Irak busca el retorno a la normalidad

Todavía a muchos les cuesta creer que en Irak hay un lento pero progresivo retorno a la normalidad, pero eso es lo que está ocurriendo desde que en 2005 se celebraran las últimas elecciones a un Parlamento iraquí que ahora toca renovar.  El hecho de que ya se ha alcanzado la producción de crudo anterior a la Guerra del Golfo de 1991 es un claro indicativo de ello.

Irak ha estado realmente al borde del precipicio, pero siempre ha habido fuerzas internas que, en vez de empujarlo al vacío, se han esforzado por alejarlo del peligro. Se podrían citar varios ejemplos, aunque el más destacado sea el de Alí Sistani, el “Papa” de los chiíes, líder espiritual indiscutible de la comunidad mayoritaria de Irak. Otra muestra clara de esta actitud anti-catastrofista es Al Dawa al Islamiya (la Llamada del Islam), el partido de Nuri al Maliki,  actual primer ministro.

Al Dawa, resonancia árabe que dio lugar a nuestra aldaba castellana, es el movimiento chií más antiguo de Irak. Nació en los años 50 como una organización integrista, se enfrentó a Sadam Husein y se opuso a la invasión norteamericana. Sin embargo, después, combatió a la insurgencia, porque consideraba que una nueva guerra terminaría destruyendo definitivamente el país.

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En las elecciones de 2005, se integró en el bloque chií, claramente islamista y muy cercano a  Irán, que ganó aquellos comicios, abriéndole las puertas de Bagdad. Sin embargo, debido a los graves acontecimientos ocurridos y a una reflexión interna, Al Maliki y el conjunto de Al Dawa abandonaron hace tres años la coalición chií propugnando una política más nacionalista, dispuesta a imponer la ley, menos dependiente de Irán e más integradora de las diferentes comunidades.

Era una apuesta muy atrevida; un verdadero órdago político de resultado incierto. La hora de la verdad llegó en las elecciones provinciales de 2009, cuando tuvo que enfrentarse a sus antiguos aliados del Consejo Supremo, al partido Fadhila y al grupo radical de Muqtada al Sader, que eran más fuertes que Al Dawa en las ciudades santas (Nayaf y Kerbala), Basora (segunda metrópoli de Irak) y en los distritos chiíes de la capital.

Por eso sorprendió la victoria de la nueva firma electoral, que, bajo el significativo nombre de Estado de Derecho, arrebató los feudos a su ex – compañeros de alianza. Aun fue más revelador que Al Dawa desplazara en muchas zonas a los otros partidos chiíes sin que, por ello, volvieran los enfrentamientos a las calles.

Ahora, en estas elecciones parlamentarias, Al Dawa intenta revalidar aquella victoria para intensificar el proceso de pacificación con un discurso más integrador que integrista. Su apuesta es, si cabe, más fuerte. Al Maliki ha anunciado que, si vuelve a triunfar, está dispuesto a pactar con otras formaciones políticas para acelerar la normalización del país..

Este esfuerzo de cohesión, sin embargo, no es el único indicio de que, con estas elecciones, los iraquíes quieren dar un definitivo hacia la normalidad. Contra lo ocurrido en 2005, cuando boicotearon los comicios generales, ahora los suníes se presentan agrupados no en una sino en tres candidaturas: Unidad Iraquí, Iraqiya y Alianza Iraquí. Sobre todo en las dos primeras listas, figuran muchos de los que se alzaron en armas contra la ocupación, lo cual representa otro cambio cualitativo respecto a la situación de hace cuatro años.

Solamente  han quedado al margen los grupos que siguen practicando un terrorismo indiscriminado, cada vez más residual, y algunos miembros del Baath, de su Ejército o de los Fedayines Sadam. Pero, incluso entre estos últimos, como ocurre con el caso de  Saleh al Mutlak, pese a haber quedado excluido de las listas, ha continuado haciendo campaña a favor de otros correligionarios que no han sido depurados del proceso electoral.

Si tenemos en cuenta que a la Alianza Kurda del PDK y la UPK, que monopolizan el poder en su región autónoma, le ha salido su propio “Pepito Grillo” con el nuevo partido Gorán (Cambio), nos encontramos que, en las tres comunidades de Irak –chiíes, suníes y kurdos-, los 19 millones de electores pueden elegir opciones distintas con programas diferenciados, un hecho prácticamente desconocido en un país sin tradición democrática.

Por ello, los resultados son una verdadera incógnita y todo indica que, aunque Al Maliki repita el triunfo del pasado año, serán necesarios acuerdos post-electorales para formar el nuevo gobierno. Teóricamente, existe la posibilidad que los antiguos aliados de Al Dawa, que se presentan bajo el nombre de Alianza Nacional Iraquí, tiendan la mano al bloque Iraqiya y a la Alianza Kurda, con el objetivo de desplazar a Maliki y de reconducir el país por un sistema menos centralista que el que propugna el actual mandatario. Pero la aprueba más clara de que Irak puede retornar a la normalidad consistirá en que se pueda practicar ese juego de alianzas sin que se abra de nuevo la caja de los truenos.