocan irremisiblemente la eliminación de todo rastro de ascendencia en los cuentos populares, es posible establecer tradiciones narrativas coherentes a grandes distancias geográficas y períodos históricos”, sostiene el estudioso británico.

Además, al usar la filogenética y casi sin proponérselo, este investigador ha comprobado que los cuentos pueden ser fantasías, peros son fantásticos para indagar en la historia humana. En el árbol de Caperucita Roja se pueden rastrear desde las raíces griegas de la historia hasta su contagio a Asia en la Edad Media, paralelamente al comercio entre ambos confines. A África, la versión que debió llegar  es la del cuento del lobo y los cabritos. Aunque allí el lobo dejó paso a criaturas fantásticas y los cabritos, en muchas historias, a niños. Muy probablemente serían los árabes los que llevaran la historia hasta allá. El caso especial de Antigua se explica por el tráfico de esclavos africanos a las Antillas.

De hecho, Tehrani  pretende aplicar su modelo a otros cuentos populares con el objetivo de rastrear las migraciones humanas del pasado. Determinando los orígenes y la evolución de estas historias contadas en diferentes épocas y lugares.

A pesar de tanta evolución, Caperucita ha sobrevivido en sus elementos más profundos. Como otros muchos cuentos, su moraleja más explícita y sus mensajes más sutiles se han mantenido. Los motivos están en la función social que cumplen. Tanto Caperucita Roja como El Lobo y los Cabritillos o La Abuela Tigre contienen características identificadas en varios estudios experimentales como relevantes desde un punto de vista socio-cognitivo. Uno es el mensaje de supervivencia, es decir, el peligro de los depredadores, ya sean humanos o animales. Otro, la importancia de cumplir las instrucciones de los mayores. Informan además de la confianza, las relaciones de parentesco o la mentira.

Como dice  Tehrani: “Más que cualquier otro tipo de historias, los cuentos populares recogen nuestras experiencias compartidas, nuestras fantasías y nuestros miedos. Entender su permanencia y cambio a lo largo del tiempo y el espacio puede arrojar importantes visiones dentro de los universales y diferentes aspectos de la condición humana”.

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