¿A la guerra por un árbol?

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Un soldado de la FINUL hace gestos a una patrulla israelí, mientras otro, libanés, la apunta con un lanza-cohetes. / Efe-Str

El grave incidente acontecido ayer en la frontera libano-israelí pone de manifiesto varios cambios sustanciales para la región. Desde la guerra de 2006, el sur del Líbano es sometido a violaciones terrestres por parte del IDF, las fuerzas israelíes, pero nunca hasta ahora el Ejército libanés había plantado cara a sus enemigos, como tampoco Hizbulá, que basa su existencia en la resistencia contra Israel, se había mantenido al margen.

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¿Implica eso un giro en la estrategia defensiva libanesa, ahora que el nuevo Gobierno de unidad nacional -que incluye a Hizbulá- funciona a pleno rendimiento sin las disputas internas del pasado? El presidente del país del Cedro, Michel Sleiman, se apresuró ayer a exhortar al Ejército a “responder a cualquier agresión israelí sea cual sea el precio a pagar”. El Consejo Superior de la Defensa ha dado órdenes a las Fuerzas Armadas de “confrontar cualquier ataque contra el Líbano”, y desde todos los partidos políticos se ha alabado al Ejército por su actuación de ayer.

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Lo normal en cualquier otro país que se sienta bajo ataque pero no en el Líbano, donde los 40.000 soldados regulares, insuficientes y mal equipados, no suelen encararse con Israel por dos factores: por su propia incapacidad para enfrentarse al Ejército más poderoso de Oriente Próximo y para no dar motivos que justifiquen una intervención militar de Tel Aviv. De ahí que sorprenda que el Ejército del país del Cedro disparase ayer contra sus enemigos por vez primera desde la guerra, pese a que -según el recuento de Hezbollah- en este tiempo Israel ha violado “en 7.000 ocasiones” la soberanía territorial libanesa. El máximo responsable político de la FINUL, la fuerza de Naciones Unidas destacada en la zona, confirmaba a esta periodista hace meses que las violaciones por parte israelí ocurren “a diario”.

Todo parece indicar que esa etapa de dejadez por parte de Beirut ha terminado. Como decía el editorial del diario libanés Daily Star, “la filosofía de que un Ejército débil disuade a Israel de molestarnos se ha demostrado falsa una y otra vez. No sólo no disuade a Israel sino que fortalece a las milicias palestinas y a Hizbulá. La situación ha cambiado: las LAF [Fuerzas Armadas Libanesas] se han ganado merecidamente el apoyo de todo el Líbano, incluso si carecemos de las estructuras políticas y diplomáticas necesarias para cualquier Ejército fuerte (…) Israel debe aprender que cuando se enfrente con las LAF lo hará con el país entero, y no sólo con Hizbulá”.

Nada que perder

Al fin y al cabo, desde la creación del actual Gobierno de unidad nacional, Tel Aviv amenaza periódicamente con responder contra todo el país en caso de ser “provocado” por el Partido de Dios. Nada tiene Beirut que perder si planta cara a lo que considera agresiones. Desde el Gobierno libanés, no se admite haber cambiado la política aunque sí se resalta que “es el deber del Ejército responder”, respondía a Cuarto Poder el ministro de Información libanés, Tarek Mitri en una rueda de prensa celebrada hoy en Beirut. “En el sur del país, las LAF están siempre en estado de vigilancia. El Gobierno no ha dado instrucciones precisas de ser más escrupulosos, pero respalda la reacción del Ejército dados los acontecimientos. Hay que tener en cuenta que cada día descubrimos una nueva red de espionaje, que las amenazas israelíes se multiplican, que la tensión crece, pero no se puede hablar de un cambio de postura del Gobierno. Hay momentos en los que se actúa de forma más fuerte y otros de forma más débil”.

En el caso de ayer, sin embargo, la respuesta libanesa parece desproporcionada, habida cuenta de que las violaciones de la soberanía son “casi diarias”, como incide Mitri, sin que hasta ahora las LAF se dieran por aludidas. Máxime cuando la FINUL ha concluido que el IDF trabajaba en zona israelí, al sur de la Línea Azul -demarcación provisional trazada por la ONU tras la retirada israelí del Líbano en 2000, pero en ningún caso una frontera real-y cuando Beirut admite que el incidente ocurrió del lado israelí de la valla técnica que divide temporalmente a ambos países.

Entonces, ¿por qué esa reacción? El relato de acontecimientos que hoy ofrecían los ministros libaneses difería sustancialmente del de ayer. Según la nueva versión, las tropas israelíes habían acordado con la FINUL eliminar un árbol de su zona de la Línea Azul y la misión de la ONU se lo había comunicado previamente a Beirut, quien desplegó a sus hombres en su lado de la demarcación para vigilar la actividad israelí. Dado que se trata de una “zona sensible” como dice Mitri, o de un territorio en disputa -la Línea Azul no es aceptada por ninguna de las dos partes en muchos tramos, creando una enorme tensión per se- las LAF exigieron que la FINUL supervisara los trabajos, y pidió al IDF (las Fuerzas de Defensa de Israel) que aguardaran a que se desplegase un número sustancial de observadores internacionales.

Parece que el IDF no esperó todo lo que las LAF deseaban, porque cuando aquéllos reanudaron los trabajos los libaneses lanzaron disparos de advertencia. Los israelíes respondieron con artillería y la guerra se acercó peligrosamente a la frontera sur del Líbano. Dos soldados y un periodista libanés perdieron la vida, así como un teniente coronel israelí. Pero, ¿por qué tiene tanta importancia cortar un árbol en plena zona disputada? Según Mitri, “nuestra información es que trataban de colocar una cámara de vigilancia y el árbol les tapaba la visibilidad”. En cualquier caso, la vegetación que casi hace estallar el conflicto fue extraída esta mañana por tropas israelíes.

