INCENDIO DE LA TORRE GRENFELL / Más de 100 personas pueden haber muerto en el interior del edificio, según el diario The Sun

Un invento que nadie quiso podría haber evitado la catástrofe de Londres

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El Eagle de David Metreveli
David Metreveli posando con la maqueta del Eagle, en una imagen de principios de milenio, si usted lo permite. Pese a lo prometedor de la idea, nadie parece haberse interesado seriamente por el invento, / David Metreveli

Conocido por su nombre comercial de Eagle o por el de su patente, la 9.290.267 de 22 de marzo de 2016, este invento podría haber rescatado sanas y salvas a la práctica totalidad de las personas atrapadas en la torre Grenfell de Londres, en la que según el periódico londinense The Sun podría haber más de 100 víctimas mortales.

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Eagle
Gráfico mostrando la capacidad de los sistemas de rescate: En COLOR AMARILLO, la parte del edificio dentro del alcance de las escaleras estándar de los bomberos (30 metros, algunas alcanzan los 50). En COLOR VERDE, la zona en la que pueden operar los helicópteros, provistos de dispositivos especiales. En COLOR ROJO, partes del rascacielos dentro del alcance del Eagle.

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Sin embargo, no fue posible acceder a las viviendas desde cuyas ventanas las personas atrapadas en sus domicilios pedían auxilio a los viandantes, que sólo podían asistir impotentes a aquella hecatombe o tratar de atrapar al vuelo a los niños que sus padres lanzaban al vacío para evitarles el horror de una muerte entre llamas. Las escaleras de los bomberos no van más allá de los 50 metros, un duodécimo piso, y la Torre Grenfell tenía 24. La mitad de los atrapados estaban condenados.

Los helicópteros tampoco podían operar, ya que las corrientes térmicas provocadas por las llamas convierten el sobrevuelo del edificio en una ruleta rusa, con la posibilidad más que hipotética, de que la aeronave acabe estrellándose contra el rascacielos, avivando aún más el fuego con su combustible. Además, la masa de aire desplazada por las aspas del rotor sólo contribuiría a alimentar el incendio.

Está claro que hace falta otro medio de rescate. El problema es que no existe. O mejor dicho, existe desde 2001, cuando el ingeniero aeronáutico David Metreveli presentó el Eagle, un dron de 12 metros de lado, casi cinco de alto y algo más de 2.250 kilos de peso. Esta plataforma de despegue y aterrizaje vertical dispone de cuatro motores que generan 1.000 caballos de potencia. La aeronave está autoestabilizada y ofrece espacio para 12 personas alojadas en unas jaulas de kevlar, que las protejen de los objetos que puedan caer del edificio. Los asientos de la zona de pasaje pueden ser desmontados y reemplazados con camillas.

El piloto se sitúa en una cabina con mandos tipo helicóptero, por encima de la zona de pasaje, para tener una visión despejada y clara de su entorno. El Eagle dispone además de faros orientables, un cabrestante y, sobre todo, una escalera y una rampa retráctiles, para que las personas socorridas puedan acceder a la plataforma. El vehículo es capaz de transportar 900 kilos de carga a 75 kilómetros por hora y tiene una autonomía de cinco horas.

En caso de incendio, el aparato puede acercarse hasta apoyarse en la propia fachada del edificio y desplegar la rampa y la escalera para que las personas en peligro suban a bordo. Además, al estar las hélices entubadas, no soplan sobre las llamas, con lo cual no se aviva el incendio. Los rotores están recubiertos con una rejilla para que ni objetos ni personas puedan caer sobre las aspas.

A pesar de lo prometedor que parece el invento de Metreveli, nadie se interesó seriamente por él. Pocos meses después de su presentación, el 11 de septiembre de 2001, 19 árabes encabezados por Mohamed Atta estrellaron sus aviones contra las Torres Gemelas y el Pentágono, mientras que un cuarto cayó en un prado en Shanksville, Pensilvania. Un total de 2.992 personas fallecieron, casi 2.600 de ellas en las Torres Gemelas, tras no haber podido ser evacuadas o cuando saltaron al vacío para escapar a las llamas.

De nuevo quedó demostrado que hacía falta una plataforma como el Eagle para rescatar a las personas atrapadas, pero nadie se interesó por el invento del ingeniero de origen georgiano, hoy diseñador para Boeing. Para el vicepresidente Dick Cheney era más interesante invadir Afganistán e Irak, para controlar sus reservas de petróleo y de gas, y saquear las arcas públicas norteamericanas con los contratos leoninos firmados por Halliburton con las Fuerzas Armadas estadounidenses.

La catástrofe de la torre Grenfell ha vuelto a demostrar que no siempre existen medios para evacuar a las personas atrapadas en un rascacielos y que un vehículo como el Eagle sigue siendo altamente recomendable. ¿Hará falta una nueva catástrofe para que las autoridades doten a los bomberos con dispositivos de este tipo? Esperemos que no.

2 Comments
  1. ana nimo says

    ¿no puede funcionar un helicóptero y si un dron? ¿en que pelicula dicen que paso?

    1. Cuartopoder says

      Debería usted hablar con los fabricantes de helicópteros. Ellos llevan desde 1942 buscando la forma de que un helicóptero pueda acercarse a un edificio sin que las aspas choquen contra la fachada y, por lo visto, usted tiene la solución. ¡Enhorabuena, se va a hacer usted rico!

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