Recordando el primer genocidio moderno

'Yeghernika', de Missak Terzian, una de las obras expuestas en la Galería Hamazkayin de Beirut. / REPORTAJE GRÁFICO: MÓNICA G. PRIETO

La pequeña escultura, elaborada en tonos ocre, custodia la entrada de la galería de arte Hamazkayin de Beirut como un monumento al horror. Decenas y decenas de cabezas cortadas se apilan en una siniestra torre. Algunas tienen los ojos abiertos, otras lucen pobladas barbas, y sobre unas y otras aún gotea la sangre fresca. “Es una imagen real”, interrumpe Hagop Havatian, director de la galería y responsable de la Sociedad Cultural y Educativa Armenia Hamazkayin en el Líbano. “Eso fue lo que hicieron los turcos con 300 intelectuales armenios el 24 de abril de 1915. Fueron rodeados, asesinados y decapitados, sus cabezas apiladas como advertencia para el resto. El objetivo era eliminar la identidad del pueblo armenio”.

No sólo no lo consiguieron. El genocidio armenio, tan desconocido por el gran público pese a haber sido el primer Holocausto del siglo XX, acabó con un millón y medio de personas pero fijó en el corazón de los supervivientes y de las nuevas generaciones la misma identidad que el Gobierno de los Jóvenes Turcos trató de eliminar por las armas entre los años 1915 y 1923. Hoy en día, los cuatro millones que residen en Armenia y los 3,5 millones en la diáspora -45.000 viven en España- recuerdan cada día el genocidio de su comunidad y reivindican su cultura manteniendo viva su lengua y sus tradiciones.

Cada 24 de abril, en recuerdo a la matanza de intelectuales –un espantoso episodio más del intento de exterminio, considerado su inicio-, las comunidades armenias del mundo conmemoran un genocidio negado por sus perpetradores y no reconocido por decenas de países del mundo, entre ellos de EEUU o España.

Jacqueline Ohanian, ante su obra.

La razón, aducen los armenios, son los intereses políticos. “Nadie quiere ofender a Turquía, porque es el aliado tradicional de Occidente en la zona. Estados Unidos tiene bases militares instaladas en su territorio”, se lamenta la artista armenia libanesa Jacqueline Ohanian. “Cada nuevo presidente de EEUU promete reconocer el genocidio armenio. A la hora de la verdad, ocurre como con Obama: sólo lamenta los ‘asesinatos masivos’”, deplora Havatian.

Su institución, Hamazkayin –la más importante asociación cultural armenia del mundo, que publica y exporta libros a 70 países del mundo- inauguró hace seis meses la galería de Bourj Hammud, el principal barrio de refugiados armenio de Beirut. El Líbano, generoso y contradictorio, fue uno de los principales países del mundo que aceptó la presencia masiva de refugiados armenios tras las oleadas de deportaciones del genocidio, en 1915 y 1923.

Hoy, su comunidad asciende a 170.000 personas en un país con un total de 3.5 millones de habitantes. Los armenios tienen sus propias escuelas -30 en todo el país-, sus partidos –muy influyentes en la vida política libanesa-, sus medios de comunicación, su música y su cine. Al mismo tiempo, comparten con el resto de compatriotas –porque también se sienten libaneses- la cultura árabe, pero eso no impide que en Anjar y Bourj Hammud, principales focos armenios del Líbano, cada día sea una conmemoración del genocidio.

'Genocidio', de Ashod Tazian.

En la galería Hamazkayin, 29 obras recrean los pasajes más atroces de aquellos años de la Historia que nadie recuerda en Occidente. En abril de 1915, decenas de miles de armenios fueron rodeados por las fuerzas turcas y asesinados en Armenia y en todo el Imperio Otomano. Fueron sujetos a deportaciones, expropiaciones, secuestros y torturas. En menos de dos semanas, 50.000 armenios fueron asesinados sólo en la provincia de Van. Se estima que en nueve meses, más de 600.000 armenios habían perecido a manos del Ejército turco. En el mismo periodo, unos 400.000 de los deportados hacia el desierto sirio murieron por sed e inanición. En septiembre de aquel año, un millón de armenios había sido víctima del genocidio. La cifra aumentaría en medio millón en los años posteriores.

