El parque temático de Hizbula

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Vista general de 'El Abismo', la explanada del Museo de Hizbulá. (Reportaje gráfico: Mónica G. Prieto)

MLITA (SUR DEL LIBANO).- Adentrarse en los bosques de Mlita, unos 12 kilómetros al norte de Nabatiyé (en el sur del Líbano) era impensable desde mediados de los 80. Primero fue la ocupación israelí, que convirtió la zona en línea de frente; más tarde, con el repliegue parcial, fue bastión de la resistencia yihadista. Tras la retirada israelí llegaron seis años de calma. Sólo hace cuatro, las bombas israelíes se abatían sin piedad en estas montañas inexpugnables, en busca de los refugios subterráneos desde los que Hizbula llevaba hostigando a su enemigo desde 1985.

“Los proyectiles caían cada día, cada hora, pero nunca alcanzaron nuestros refugios”, recuerda el guía del Partido de Dios que dirige esta particular visita turística. Porque hoy, los búnkeres que con tanto celo excavó y defendió la resistencia chií en la región de Iqlim al-Tuffah se han convertido en un museo al aire libre sin precedentes en Oriente Próximo: el primero en el que un grupo armado emplea una antigua posición militar para repasar su historia, desvelar sus tácticas de guerrilla urbana, mostrar los daños infligidos al enemigo y adelantar lo que puede ocurrir en un futuro conflicto. El centro turístico no es un suicidio estratégico porque no se desvela ningún secreto, sino una demostración de fuerza. “Todo esto ya ha pasado, ahora tenemos otros medios y otras tácticas”, advierten desde la organización chií.

Turistas en el complejo.

El acceso a la posición de Mlita tiene tan poco mérito como seguir las indicaciones en árabe e inglés colocadas en la carretera desde Nabatiyé hasta el museo colgado de la cima de la montaña, a mil metros de altitud, identificado con una bandera libanesa y otra de Hizbula. Una vez allí, un complejo de más de 60.000 metros cuadrados sorprende por su sobriedad. A la derecha, hay una sala de exposiciones y un pabellón audiovisual aún en pruebas, además de una enorme escalera que conduce a un mirador levantado en honor de los ‘mártires de la resistencia’. A la izquierda, una vasta explanada bautizada como El Abismo acoge la parafernalia israelí pacientemente recogida desde que, en 1982, el Partido de Dios chií se formase para combatir una ocupación israelí que se remontaba a 1978.

Un cementerio de restos de aviones israelíes, ríos de cascos hebreos, carcasas de blindados, vehículos militares, carros de combate y artillería pesada salpica la planicie que se hunde frente a la entrada del museo, que se recorre mediante un paseo elevado destinado a dar sensación de victoria. “Cada elemento tiene un sentido”, explica el guía, que nunca se identificará ni con su nombre de pila. Algunos están en el centro de una tela de araña metálica, un símbolo que ya dio nombre a la primera exposición itinerante del Partido de Dios en 2007, un año después de la última guerra contra Israel. Entonces, las instalaciones –temporales y más modestas- erigidas en el corazón de Hareth Hreik –corazón chií de Beirut, y blanco por excelencia de las bombas israelíes- exhibían un Merkava 4, el carro de combate orgullo del Ejército israelí, capturado por los yihadistas entre otras numerosas muestras de parafernalia bélica israelí. Fue una forma de levantar el ánimo a una población que padeció bombardeos inmisericordes durante 33 días, con 1.200 muertos libaneses. La exposición se llamó La Tela de Araña, porque según Hizbula Israel cayó en su trampa como un insecto en una telaraña.

Trinchera ocupada por Musawi.

En el museo de Mlita, todo recuerda a aquella exposición, incluso la banda sonora que flota en el ambiente, una mezcla de disparos de ametralladora y extractos de las retransmisiones de Nur, el canal de radio de la resistencia islámica libanesa. Salvo las ingentes dimensiones del proyecto. Tras superar El Abismo se accede a El Camino, una vía abierta en pleno bosque salpicado de trincheras –incluida una que, cuentan, ocupó Sayed Abbas Musawi, quien fuera secretario general de Hizbula- desde donde “miles de muyahid lanzaron cientos de operaciones yihadistas contra posiciones enemigas”, según reza la propaganda del grupo chií escrita en el panel explicativo, contra el pueblo de Sojod, situado al otro lado de la colina.

En los márgenes de El Camino pueden observarse desde hospitales de campaña hasta motocicletas herrumbrosas que servían para comunicar y avituallar las posiciones más lejanas, amén de toda suerte de artillería pesada –incluida una lanzadera de katiusha- que aún hoy apunta al norte de Israel. "Todo es real, todo esto existía, aunque lo hemos adecentado para el Museo", incide el guía.  Decenas de metros más allá aparece La Cueva, una entrada casi imperceptible excavada en la roca que da acceso a un enorme bunker.

