Otro político en calzoncillos

El congresista demócrata Anthony Weiner, tras la rueda de prensa que dio ayer, en Nueva York. / Andrew Gombert (Efe)

Otro político compungido regaló este lunes a la prensa neoyorquina titulares de “lo siento” y “sí fui yo”, tras más de una semana de mentiras y malas coartadas.

Anthony Weiner, inteligente y ambicioso político demócrata, que representa a distritos de Brooklyn y Queens en el Congreso estadounidense, se creyó por encima del bien y del mal. Finalmente tuvo que rendirse ante una escalada de evidencias: más fotos íntimas y nuevos chateos subidos de tono con jovencitas admiradoras, infantiloide pseudo-pornografía cibernética que ha tenido ocupados a los medios durante días y al propio congresista durante, según él, los últimos tres años.

El escándalo estalló el viernes 27 de mayo cuando, vía Twitter, le envió a una joven estudiante de Seattle una foto de su “salchicha” – juego de palabras con su propio apellido, Weiner-  cubierta por sus calzoncillos apretados.

Foto "tuiteada" por el congresista Weiner a una joven universitaria

Enseguida la borró, pero alguien ya la había interceptado. Sumido en el pánico aseguró durante días que su cuenta había sido hackeada, si bien nunca se atrevió a negar que la susodicha foto fuera suya. No podía, ya que su mujer también tuvo que tragarse las rocambolescas mentiras, y más que probablemente hubiera reconocido esos boxers de color gris.

Hasta seis mujeres podrían haber sufrido/disfrutado de los escarceos cibernéticos del progresista crecido en Brooklyn. Algunas de ellas, como le recriminaba una periodista local de cotilleos en plena rueda de prensa “¡podrían ser sus hijas!”. Él asegura que nunca las conoció en persona.

Muchos verán este último capítulo de político en pelotas como un simple tonteo de feisbu. Pero más allá de las actividades de este internauta compulsivo -y aspirante a la Alcaldía neoyorquina- los estadounidenses se preguntan si los juegos eróticos de Weiner han sido subvencionados con dinero público.

“¿Usó recursos gubernamentales para este tipo de actividad?”, le pregunté.

“No lo hice”, respondió tajantemente, añadiendo que no recordaba haber utilizado teléfonos, blackberries u ordenadores públicos.

Aún así, su colega demócrata y ex-presidenta del Congreso Nancy Pelosi ya ha solicitado una investigación de la Comisión de Ética para asegurarse de que a este último pinocho no vuelve a crecerle la nariz.

A diferencia del congresista Chris Lee, también del Estado de Nueva York, pillado hace unos meses buscando relaciones extramaritales por internet a pecho descubierto, Weiner no tiene planes de dimisión, ya que opina que nunca cometió ilegalidades ni traicionó su juramento de congresista.

De larga soltería y fama de donjuán, Weiner, de 46 años, contrajo matrimonio en julio pasado con Huma Abedin, asistente personal de la secretaria de Estado Hillary Clinton. Quien ofició la ceremonia fue el mismísimo Bill Clinton.

Por Huma lloró Weiner este lunes ante las cámaras. Y ella, por primera vez en estos casos, no estuvo allí para verlo.

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