Demasiado material para los artistas convocados por la Galería Hamazkayin con motivo del 95 aniversario del genocidio, una fecha que el pasado día 24 justificó una masiva manifestación en las calles de Beirut que, según los organizadores, convocó a 60.000 personas. Cada rincón del centro acoge una obra más sobrecogedora que la anterior. En un lateral de la entrada, un enorme mural recrea fotos reales de las matanzas tomadas en la época en un inquietante puzle de niños famélicos muertos de inanición, personas crucificadas –uno de los motivos del genocidio fue la ‘islamización’ forzosa del Imperio-, armenios colgados de árboles, iglesias en llamas… Se trata de ‘Yeghernika’, una obra de Missak Terzian que juega con los términos Guernika y Yereván, capital armenia.

Dos cuadros de Gudver.

Más allá, decenas de hombres yacen colgados de la nada, una obra del artista armenio Gudver titulada ‘Genocidio’. La visión de Hassan Jouni lleva por título ‘Bus’ y refleja a decenas de refugiados tomando un autobús para huir. La de Krikor Norikian tiene forma de grito, la misma idea adoptada por la artista Greta Naufal.

“Intenté dar la imagen más explícita que pude de la atrocidad, el genocidio más sistemático del siglo XX, pero también reflejar la esperanza de los que sobrevivieron”, afirma Jacqueline señalando su cuadro, Los supervivientes, un óleo en tonos ocres. “Nuestros militares fueron cercados, desarmados y asesinados, la misma suerte que corrieron los intelectuales, los funcionarios, la gente educada… Hasta que fueron a por el resto. A muchos, los turcos prometían realojarles: fueron enviados al desierto y privados de comida y bebida, así que perecieron en la arena…”.

“Todas estas obras representan hechos reales, y todos los artistas se han documentado para ello”, explica el director de la galería. Para los 15 de origen armenio no hizo falta mucha documentación. “No son sólo nuestros recuerdos, se trata de nuestra vida. No es algo que recordemos en una fecha determinada: esta tragedia marca cada uno de nuestros días”, continúa Havatian. Para los 15 artistas libaneses que participan sí hizo falta más preparación, si bien todos tienen muy presente la tragedia de la comunidad armenia. “Nuestro objetivo en Hamazkiyan es extender la idea de que el genocidio no sólo se hizo contra la comunidad armenia, sino contra la Humanidad. Por eso invitamos a todos los no armenios a participar en nuestra causa”, insiste.

Para el artista libanés Raouf Rifai, la solidaridad con los armenios es algo innato entre los libaneses. “Nos quieren más de lo que nos queremos nosotros mismos, y nosotros les apreciamos porque jamás se pusieron de parte de ningún bando”, explica en referencia a la guerra civil y a los 100 años de convivencia entre ambas comunidades.

'El alma de los masacrados'.

Los historiadores lo consideran el primer genocidio sistemático de la era moderna. Pero Turquía sólo admite que se cometieron crímenes, e incluso castiga legalmente a todo aquel que hable de genocidio contra la comunidad armenia. Esa es la lucha que han heredado los supervivientes, mantener viva la memoria del Holocausto armenio hasta que se reconozca su existencia.

“Nuestro único objetivo es que confiesen sus crímenes, que digan la verdad. Hay documentos de embajadores de la época que dan testimonio de lo ocurrido”, continúa Ohanian. “¿Por qué no pedir disculpas por sus crímenes? Es lo que buscan todas las víctimas. Es lo que exigieron los judíos de los alemanes, lo que piden los palestinos de los israelíes…”, añade Rifai. “Esta exposición se celebrará cada año con motivo del aniversario, pero actividades similares se celebran durante todo el año mientras no se admita el genocidio”, interviene Hagop Havatian.

El cambio parece improbable. Pese a que 25 países han admitido el genocidio armenio –el último fue Suecia, el pasado marzo- varias potencias como Estados Unidos no admite lo ocurrido para no empañar sus relaciones diplomáticas con Turquía. España tampoco reconoce su existencia, y el Gobierno de Ankara prosigue con sus campañas de negación de lo ocurrido.

