Pantanos de limpieza étnica

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Pancarta con la fotografía del valle que será sepultado por el nuevo pantano. FOTO: Manuel Martorell

El pasado 1 de agosto Turgut Olgún, junto a un compañero de Ecologistas en Acción de Dersim, subía la cuesta del río Munzur hasta centro de la ciudad recogiendo las botellas de plástico que habían quedado en la calzada tras la manifestación. Habían sido varios miles los manifestantes contra la construcción del nuevo pantano en una ciudad que, sin llegar a las 40.000 almas, es la capital de la provincia homónima. Una gran fotografía del valle que desaparecerá bajo las aguas en Konaktepe abría la marcha; detrás, otra pancarta con el lema general de la campaña: “No más pantanos y operaciones militares en Munzur”.

Para quienes, como Turgut Olgún, impulsan el movimiento contra los nuevos proyectos hidroeléctricos en esta región de la Anatolia turca, ambas cosas –los pantanos y la lucha contra la guerrilla del PKK- van de la mano y tienen como objetivo final lo que las masacres de 1938 no lograron: borrar Dersim del mapa.

Turgut, que es profesor de Educación Física, intenta explicarlo. Las ocho estaciones hidroeléctricas previstas desviarán las aguas de otros tantos ríos, robando, en algunos casos, hasta el 85 por ciento del caudal.  “A esos ríos van a beber agua el oso, el jabalí, el gato montés… Si no hay agua, todos los animales desaparecerán. ¿Cómo va a sobrevivir la trucha roja? Sin agua corriente no hay árboles, ni cultivos… en definitiva, no hay vida”.

Además, está el “proyecto estrella”, el pantano de Konaktepe, que tendrá 25 kilómetros de largo y una presa de 100 metros de altura. Será el quinto embalse sobre el cauce del río Munzur en apenas 150 kilómetros. Lo más sorprendente es que este último proyecto se levantará en pleno corazón del Parque Nacional de Munzur, uno de los primeros, más grandes y de mayor valor naturalístico en flora y fauna de toda Turquía. Cuando esté terminado, aparecerá como un gran lago rodeado de montañas que superan los 3.000 metros de altura.

Aspecto de una de las zonas en el valle del Munzur que se verán afectadas por el pantano. FOTO: Manuel Martorell

Bajo sus aguas, no solamente desaparecerán decenas de aldeas y la vital conexión entre los pueblos y la capital, sino que también lugares con un valor histórico irrecuperable para el pueblo kurdo. Dersim (Puerta de Plata en kurdo) es el corazón del alevismo, una religión exotérica practicada, al menos por unos quince millones de personas en Turquía, la mayor parte de ellos kurdos.

Los alevis, pese a considerarse musulmanes, tienen poco que ver con el islam que conocemos; no hacen las cinco oraciones diarias, las mujeres no usan velo, no guardan ayuno durante el Ramadán, beben alcohol y en vez de mezquitas tienen unos centros culturales donde hombres y mujeres bailan juntos. Perseguidos por los integristas suníes y los otomanos, los alevis se refugiaron en estas montañas del centro de Anatolia, cuyos valles, rincones, manantiales y cuevas guardan siglos de resistencia defendiendo costumbres y tradiciones ancestrales frente a la religión y cultura dominantes.

La última campaña contra Dersim se llevó a cabo en 1938. El Ejército turco, con apoyo aéreo y artillería, provocó una carnicería que algunas cifras elevan a los 50.000 muertos. Según cuentan, durante una semana el río Munzur bajó enrojecido por la sangre derramada. El éxodo de los que se salvaron despobló por completo la región y sobre Dersim, cuyo nombre fue cambiado por Tunceli (Puño de Bronce en turco), cayó una cortina de silencio que solo en los últimos tiempos se está levantando.

Estatua del líder rebelde Ziya Reza instalada este mes de julio por el Ayuntamiento de Dersim. FOTO: Manuel Martorell

Una organización dedicada a la historia oral intenta recuperar los testimonios de quienes, pasados unos años, regresaron a lo que quedaba de sus pueblos. Incluso el Ayuntamiento se ha atrevido a levantar en medio de la ciudad una estatua en honor a Ziya Reza, el líder de aquella revuelta por la autonomía. El gobernador provincial ha interpuesto la correspondiente denuncia para que los tribunales anulen la decisión municipal y el monumento sea retirado.

Y ahora que están recuperando su historia, los pantanos amenazan de nuevo la vida en Dersim. Hasan Sen, del Comité de Defensa de Munzur, lo tiene tan claro como su colega Turgut Olgún: “El objetivo es vaciar Dersim porque es una región rebelde. Solo en este valle 74 aldeas se verán afectadas, pero también quedarán sepultados santuarios alevis, como los de Ana Fatma, Gole Chajo y Gole Hasir”. Hasán acusa directamente al Ministerio de Medio Ambiente por colaborar en la destrucción de uno de los parques naturales más hermosos de todo el país.

Cabeza de la manifestación con el lema "No más pantanos y operaciones militares en Munzur". FOTO: Manuel Martorell

“El proyecto no es nuevo”, explica Hasán. “Se han encontrado documentos de los años 20 en los que ya se proponía cortar el agua a los pueblos de Dersim. Después, en los 50, empezó la locura de los embalses, sobre todo con el presidente Suleimán Demirel, al que llamaban ‘el rey de los pantanos’. Y, tras el golpe militar de 1980, se recuperaron proyectos antiguos que habían caído en el olvido”.

“Se pretende hacer otro 38”, dice Hasan para explicar los gritos de “¡¡No a otro Dersim!!”, que se escuchaban en la manifestación contra el pantano. “Entonces, los que se salvaron, cuando volvieron, al menos encontraron otra vez sus tierras, pero ahora quienes se tengan que marchar, si regresan, no encontrarán nada. Y eso será el fin de Dersim”.

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