“Al principio, era [un hueco de] un metro cuadrado usado como refugio de bombardeos o de las inclemencias del tiempo”, reza la pancarta, en inglés y en árabe, que custodia la entrada. “Después se transformó en un túnel de 200 metros de largo. Durante tres años, 1.000 hombres excavaron por turnos 350 metros cuadrados de pieda […] Una vez completada, La Cueva fue bautizada como El Punto, una base integral con habitaciones, suministro de agua potable, electricidad y ventilación que llegaría a albergar a 7.000 resistentes”. Con retratos de Musawi, Nasrala y los ayatolás iraníes Jomeini y Jamenei en los pasillos, el búnker cuenta con cocina, sala de estar, baños, zona de descanso y lectura y sala de operaciones dotada de ordenadores. “¿Qué se piensa? Nosotros combatimos con tecnología y con cerebro, no sólo con fusiles”, afirma el guía.

Sala de operaciones del búnker.

A la salida de La Cueva, otro camino conduce a otros dos búnkeres, uno de ellos una caseta de cemento oculta entre las rocas e imperceptible desde el exterior donde una ametralladora pesada tiene en su punto de mira la ciudad de Sojod, durante años controlada por Israel o por sus socios libaneses del Ejército del Sur. En un margen del camino, una tumba real construida por un combatiente que pensaba que moriría en el bosque y que aún sigue con vida. Más allá, el empinado camino conduce a La Perspectiva, un mirador con una privilegiada vista al sur del Líbano, desde Tuffah hasta Sidón, que da una idea de la importancia estratégica de la posición militar.

La Línea de Fuego, otro tramo de camino salpicado de parafernalia militar –todo tipo de posiciones artilleras (anticarro, antiaérea, anti fuerzas navales) y misiles de corto alcance, desde los morteros más primitivos hasta lanzaderas de misiles más sofisticadas en lo que constituye un repaso a la evolución del arsenal del movimiento-  conduce hasta La Colina,  situada a 1050 metros de altitud y dedicada a recordar a los caídos del grupo chií. Una exposición donde se detalla desde el organigrama del Ejército hebreo –“si cambia o se amplía alguna unidad lo actualizaremos, no se preocupe”, presume el guía- hasta los aeródromos militares de Israel, con el número y tipo de aviones que albergan, completan la visita. En un panel, se advierte que en caso de una nueva guerra los ataques de Hizbula alcanzarán desde Ben Gurión a Dimona pasando por Eilat, situada al sur de Israel, lo que dejaría el Estado judío a merced del Partido de Dios.

Pieza de artillería pesada.

Una cafetería con capacidad para albergar a 150 clientes en el interior y 750 en el exterior y un parking habilitado para 200 coches y 20 autobuses completan el complejo, que sólo ha sido finalizado en una primera fase. En las siguientes, se planea construir un teleférico hasta Sojod y un complejo hotelero con restaurantes y piscinas, toda una suerte de parque temático dedicado a la guerra de guerrillas. “¿No es magnífico?”, me pregunta un visitante, que recorre el museo acompañado de su esposa y dos hijos. “Esto nos hace estar orgullosos de la Resistencia”, dice con una amplia sonrisa.

Dos años de trabajo en el más estricto secreto –nada se ha oído en Beirut sobre la construcción del complejo- y cuatro millones de dólares han sido necesarios para levantar este museo colgado de la montaña, concebido por el líder yihadista Imad Mugniyah, asesinado presuntamente por Israel en Damasco, y llevado a cabo por un arquitecto del Partido de Dios que ha estudiado, cuentan, cada pequeño detalle para llenar el sitio de simbolismo. Nada ha sido dejado a la improvisación en las ingentes instalaciones construidas por el partido chií libanés, inaugurado el pasado viernes coincidiendo con el décimo aniversario de la retirada israelí del Líbano, uno de los principales orgullos de Hizbula. “Esperamos que este centro del turismo yihadista sea el primer paso hacia la preservación de la historia de nuestra heróica resistencia”, afirmó el secretario general de la organización, Hassan Nasrala, mediante videoconferencia a los invitados, entre los que se encontraba Noam Chomsky.

Imagen del museo.
Vehículo atrapado en la telaraña.

Por el momento, visitantes individuales –en notable número, a juzgar por la presencia de familias en la mañana del lunes- y grupos de universitarios convocados semanalmente por el Partido de Dios –el pasado sábado, 450 alumnos cristianos y musulmanes de la Universidad Americana Libanesa participaron en uno de estos “tours de la dignidad”, como los llama Hizbula- recorren las instalaciones, si bien los chiíes pretenden convertir el lugar en un foco de turismo regional.

Eso, hasta la próxima guerra de Israel, que sin duda contará con este museo como uno de los objetivos principales. “Por supuesto que lo destruirán, como hicieron con el museo de Khiam”, responde el guía. “Pero en la próxima guerra aprovecharemos para recoger material nuevo. Y cuando acabe construiremos otro dos, diez, cien veces más grande y más bello. Se lo prometo”.