Jacqueline Ohanian parece esperanzada con el futuro. “Posiblemente las nuevas generaciones turcas serán más comprensivas y harán concesiones. Ya están empezando a aparecer académicos y escritores que condenan lo ocurrido. La población turca obligará al Gobierno a que se avergüence y le obligará a llegar a un compromiso”, confía Jacqueline. También Hagop Havatian se muestra optimista. “Algún día se hará Justicia, por el bien de la Humanidad. No se podrán evitar más genocidios si no se admite que éste ocurrió”.

No sólo no lo consiguieron. El genocidio armenio, tan desconocido por el gran público pese a haber sido el primer Holocausto del siglo XX, acabó con un millón y medio de personas pero fijó en el corazón de los supervivientes y de las nuevas generaciones la misma identidad que el Gobierno de los Jóvenes Turcos trató de eliminar por las armas entre los años 195 y 1923. Hoy en día, los cuatro millones que residen en Armenia y los 3,5 millones en la diáspora -45.000 viven en España-recuerdan cada día el genocidio de su comunidad y reivindican su cultura manteniendo viva su lengua y sus tradiciones.

Cada 24 de abril, en recuerdo a la matanza de intelectuales –un espantoso episodio más de aquella matanza, considerado el inicio del exterminio-, las comunidades armenias del mundo conmemoran un genocidio negado por sus perpetradores y no reconocido por decenas de países del mundo, entre ellos de EEUU o los miembros de la Unión Europea.

La razón son los intereses políticos. “Nadie quiere ofender a Turquía, porque es el aliado tradicional de Occidente en la zona. Estados Unidos tiene bases militares instaladas en su territorio”, se lamenta la artista armenia libanesa Jacqueline Ohanian. “Cada nuevo presidente de EEUU promete reconocer el genocidio armenio. A la hora de la verdad, ocurre como con Obama: sólo lamenta los ‘asesinatos masivos’”, lamenta Havatian.

Su institución, Hamazkayin –la más importante asociación cultural armenia del mundo, que publica y exporta libros a 70 países del mundo- inauguró hace seis meses la galería de Bourj Hammud, el principal barrio de refugiados armenio de Beirut. El Líbano, generoso y contradictorio, fue uno de los principales países del mundo que aceptó la presencia masiva de refugiados armenios tras las oleadas de deportaciones del genocidio, en 1915 y 1923.

Hoy, su comunidad asciende a 170.000 personas en un país con un total de 3.5 millones de habitantes. Los armenios tienen sus propias escuelas, sus partidos –muy influyentes en la vida política libanesa-, sus medios de comunicación, su música y su cine. Al mismo tiempo, comparten con el resto de compatriotas –porque también se sienten libaneses- la cultura árabe, pero eso no impide que en Anjar y Bourj Hammud, principales focos armenios del Líbano, cada día sea una conmemoración del genocidio.

En la galería Hamazkayin, 29 obras recuerdan los pasajes más atroces de aquellos años de la Historia que nadie recuerda en Occidente. En abril de 1915, decenas de miles de armenios fueron rodeados por las fuerzas turcas y asesinados en Armenia y en todo el Imperio Otomano. Fueron sujetos a deportaciones, expropiaciones, secuestros y torturas. En menos de dos semanas, 50.000 armenios fueron asesinados sólo en la provincia de Van. Se estima que en nueve meses, más de 600.000 armenios habían perecido a manos del Ejército turco. En el mismo periodo, unos 400.000 de los deportados hacia el desierto sirio murieron por sed e inanición. En septiembre de aquel año, un millón de armenios había sido víctima del genocidio. La cifra aumentaría en medio millón en los años posteriores.

Demasiado material para los artistas convocados por la Galería Hamazkayin con motivo del 95 aniversario del genocidio, una fecha que el pasado día 24 justificó una masiva manifestación en las calles de Beirut que, según los organizadores, convocó a 60.000 personas. Cada rincón del centro acoge una obra más sobrecogedora que la anterior. En un lateral de la entrada, un enorme mural recrea fotos reales de las matanzas tomadas en la época en un inquietante puzle de niños famélicos muertos de inanición, personas crucificadas –uno de los motivos del genocidio fue la ‘islamización’ forzosa del Imperio-, armenios colgados de árboles, iglesias en llamas… Se trata de ‘Yeghernika’, una obra de Missak Terzian que juega con los términos Guernika y Yereván, capital armenia.

