El ratopín, animal del año para la ciencia

Este roedor subterráneo que vive en zonas del cuerno de África es muy longevo e inmune al cáncer. Universidad de Rochester
Imagen del roedor subterráneo que vive en zonas del cuerno de África. / Universidad de Rochester

A ojos de un humano, el ratopín rasurado o rata topo desnuda (Heterocephalus glaber) es uno de los más feos y hasta desagradables del reino animal. Sin embargo este roedor es una de las maravillas de la naturaleza. A medida que se le ha ido conociendo mejor ha fascinado a investigadores de distintas ramas de la ciencia, desde zoólogos hasta oncólogos, pasando por genetistas, taxónomos y hasta los laboratorios de estética. La revista Science lo ha elegido como vertebrado del año y méritos no le faltan. Quizá algún día, nos revele los secretos que lo hacen inmune al cáncer y vivir 10 veces más que sus parientes.

El ratopín rasurado ya es intrigante para los zoólogos. Junto a su prima la rata topo damarensis, es el único mamífero eusocial que se conoce. Es decir, como las hormigas o las abejas, vive en en grupos organizados por castas donde sólo una hembra puede procrear apareándose con un reducido número de machos. El resto de roedores se reparte las tareas de cuidado de la reina y sus crías, conseguir el alimento para el grupo o defenderlo de amenazas exteriores con su vida si hiciera falta. En estado salvaje, la rata topo desnuda vive en madrigueras subterráneas de Kenia, Somalia y Etiopía.

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Pero en cautividad se encuentran en algunos de los laboratorios más avanzados del mundo. Y lo está porque es un animal increíble. Casi ciego, vive en una oscuridad casi absoluta y en entornos muy pobres en oxígeno y con altas concentraciones de CO2. Sin embargo se ha adaptado muy bien a ese entorno tan extremo desarrollando dos características que aún intrigan a la ciencia. Por un lado es uno de los poco mamíferos poiquilotermos, por lo que su temperatura corporal no es constante sino que varía adaptándose a la del medio. Además, ha desarrollado una analgesia natural, siendo incapaz de sentir determinados dolores como los provocados por la abrasión o los ácidos.

Sin embargo, lo que más fascina a los científicos del H. glaber es su longevidad y su inmunidad al cáncer. En la mayoría de los organismos vivos, en particular los mamíferos existe una relación directa entre envejecimiento y muerte. La tasa de mortalidad aumenta a medida que el organismo envejece. Pero el ratopín se sale de la norma. No se trata sólo de que viva hasta los 30 años cuando ratas y ratones no pasan de los tres o cuatro sino que su probabilidad de morir no sube con la edad. Salvo por el ataque de otro animal, casi siempre mueren de viejos, como si fueran elfos poco agraciados.

Más fascinante aún si cabe fue el descubrimiento de que no sufre cáncer. En esto es el único animal que, por razones genéticas, ambientales o una mezcla de ambas, sus células nunca se desmadran en su desarrollo y proliferación. Incluso se ha mostrado muy resistente a la tumorigénesis. La mayoría de los intentos de inducir la aparición de un cáncer en sus células de forma artificial realizados en laboratorios han fracasado.

Son tantas las maravillas y misterios que rodean al ratopín rasurado que ha sido uno de los primeros animales salvajes en ver secuenciado su genoma por completo. Su publicación tuvo lugar en 2011 y en la secuenciación participaron unos 50 investigadores de universidades de Asia, Estados Unidos y Europa. El 93% del genoma del animal muestra sintenia con el de otros roedores y los humanos. Es decir, presenta una conservación del orden génico y la orientación a lo largo del cromosoma muy similar. En general, un elevado grado de sintenia indica proximidad filogenética entre dos especies.

La secuenciación del genoma del ratopín, publicada en Nature, permitió a los científicos explicar al menos en parte la base genética de algunas de las características de este roedor, como su analgesia, su poiquilotermia, su particular ritmo circadiano o su tolerancia a la hipoxia. Más importante aún, aquél trabajo puso las bases para entender su longevidad y su inmunidad tumoral.

En su resumen anual, la revista Science lo ha nombrado vertebrado del año porque este verano se conocieron dos investigaciones que, apoyadas en el análisis del genoma del ratopín, arrojan luz sobre la poderosa resistencia de este pequeño animal. En junio, investigadores estadounidenses, chinos e israelíes liderados por la Universidad de Rochester publicaban en Nature un estudio en el que mostraban como los tejidos del ratopín son muy ricos en una sustancia, el ácido hialurónico. A algunos les resultará familiar. En efecto, es uno de los componentes de los tratamientos anti arrugas de la industria de cosméticos. También está siendo usado en terapias de regeneración muscular y huesos.

Lo que comprobaron estos investigadores es que cuando le quitaban el ácido hialurónico a las células del roedor, éstas pasaban a ser susceptibles al desarrollo de tumores. Los científicos también identificaron el gen responsable de crear ese ácido. Además, comprobaron que el ritmo de renovación de esta sustancia era muy lento, lo que llevaba a su acumulación en los tejidos. Por desgracia, tanto el gen como el ácido presentan serias diferencias con sus homólogos humanos. Por eso, los autores del trabajo pretenden ahora criar ratones transgénicos con el gen del ratopín para estudiar su producción de ácido hialurónico y su posible aplicación en humanos en un futuro.

Dos meses más tarde, parte de ese mismo equipo de investigadores daba algunas pistas sobre la longevidad del ratopín. Tal como publicaban en PNAS, el ácido ribonucleico ribosómico, encargado del proceso vital de la síntesis de las proteínas en las células, es muy diferente al de otros roedores. Más que diferente, el proceso de creación de proteínas es casi perfecto y libre de errores. Aunque aún queda mucho por averiguar, el ratopín tiene bien ganado el galardón y, a poco que cumpla con las expectativas que ha levantado entre los científicos, seguro que se lo lleva algún año más.