China abusa de su monopolio sobre las tierras raras

Las tierras raras son metales con usos muy específicos en varias tecnologías. En la imagen y en circular, óxidos de praseodimio (color negro), cerio, lantano, neodimio, samario, y gadolinio. Peggy Greb/USDA.gov
Las tierras raras son metales con usos muy específicos en varias tecnologías. En la imagen y en sentido circular, óxidos de praseodimio (color negro), cerio, lantano, neodimio, samario, y gadolinio. / Peggy Greb (USDA.gov)

Buena parte del futuro de las sociedades modernas depende de las tierras raras, unos elementos químicos de los que pocos habrán oído hablar. Itrio, disprosio, lantano, cerio, praseodimio, neodimio, promecio... y una decena más de minerales que son fundamentales en muchas de las tecnologías actuales, desde móviles hasta coches eléctricos. Europa y en menor medida Estados Unidos los necesitan en su objetivo de crear un nuevo modelo económico y energético basado en energías y tecnologías bajas en emisiones. El problema es que China tiene el monopolio y también tiene sus propios planes.

En realidad, las tierras raras no son tierras sino metales, la mayoría del grupo de los lantánidos. Tampoco son tan raras. Están bien repartidas por la corteza terrestre pero se presentan en muy baja concentración mezcladas generalmente con otros metales. Por diferentes motivos, entre los que están la necesidad de un uso intensivo de mano de obra barata y el elevado impacto ambiental, en los últimos 20 años, China se ha convertido en el principal productor mundial de estos elementos, con el 97% de la producción, desplazando a los Estados Unidos. Según un estudio del Centro de Investigación Conjunta (JRC) de la UE, en Europa no hay minas de tierras raras. Y España es 100% dependiente.

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Esta dependencia es crítica en algunos de los sectores más avanzados. Electrónica (desde móviles a televisores), energías renovables (en especial algunas tecnologías para la eólica), vehículos eléctricos o híbridos, iluminación de bajo consumo... necesitan de alguno de estos elementos para su funcionamiento. Incluso, como alertaba recientemente un informe (PDF) al Congreso de Estados Unidos, las más modernas armas de ese país también usan las tierras raras que China controla.

Desde 2006, el Gobierno chino empezó a limitar las exportaciones, llegando la reducción al 40% de las toneladas del año anterior en 2010. Los precios se dispararon y el nerviosismo cundió entre los países occidentales que, en 2012, acudieron a la OMC. Esta organización acaba de emitir su veredicto.

Estados Unidos, secundado por la Unión Europea y Japón, acusaban a China de reducir las exportaciones de tierras raras y de aplicarles aranceles injustificados. Desde Occidente señalaban que así las autoridades chinas elevaban los precios de estos elementos en el exterior mientras los reducía en su mercado interior. De esta manera, los productos chinos que contienen cerio, samario, europio, o cualquiera de los otros 17 elementos son más baratos que los de la competencia.

La OMC acaba de emitir un triple informe en el que concluye que China no está cumpliendo las condiciones de su adhesión a esta organización que vela por el comercio mundial. Para la OMC, China impone tres tipos diferentes de restricciones sobre la exportación de tierras raras y otros materiales sujetos a disputa como el volframio o el molibdeno. En primer lugar, impone tasas a la exportación. También aplica cuotas máximas de exportación. Y, por último, somete a las empresas exportadoras autorizadas a serias limitaciones.

"La decisión de China de promover su propia industria y discriminar a las compañías estadounidenses ha provocado que los fabricantes de Estados Unidos paguen hasta tres veces más que sus competidores chinos por las mismas tierras raras", declaraba el Representante Comercial de Estados Unidos, Michael Froman, al conocer el dictamen de la OMC. Un comunicado de la Comisión Europea también va en la misma línea.

En su defensa, las autoridades chinas aseguran haber limitado la exportación de tierras raras para, por un lado, proteger sus recursos naturales y, por el otro, reducir el impacto sobre el medio ambiente que tiene la extracción y tratamiento de estos materiales, un proceso altamente contaminante. "Lo que China está haciendo es proteger el medio ambiente para conseguir un desarrollo armonioso entre los seres humanos y los recursos y el medio", decía a la agencia estatal de noticias Xinhua el secretario general de la Sociedad China para las Tierras Raras, Zhang Anwen.

Lo que no decía Anwen es que las limitaciones no afectan a la industria china. Como recuerda el comunicado de la Comisión Europea, "no pueden imponerse restricciones a la exportación supuestamente para conservar recursos naturales no renovables si el uso local de esos mismos recursos no está limitado con el mismo fin".

En el fondo de esta guerra está el uso que China está haciendo de su monopolio sobre estos raros elementos. Con su política restrictiva, que hizo que los precios de algunos materiales como el disprosio y el neodimio se multiplicaran hasta en un 600%, la administración china ha conseguido que las grandes compañías instalen sus plantas de tratamiento en su territorio, aportando una compleja tecnología con la que antes no contaban. También han logrado así surtir a su pujante industria electrónica de materiales esenciales. Dos aspectos que no son necesariamente negativos para el consumidor sea chino o europeo.

Pero el reverso de esta dependencia lo recuerda el informe del JRC. Si la Unión Europea quiere cumplir su sueño de pasar de una sociedad y economías basadas en el carbono, dependientes energéticamente y causantes del cambio climático, a un modelo sostenible apoyado en energías renovables, consumo sostenible o transporte bajo en emisiones, tendrá que hasta quintuplicar su demanda de algunas tierras raras de las que no dispone.