Hizbulá, al margen

La actuación libanesa implica una nueva forma de actuación y también colaboración entre el Ejército y Hizbulá. “Lo que intentan las LAF es no ser una fuerza controvertida, unificar el apoyo popular y político y defender su territorio”, estima el politólogo Paul Salem, responsable del Centro Carnegie de Beirut, en declaraciones a Cuarto Poder. Lo más interesante, a su juicio, fue la reacción del Partido de Dios, que de haber entrado en el enfrentamiento habría provocado, sin duda alguna, una intervención israelí a mayor escala. “Hizbulá no quiere luchar contra Israel, intenta evitar la guerra por todos los medios. Necesita a la FINUL y a las LAF, y a partir de ahora es de esperar que mantenga su posición de apoyo al Ejército”.

El líder del Partido de Dios, Hassan Nasrallah, explicó ayer que mantuvo a sus hombres -decenas de miles de adeptos en el sur del país- en “estado de máxima alerta” pero que dio órdenes de no intervenir salvo que el Gobierno central lo solicitase. “Contactamos al mando del Ejército libanés para informarle de que estábamos a su disposición. Cualquier cosa que nos hubiera pedido el mando central o el mando del sur que estuviera en nuestra mano [lo habríamos hecho]”. Una forma de decir que sus armas están a disposición de Beirut, de recalcar que la armonía en el Gabinete libanés es, por el momento, notable y que la guerra no se incluye en los deseos del grupo chií.

Hizbulá está preparada para la posibilidad de un conflicto como lo está Israel, pero eso no quiere decir que vaya a provocarlo”, continúa Salem. Para el politólogo, el objetivo ahora es evitar cualquier escenario que derive en un ataque contra Irán, mentor y soporte económico del Partido de Dios libanés. Y mientras tanto, mantener e incrementar la estabilidad interna libanesa ahora que se avecinan malos tiempos.

Tribunal Especial

Dos think tank internacionales alarmaban ayer sobre la posibilidad de un nuevo conflicto, que según el International Crisis Group será más largo, destructivo y con más implicaciones regionales que el anterior. El Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU hablaba de una guerra en el Líbano en un plazo de 18 meses motivada por el enfrentamiento Israel/Hizbulá y que podría ser azuzada por la supuesta incriminación que hará el Tribunal Especial para El Líbano, que investiga el magnicidio del ex primer ministro Rafic Hariri en 2005, y que se espera que acuse a miembros del Partido de Dios.

La Resistencia chií ha reaccionado desmintiendo toda implicación y acusando a la corte -la única del mundo creada para investigar la muerte de una sola persona- de ser un instrumento político para atacarles. Nasrallah ha llegado a afirmar que tiene pruebas que demostrarían que Israel estuvo detrás del magnicidio -una teoría extendida en el país del Cedro- y que mostrará el próximo lunes. Pero, de confirmarse la inculpación contra Hizbulá, puede ser un motivo de seria inestabilidad interna entre chiíes y suníes, dado que Hariri es el mártir suní por excelencia del país del Cedro.

Lo cierto es que el Tribunal no goza de mucha credibilidad en la región dada su trayectoria. Desde su creación, en 2007, acusó directamente a Siria del atentado para finalmente retractarse, recomendó la detención de cuatro generales libaneses que, tras casi cuatro años entre rejas, han sido excarcelados por falta de pruebas y filtra información, aparentemente destinada a crear reacciones políticas, a los medios internacionales.

A eso se suma una enorme ristra de dimisiones en su seno, el uso de testigos cuestionables -uno de ellos, que incriminó directamente a Siria, está siendo buscado por falso testimonio entre otros delitos; otro, nada menos que vicepresidente sirio que huyó de Damasco para refugiarse en París, ha llevado a los tribunales a la familia Hariri porque presuntamente le habían prometido 'compensaciones' a cambio de su disidencia y de sus declaraciones- y las denuncias -algunas prósperas- contra algunos de sus miembros.

La cuestionable credibilidad del Tribunal no evita, sin embargo, que una incriminación de Hezbollah pueda resultar explosiva en un país donde la comunidad suní se siente cada vez más minoritaria, de ahí el empeño del Partido de Dios en no avivar la tensión, ni en el frente interno ni en el israelí. La milicia chií no quiere ser vista como la responsable de otro conflicto civil, ni tampoco ser acusada de atraer otra devastadora guerra al Líbano.

Pese al alarmismo de los informes, parece que Israel, que tiene preparados planes para una eventual intervención militar en el Líbano, tampoco tiene urgencia por lanzarse a otra aventura como la que terminó en derrota en 2006. En el caso contrario, la muerte de un alto oficial como el que ayer pereció en los combates habría sido razón más que suficiente para invadir el sur del Líbano. “La situación se ha contenido”, afirma el ministro Mitri, recordando que esta noche se celebrará una reunión tripartita FINULLAF-IDF para evitar nuevos incidentes. “Todos están preparados para la guerra, pero eso no quiere decir que sea inmediata”, coincide Paul Salem. Al menos hoy: si algo pone de manifiesto el incidente de ayer es que cualquier cosa puede detonar un conflicto en Oriente Próximo. Incluso un simple árbol.

4 Comments
  1. sam says

    Mónica, un artículo impecable. Me acabo de hacer fan tuyo.

  2. Eulalio says

    Cuánto se aprende con tus artículos. Gracias

  3. mabu says

    Pues os recomiendo la lectura, muy edificante, de
    http://www.voltairenet.org/article166690.html

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