El teatro de la unión

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Obama, aplaudido por varios representantes, mientras saluda a uno de ellos, ayer, a su llegada a la Cámara. / M. R. (Efe)

"El estado de la Unión es fuerte", es el mantra que todo presidente de Estados Unidos repite en este rito anual de comienzo de año que es el discurso sobre el Estado de la Nación. Lo hace ante la sesión conjunta del Congreso, miembros del Tribunal Supremo y demás invitados de excepción, que luchan desaforados por estrechar la mano del inquilinio de la Casa Blanca durante su pomposo recorrido hasta el estrado de la Cámara de Representantes.

Es el teatro de la democracia estadounidense que anoche tuvo una nueva entrega.

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Dos semanas y media después del tiroteo que dejó a la congresista demócrata Gabrielle Giffords herida de gravedad en un supermercado de Tucson, Arizona, sus colegas en el Capitolio decidieron hacer una muestra de espíritu bipartidista mezclando sus asientos unos con otros, sin importar el partido o la corriente ideológica, como vecinos enfrentados que se dan la paz en misa antes de salir a la calle para pegarse de nuevo.

"Avanzaremos juntos, o no será posible hacerlo - porque los retos que enfrentamos son mayores que un partido, y mayores que la política misma", contribuía Barack Obama desde el atril, poniendo su granito de arena al nuevo bipartidismo a la fuerza derivado de los últimos comicios.

Con la Cámara dominada por los republicanos, comienza la segunda mitad de su mandato obligado a entenderse con la oposición si quiere gobernar de manera efectiva. "Estoy ansioso de trabajar con ustedes", dijo, incluso admitiendo pequeños errores en su polémica Ley de Reforma de Salud que está dispuesto a enmendar.

Obama quiere dejar atrás las batallas del pasado, su mirada puesta en el futuro, en una recuperación económica y laboral que pasar por mayor innovación y un mejor sistema educativo. Además, como hacen gobiernos en todo el mundo, se compromete a congelar el gasto nacional durante los próximos cinco años para frenar un creciente déficit que ha servido de arma arrojadiza de la oposición.

La palabra estrella de la noche fue, de una u otra manera, el empleo, el trabajo, repetida por Obama en 31 ocasiones. Es su reto más importante durante los próximos años.

"Medimos el progreso según el éxito de nuestra gente", dijo. "Según los empleos que pueden encontrar y la calidad de vida que ofrecen esos empleos. Según las perspectivas del dueño de un pequeño negocio que sueña con convertir una buena idea en una próspera empresa. Según las oportunidades para una vida mejor que le pasemos a nuestros hijos. Ése es el proyecto en el que los estadounidenses quieren que trabajemos. Juntos".

También bastante repetidas las palabras "futuro" (catorce) "educación" (diez), "innovación" (nueve) y "economía" (siete).

Y una vez más, guiño a la comunidad latina: intentar un acuerdo de reforma migratoria.

"Sé que el debate será difícil y tomará tiempo. Pero esta noche, acordemos hacer un esfuerzo. Y dejemos de expulsar a jóvenes responsables y de talento que pueden trabajar en nuestros laboratorios de investigación, comenzar un nuevo negocio y enriquecer aún más esta nación".

Será una tarea complicada, sobre todo a 22 meses de que los estadounidenses regresen a los centros de votación para bien reelegir al presidente Obama... o bien escoger a un miembro del partido republicano.

Esperamos candidaturas en las próximas semanas.

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