Dos demócratas y un destino

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Ay, Hillary... perdiste aquella emocionante primaria, pero el Clintonismo vuelve -sin ti- finalmente a la Casa Blanca.

Sin vergüenza alguna Obama tira de Bill en su peor momento, para que apacigüe a la turba demócrata que le acusa de haberse vendido a los republicanos. "Ambas partes se van a tener que tragar cosas que no les gustan", dice el ex-presidente.

Obama lo saca como escudo a la sala de prensa de la Casa Blanca y se pira - "les dejo en buenas manos" - porque dice que llega tarde a una fiesta navideña (minuto 10:50). Que sea él quien defienda el pacto con los republicanos que extenderá durante dos años los costosos recortes de impuestos para todos, incluidos los más pudientes. Obama parece decir "aquí está el hombre que me enseñó a hacer lo que estoy haciendo". Vuelven los noventa y la pragmática triangulación clintoniana.

La victoria republicana en las legislativas del mes pasado ha dejado un panorama parecido al de 1994, cuando Clinton, con sólo dos años en la Casa Blanca, sufrió una mayúscula derrota electoral que le hizo perder para siempre el control de ambas cámaras del Congreso.  Obama aún conserva el Senado, pero no con la mayoría suficiente como para romper el constante bloqueo que mediante reglas de procedimiento ejercen los republicanos.  Con dieciséis años de diferencia, ambos llegaron al poder como jóvenes promesas de la izquierda; las circunstancias les obligaron a convertirse en pragmáticos centristas.

"Éste es un país grande, diverso", decía molesto Obama el martes pasado"No todo el mundo está de acuerdo con nosotros. Sé que eso le sorprende a la gente. La página editorial del New York Times no impregna todo el país. Tampoco la página editorial de The Wall Street Journal".

Obama está entre la espada y la pared. Si el gobierno no actúa, a partir del 1 de enero, subirán los impuestos para todos los ciudadanos estadounidenses. El próximo día 31 expiran los recortes de la era Bush. Los republicanos quieren prorrogarlos indefinidamente, más aún ahora, en tiempo de crisis económica; los demócratas quieren mantenerlos sólo para las familias que ganan menos de 250.000 dólares brutos al año. Los republicanos se niegan a contemplar cualquier otra legislación pendiente en este Congreso saliente hasta que se resuelva este tema; los demócratas no se pueden permitir el lujo de dejar que todos los impuestos suban a partir de enero, ya que tendría consecuencias catastróficas para una economía aún en riesgo de recaída.

De ahí que no le quede otra que tragar y lograr un acuerdo de mínimos -que podría ser aprobado esta semana- que prorroga todos los recortes durante dos años. A cambio consigue trece meses más de subsidio de desempleo para los parados de larga duración (que los republicanos piensan que son unos vagos que no quieren trabajar), y reducciones extras de algunos impuestos que sirven de estímulo a la economía.

No sólo eso: la obligación de gobernar a base de pactos con los republicanos le llevará al centro de los votantes independientes, que fueron claves para su elección -y necesarios para ser reelegido- pero que llevan dos años descontentos con su trabajo.

(El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, dice saber dónde están, y de tarde en tarde parece querer despertarlos con amagos de candidatura presidencial).

Esos votantes independientes no le hacen tanto asco a que los más adinerados continúen disfrutando de generosos recortes de impuestos. Al fin y al cabo -por raro que parezca en España- ser rico en Estados Unidos no es ningún pecado, sino más bien merecido fruto del éxito del trabajo. Además, la mayoría de estadounidenses piensa que en este país de emprendedores el dinero es gestionado mucho mejor por ambiciosos empresarios que por ineficientes políticos.

Por la banda izquierda, los demócratas rebeldes chillarán "¡Obambi!" cada vez que ceda ante la oposición, pero no se atreverán a montar una candidatura creíble que le rete en primarias en 2012. A regañadientes tendrán que apoyar al líder del partido. Y es que vivo en el recuerdo permanece la desastrosa candidatura que lanzó Ted Kennedy en 1980: retando al titular Jimmy Carter, partió el partido a la mitad y le puso en bandeja la presidencia al vaquero Ronald Reagan.

La izquierda tiene dos años de pataleo por delante. Y cuando griten demasiado, Obama sacará a Bill para calmarlos como hizo este viernes. Y si la cosa se pone demasiado fea, quién sabe... Quizá tire por la borda al campechano Biden y veamos a Hillary de número dos.

Una vez más, Hillary, tan cerca del trono.


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4 Comments
  1. el zurdo says

    Muy buen retrato de la situación en que se encuentra la Administración Obama. Veo similitudes también con lo que le ha pasado a Zapatero. Espero que Obama no acabe como este girando por completo a la derecha acosado por don Dinero. A ver si por no perder a los centristas e independientes va a perder a los votantes de izquierda.

  2. rosarodriguezh says

    No sería extraño ese ticket Obama-Hillary si las cosas se le ponen feas al inquilino de la Casa Blanca. Me ha encantado el post. Enhorabuena.

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