JUAN MANUEL BENÍTEZ | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 20:36

Despedido por quejica: Rick Sánchez, histriónico presentador de la cadena de noticias CNN, perdió su empleo el pasado viernes por verbalizar sus frustraciones donde no debía. Como invitado en un programa de radio, Sánchez, que presenta sus noticias con innecesarios aspavientos mezclados con alguna que otra palabra en español, llamó “intolerante” al cómico nocturno Jon Stewart, látigo de políticos y periodistas.

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Traduzco aquí más o menos la respuesta de Sánchez cuando el locutor radiofónico le preguntó que cómo podía llamar intolerante a Stewart, que es judío: “Todos los que mandan en CNN son como Stewart. Y mucha gente que manda en todas las otras cadenas también son como Stewart. Y suponer que de alguna manera ellos -la gente en este país que es judía- son una minoría oprimida… ¡Vamos, hombre!” Ésa gente de la élite, continuaba quejándose Sánchez, le ve como alguien “que pertenece a una segunda clase, no a la primera”.

Despido fulminante.

La pasada fue una semana de quejas y quejicas, tanto en España como en Estados Unidos.

El ala progresista del Partido Demócrata veía como su vice-presidente les reñía en público por llorones. En una fábrica de New Hampshire Joe Biden quiso “recordarle a nuestro electorado de base que deje de quejarse y que salga ahí fuera y mire las alternativas. Este presidente ha hecho un buen trabajo. Ha cumplido sus promesas”.

Su jefe, Barack Obama, secundaba la idea en una larga entrevista con la publicación Rolling Stone: “Es inexcusable para cualquier demócrata o progresista ahora mismo el quedarse quieto en esta elección”. Una “irresponsabilidad”, decía Obama, que sus votantes se quejen y no hagan nada.

No me lloren, parece decir Obama, mientras él dedica gran parte de esa entrevista a lloriquear porque los republicanos no le dejaron ser el presidente bipartidista que él prometió.

Nadie duda que las quejas del electorado progresista y de su presidente serán castigadas en las urnas este noviembre. Puede que al final no pierdan la mayoría en ambas cámaras del Congreso; sin embargo los republicanos avanzarán lo suficiente como para estrangular el estamento legislativo durante los próximos dos años.

Y en España, ¿qué consecuencias tendrá la queja sindical del pasado miércoles?

Como dice Antonio Chacón en el periódico Hoy, quedó patente que en la sociedad actual “huelga la huelga”. Los sindicatos se quejan, pero más aún se quejan de ellos los trabajadores que ya no los ven como necesarios. “Moralmente, es para apoyarla”, me contaba de la huelga una amiga profesora de instituto, “porque hay que echar a ZP de ahí como sea, pero si la haces das la razón a los sindicatos, y eso tampoco”.

El moderado paro no logrará detener la reforma laboral que viene como apisonadora dispuesta a terminar con la España del bienestar de las últimas dos décadas. El electorado progresista y los sindicatos ponen el grito en el cielo mientras su presidente hace un trabajo sucio que es tan desagradable como necesario.

Y con sus huelgas y sus quejas allanan el camino de la próxima victoria del Partido Popular.

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