¿Privacidad? No, gracias

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Un momento de la presentación del estudio en la librería madrileña de Tipos Infames. / ucjc.edu

A los adolescentes españoles no les preocupa la privacidad. Vamos que aquel polémico argumento pronunciado en su día por Mark Zuckerberg, creador de Facebook, en el que daba por muerto la esfera privada del individuo en la era digital la llevan grabada en el disco duro y no precisamente de su ordenador.

Esta es una de las principales conclusiones que se recogen en la tercera edición del estudio “Generación 2.0 2011. Hábitos de usos de las redes sociales en los adolescentes de España y América Latina” que ha presentado la Universidad Camilo José Cela. Un informe que este año tiene como principal novedad la incorporación a la muestra de varios países de Latinoamérica, un mercado que viene pegando muy en internet y en las redes sociales.

La escasa preocupación por la privacidad de los jóvenes en España les lleva, como es lógico, a ser quienes menos filtros o medidas de protección adoptan en su presencia diaria por estos espacios interactivos donde se sienten como pez en el agua y donde más allá de intercambiar contenido, que también, buscan relacionarse con amigos y compañeros de clase. Los resultados del informe confirman la transparencia y confianza con la que se muestran los adolescentes españoles en las redes sociales, comportamiento que no comparten con los de otros países, donde existe una elevada percepción de peligrosidad hacia estas plataformas. Es probable que esa sensación de seguridad tampoco la compartan con sus padres, quienes en general proceden de una generación diferente y de un mundo en el que la exposición de la vida privada no se veía con buenos ojos. Sí es destacable que, pese a que no establecen barreras de privacidad, es muy bajo el porcentaje de adolescentes que admite haber tenido una cita con algún desconocido a través de internet, en concreto, el 7%, cuando en el resto de países es bastante mayor.

Hay otro elemento interesante en este estudio. Y es el hecho de que, lejos de aislarse de la vida real, la actividad que desarrollan los jóvenes en estos canales está enfocada a reforzar las relaciones de amistad o afecto que mantienen en su vida diaria. Esto desmonta el mito tan instalado en la sociedad de que los adolescentes emplean las redes sociales como un refugio en busca de una “soledad virtual”. Falso. Más al contrario lo que tratan es de prolongar o trasladar sus conexiones físicas al escenario de la Red.

Un dato paradójico que se refleja en el estudio es que los adolescentes de España, pese a ser el país más avanzado tecnológicamente, son los que menos utilizan las redes sociales, en concreto un 79,4%%. En el lado opuesto se sitúa Ecuador, con un 94,3%. En cuanto a los usos que dan a estos espacios, el principal es mantener el contacto con los amigos o retomar la amistad con alguien del pasado, lo que pone de relieve una vez más que los jóvenes ven estas plataformas como prolongación de su vida real, donde continúan las relaciones sociales que tienen en el mundo físico. Y no al revés como, insisto, se trata de defender desde muchos sectores.

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