Denuncian decenas de ejecuciones en el Ejército libio por no combatir a los rebeldes

Jovenes tuaregs libios, durante una fiesta tradicional en el desierto al sur de Ghadamés. / Manuel Martorell

Representantes de la comunidad tuareg han denunciado ante la opinión pública internacional ejecuciones dentro del Ejército libio como forma de presionar a los soldados para que combatan contra los rebeldes. Según ha publicado el denominado Congreso Mundial Amazigh (CMA), se tiene constancia de que decenas de jóvenes de esta etnia habrían sido pasados por las armas por haberse negado a disparar contra la población tanto en Trípoli como en otras ciudades.

De acuerdo con esta organización, integrada por diversos grupos bereberes del Magreb, 185 soldados tuaregs habrían sido ejecutados por este motivo. El CMA realiza esta denuncia para desmentir las noticias difundidas recientemente señalando que buena parte de los mercenarios con los que Gadafi está reprimiendo la rebelión procederían de esta etnia, muy familiarizada con el uso de armas de fuego.

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Sobre esta polémica intervención de los tuareg en el conflicto, el CMA recuerda que uno de sus más reconocidos representantes en Libia, Akli Cheka, realizó el 25 de febrero un llamamiento público para que los miembros de su comunidad no colaboraran con el régimen y se unieran a las revueltas. Tal y como Akli Cheka declaró ante los micrófonos de la emisora Al Arabiya, “los tuaregs también están comprometidos con la Revolución del 17 de febrero”, poniendo como ejemplo lo ocurrido en las localidades de Zauara, Yafran, Jadu y Nalut, todas ellas situadas entre Trípoli y la frontera tunecina.

Los tuaregs son uno de los pueblos de origen bereber que, por razones aún desconocidas, se desplazaron de la costa mediterránea hacia el interior, asentándose en el desierto del Sáhara, de forma especial en la región denominada Azawad, donde varios partidos reivindican la creación de un Estado independiente. El Azawad quedó dividido, durante el proceso de descolonización, por las fronteras de Argelia, Níger, Mali y, en menor medida, por Burkina Faso y Libia. Tanto en Mali como en Níger, durante la pasada década, estalló un conflicto armado que provocó el desplazamiento de miles de refugiados hacia Argelia y Libia.

En este último país, la minoría tuareg no llega a los 100.000 habitantes, de una población total cercana a los siete millones de personas, concentrándose sobre todo en los distritos sureños de Ghadamés y Ghat, a los que habría que sumar los refugiados que escaparon en los años noventa de Níger.

El CMA reconoce que una parte de estos refugiados, sobre todo jóvenes con experiencia bélica, podrían haber aceptado, debido a las duras condiciones en las que viven, la oferta del Ejército libio para enrolarse a cambio de una buena paga. Según estas informaciones, también se estarían reclutando tuaregs en la ciudad de  Kali, situada al norte de Mali junto a la frontera argelina, donde Libia mantiene un activo consulado. Una vez acordado combatir dentro de las fuerzas libias, estos mercenarios habrían sido trasladados en camiones por territorio argelino para acudir en ayuda de las fuerzas que combaten la rebelión.

Tuaregs elaborando pan en el desierto. / M. M.

También informa el CMA, como muestra de que estas actitudes no representan al conjunto de la comunidad tuareg en Libia, que en los últimos años se han registrado denuncias por la represión que bajo el Gobierno de Gadafi sufren quienes defienden la cultura bereber. La última de ellas fue realizada el pasado mes de enero por Fatih Salem Bauzakhar, cuyos hijos Madghis y Mazigh fueron detenidos en la ciudad de Sirte por miembros de la Agencia de Seguridad Exterior, uno de los diversos servicios de inteligencia que actúan en este país. Según esta denuncia, estos jóvenes fueron acusados de participar en una conspiración contra el Gobierno. Uno de ellos, Madghis, habría sido torturado y amenazado con una pistola mientras le gritaban “Eres amazigh; eres un judío y vas a morir”.

Los amazighs, o bereberes, están jugando un protagonismo especial en los movimientos por el cambio del Magreb, de forma especial en Argelia y en Marruecos. En Argelia, la comunidad bereber es la principal base social del Reagrupamiento por la Cultura y la Democracia (RCD), el mayor partido opositor al Gobierno de Buteflika. En Marruecos, este protagonismo ha sido reconocido, implícitamente, por el rey Mohamed VI en su trascendental y solemne discurso a la nación del 9 de marzo, ya que, entre las principales reformas constitucionales que mencionó, se encuentran el reconocimiento oficial de la lengua amazigh, la descentralización administrativa y la creación de consejos regionales electivos, históricas reivindicaciones de los bereberes, que en este país representan prácticamente la mitad de la población total.