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13 Comments
  1. mabu says

    Yo encuentro esta idea genial: como un grupo de resistentes -gracias, Mónica Prieto de llamarlos así y no «terroristas» según la terminología oficial!- conmemoriza su vistoria sobre uno de los ejércitos más potentes y devuelve así el respeto a sí mismo al pueblo libanés tan castigado durante tantos años. Casi me recuerda la famosa batalla de Dien Bien Phu, dónde un ejército de «terroristas» venció al ejército francés simplemente porque el pueblo no se dejó avasallar y gracias a un general genial que era Giap.

  2. Miguel Mateos says

    Jejeje… Mónica, ahora me doy cuenta de que «la persona en primera fila de la que me sonaba la cara»… era Chomsky… tantos años leyéndole… ¡¡¡y ni siquiera le reconozco!!! Vergüenza debería darme…
    Estupendo el reportaje, tendremos que debatir de este «parque temático»

  3. MascaChapas says

    Me parece un ejemplo de mal gusto.
    Un monumento al odio por parte de un grupo terrorista que lo único que ha hecho es destruir todo lo que toca y arruinar la vida a miles de personas inocentes.
    Que Ala confunda sus nombres

  4. isaac b says

    Un articulo tendencioso ,prejuicioso y clasico del periodismo progre y desinformador español.
    esta claro quienes son sus aliados en el mundo. Quizas pronto ajmadinejad o Chavez inauguren sus propios parques y pueda usted cubrir la noticia.
    O a lo mejor lo que se merecen ustedes es que la ETA abra un parque tematico en Hernani o en Mondragon exhibiendo las miserias de su «heroica resistencia».
    ? Esop tambien mereceria su simpatia y dedicacion periodistica ?
    Necios.

  5. Zulemita says

    papetico!!! terrible!!! Yhaudista…. nada les queda sin el odio a Israel y sin el dedeo hasta la muerte de propagar primero por todo O.M. y despues por el mundo su guerra santa.
    Pobres niños !!!!

  6. Mohamed al rati says

    soy marroqui y me parece terrible esta noticia y este lugar, solo fomenta el odio, esto es contrario al islam.
    Sus creadores deberían de pedir perdón

  7. lamentable says

    Esto demuestra que no les debe de faltar de nada, ¿no hay otra cosa mejor en que gastar el dinero y el cemento?…
    ¿Cuantas viviendas no se podrían haber construido?¿cuantas escuelas?¿Algun hospital o consulta medica?…
    Es un despilfarro, o les sobra el dinero y rezuman odio

  8. Ma-burra says

    ¿genial? esto es un disparate
    hacer eco en esta web de este monumento a la sin-razón es desprestigiarse.
    Allí no van ni los perros a ladrar…
    bueno, los de Hizbula seguro que si

  9. ANTONIO says

    Pues recomiendo a los que consideran que esto es un disparate que se miren las fotos de los niños israelíes firmando sobre las bombas que iban a tirar contra el Líbano en la guerra del 2006 o aquella de una niña invitada a una jornada de puertas abiertas del ejército en la que la pequeñita aparecía disfrutando con un cochete antitanque al hombro. Muy ilustrativo.

  10. Mad Max says

    Pues es una salvajada Antonio, y si quieres mirate esta foto
    [img]http://www.freewebs.com/camiloezagui1/suicida%20tel%20aviv.jpg[/img]
    o las fotos de los «martires» becados por los Iranies y Saudies.
    Estos son unos terroristas , no hay justificación

  11. Antonio López-Peláez says

    Esperpento en estado puro. Y el profesor Chomsky, como de costumbre, poniendo su granito de arena.
    http://antoniolopezpelaez.com

  12. Shailendra says

    Tuve un flashback bien cabrf3n. Mi jefe anetrior era muy dado a hacer esas pendejadas, a pedir todo a faltima hora, a explicar de menos y emputarse porque uno no le leyf3 la mente, a llegar siempre, siempre tarde, a ofrecer presentaciones con pendejadas que e9l ni haceda pero que tenedamos que resolverle, o armarle, o grabarle o lo que sea. Y obvio, no sabeda usar una puta laptop y uno teneda que ir a darle click y darle play a la dichosa me1quina caredsima y para disef1o que sf3lo e9l podeda tocar, generalmente para naufragar (no navegar) por internet. Para acabarla, muchos de esos gfceyes son pura lengua. El speech es copiado de un libro ochentero, el estilito lo aprendieron repitiendo 40 veces una presentacif3n de Steve Jobs y no les sale, los datos son a todas luces falsos, como falsa es a menudo la empresa y producto, y hasta ficticia suele ser la esposa e9sa que ve la novela (e9l es quien la ve, porque no hay mujer que aguante su nivel de nefastez). Y te quedas pensando que esos 500 pesos en que cobraron la pinche conferencia fueron un robo enfocado en convencerte de dejarte robar me1s. Y hay quien cae, siempre.

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