La Anatolia en llamas

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Bomberos municipales intentan atajar uno de los incendios registrados en el Kurdistán. FOTO: Günlük

En Turquía, como en España, Portugal, Italia o Grecia, también abundan los incendios en verano. La fatal combinación del clima y vegetación mediterráneos tiene como consecuencia común la destrucción de miles de hectáreas de bosque todos los años. Y, como en esos países, en Turquía el Ejército ayuda en las labores de extinción cuando es menester. Solo hay una gran diferencia: en muchos de los incendios que arrasan la ya menguada masa forestal de la Anatolia oriental, son las cotidianas operaciones contra la guerrilla kurda las que provocan el fuego.

Solo entre los meses de junio y julio se han registrado más de treinta incendios forestales de este tipo. Bayram Balci, periodista del diario Günlük, enumera algunas de las zonas donde han ocurrido: Dersim, Bingol, Sirnak, Hakkari, montes Çudi, Gabar, Garzan, Kato, Berwari, Çele, Lice… La lista podría continuar. Según explica este colega del rotativo editado en Istanbul, en muchos de estos incendios los lugareños y los bomberos municipales acuden a apagar las llamas pero el Ejército les cierra el paso. “En Sirnak, por ejemplo, -dice Bayram- los bomberos de la ciudad fueron a apagarlo; también acudieron muchos voluntarios, pero los militares  no les dejaron hacer nada con la excusa de que había operativos en curso”.

Los incendios destruyen tanto zonas de montaña como cultivos en las llanuras. FOTO: Günlük

En algunos casos, como ha ocurrido en Irizce y Toptepe, dos localidades de esta provincia, los habitantes de los pueblos afectados han asegurado que ese día no había habido enfrentamientos y que los soldados disparaban proyectiles hacia las zonas boscosas de forma indiscriminada.

Las consecuencias económicas de estos incendios son, si cabe, más graves que en otras regiones de Turquía. Debido a las condiciones de miseria en que viven la población, la destrucción de bosques, pastos, viñedos y árboles frutales supone la desaparición de la principal fuente de ingresos en una economía basada en la ganadería de ovejas y cabras, sus derivados lácteos (queso y yogur), la miel y la producción hortofrutícola, además de una madera que cobra especial valor por su escasez.

Hasán, un responsable del Ayuntamiento de Hakkari, explica por su parte que él mismo vio a primeros de agosto cómo cerca de Cizre un incendio arrasaba varios montes. “La gente iba a apagar el fuego pero no les dejaban”, dice este funcionario municipal, que también reconoce la imposibilidad de atajar algunos de estos incendios debido al carácter escarpado e inaccesible del terreno.

En algunos sitios, los lugareños, desobedeciendo las indicaciones del Ejército, luchan por su cuenta contra las llamas, como ocurrió en las cercanías de Sere Dahce, una aldea situada en la zona minera de Maden, donde Cangir Ustun, un hombre de 69 años, falleció durante las labores de extinción.

Ramazan Uysal, alcalde de Sirnak, puso el dedo en la llaga al afirmar a la agencia IPS que “cuando los incendios ocurren en el oeste (Turquía mediterránea), el Gobierno pone todos los medios a su alcance, incluidos helicópteros, para controlarlos, mientras que cuando nosotros intentamos apagarlos nos manda la artillería”.

Ramazan se refiere a los importantes incendios de Antalya, montes Amanos, Datça y Dortyol, que también ocurrieron en estos meses de junio y julio pero que, al contrario de lo que sucede en el Kurdistán, fueron inmediatamente combatidos por unidades de bomberos con apoyo aéreo.

La imagen muestra un pueblo kurdo arrasado por las llamas. FOTO: Kurdish Info

Una investigación realizada por la Asociación de Derechos Humanos de Turquía (IHD), la más prestigiosa de este tipo, ha demostrado que en dos localidades de la provincia de Batman y en otra de Siirt fuerzas del Ejército quemaron intencionadamente no solamente las tierras propiedad de los municipios sino, incluso, los propios pueblos. Así lo explicó en una conferencia de prensa celebrada en Diyarbakir el abogado Salahatin Coban, detallando que cuando la comisión investigadora se trasladó a las aldeas de Gunesli (Siirt), Keceli y Palamutlu (Batman), los habitantes les confirmaron  estas sospechas, asegurando que ni siquiera les dejaron salvar sus casas. Lo habían perdido todo: viviendas y cultivos. Miles de árboles frutales y viñedos quedaron calcinados. Además, en Palamutlu, los soldados habían amenazado a los vecinos para que no hablaran con la comisión investigadora.

Pinos, robles y nogales que pueden alcanzar los 15 o 20 metros de altura son las principales víctimas de esta guerra no declarada. Hasta el Parque Nacional de Munzur, uno de los primeros y más importantes del país, se ha visto afectado ya que en este macizo montañoso, en plena Anatolia también se ha detectado la presencia de grupos armados vinculados al PKK.

Montes quemados en Sirnak junto a una base militar (arriba a la izquierda): FOTO: Manuel Martorell

Los alcaldes de los municipios devastados, por lo general pertenecientes al partido pro-kurdo BDP (Partido de la Paz y la Democracia), suelen informar a la Dirección General de Bosques, dependiente del Gobierno de Tayip Erdogán. A veces, esta dirección general envía observadores que se limitan a tomar nota para volverse por donde han venido sin hacer nada.

Pero lo que más molesta a los grupos locales que denuncian estos hechos es la actitud de las grandes asociaciones turcas dedicadas a la conservación de la naturaleza y defensa del medio ambiente, como la Fundación TEMA o las organizaciones no gubernamentales Çekül y Turkcek, que guardan silencio para no enfrentarse con el Ejército mientras las llamas arrasan un patrimonio forestal de incalculable valor para un Oriente Medio implacablemente castigado por la desertización.


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