Más allá, decenas de hombres yacen colgados de la nada, una obra del artista armenio Gudver titulada ‘Genocidio’. La visión de Hassan Jouni lleva por título ‘Bus’ y refleja a decenas de refugiados tomando un autobús para huir. La de Krikor Norikian tiene forma de grito, la misma idea adoptada por la artista Greta Naufal.

“Intenté dar la imagen más explícita que pude de la atrocidad, el genocidio más sistemático del siglo XX, pero también reflejar la esperanza de los que sobrevivieron”, afirma Jacqueline señalando su cuadro, “Los supervivientes”, un oleo en tonos ocres. “Nuestros militares fueron cercados, desarmados y asesinados, la misma suerte que corrieron los intelectuales, los funcionarios, la gente educada… Hasta que fueron a por el resto. A muchos, los turcos prometían realojarles: fueron enviados al desierto y privados de comida y bebida, así que perecieron en la arena…”

“Todas estas obras representan hechos reales, y todos los artistas se han documentado para ello”, explica el director de la galería. Para los 15 de origen armenio no hizo falta mucha documentación. “No son sólo nuestros recuerdos, se trata de nuestra vida. No es algo que recordemos en una fecha determinada: esta tragedia marca cada uno de nuestros días”, continúa Havatian. Para los 15 artistas libaneses que participan sí hizo falta más preparación, si bien todos tienen muy presente la tragedia de la comunidad armenia. “Nuestro objetivo en Hamazkiyan es extender la idea de que el genocidio no sólo se hizo contra la comunidad armenia, sino contra la Humanidad. Por eso invitamos a todos los no armenios a participar en nuestra causa”, insiste.

Para el artista libanés Raouf Rifai, la solidaridad con los armenios es algo innato entre los libaneses. “Nos quieren más de lo que nos queremos nosotros mismos, y nosotros les apreciamos porque jamás se pusieron de parte de ningún bando”, explica en referencia a la guerra civil y a los 100 años de convivencia entre ambas comunidades.

Los historiadores lo consideran el primer genocidio sistemático de la era moderna. Pero Turquía sólo admite que se cometieron crímenes, e incluso castiga legalmente a todo aquel que hable de genocidio contra la comunidad armenia. Esa es la lucha que han heredado los supervivientes, mantener viva la memoria del Holocausto armenio hasta que se reconozca su existencia.

“Nuestro único objetivo es que confiesen sus crímenes, que digan la verdad. Hay documentos de embajadores de la época que dan testimonio de lo ocurrido”, continúa Ohanian. “¿Por qué no pedir disculpas por sus crímenes? Es lo que buscan todas las víctimas. Es lo que exigieron los judíos de los alemanes, lo que piden los palestinos de los israelíes…”, añade Rifai. “Esta exposición se celebrará cada año con motivo del aniversario, pero actividades similares se celebran durante todo el año mientras no se admita el genocidio”, interviene Hagop Havatian.

El cambio parece improbable. Pese a que 25 países han admitido el genocidio armenio –el último fue Suecia, el pasado marzo- varias potencias como Estados Unidos no admite lo ocurrido para no empañar sus relaciones diplomáticas con Turquía. España tampoco reconoce su existencia, y el Gobierno de Ankara prosigue con sus campañas de negación de lo ocurrido.

Jacqueline Ohanian parece esperanzada con el futuro. “Posiblemente las nuevas generaciones turcas serán más comprensivas y harán concesiones. Ya están empezando a aparecer académicos y escritores que condenan lo ocurrido. La población turca obligará al Gobierno a que se avergüence por lo ocurrido y le obligará a llegar a un compromiso”, confía Jacqueline. También lo parece Hagop Havatian. “Algún día se hará Justicia, por el bien de la Humanidad. No se podrán evitar más genocidios si no se admite que éste ocurrió”.