La familia Assad relega al multimillonario Rami Makhlouf a un segundo plano

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Imagen de archivo de Rami Makhlouf. / Captura de vídeo de Al Jazeera.

Tres meses después del inicio de la insurrección social, el régimen sirio comienza a cambiar de táctica. El fracaso del uso de la fuerza como estrategia para apaciguar los ánimos –que ha tenido el efecto contrario, alentando unas marchas al principio muy limitadas en participación y exigencias- ha obligado a la dictadura de Bashar Assad a realizar concesiones hasta ahora impensables que afectan a la familia, el estrechísimo círculo de poder que todo lo decide en Siria. Y la familia acaba de decidir deshacerse, al menos públicamente, de uno de sus más destacados miembros: el primo del presidente Rami Makhlouf, el empresario que controla las comunicaciones en el país entre otros muchos negocios y el icono de la corrupción que rodea al régimen.

Los medios oficiales sirios ha anunciado que el multimillonario Makhlouf, que controla buena parte de los monopolios o semimonopolios sirios en el sector de las aerolíneas, las telecomunicaciones, el petróleo, la construcción, las inmobiliarias y las importaciones, además del sector del duty free, un banco y un canal privado de televisión, abandona el mundo empresarial. "No me voy a lanzar a nuevos proyectos con los cuales podría obtener beneficios personales, y me voy a dedicar a las labores humanitarias", decía en un comunicado obtenido por la agencia France Presse. “En cuanto a sus negocios, serán dedicados a crear empleos y a apoyar la economía nacional. No entrará en ningún nuevo proyecto que le reporte ganancias personales”, se leía en una información de la agencia SANA.

El aparente sacrificio de la familia tiene mucho sentido. El nombre de Rami Makhlouf, conocido en los círculos de inversores extranjeros como “Mr. 5%” y “Mr. 10%” –dependiendo de la comisión que cobrase- fue el más coreado a mediados de marzo, cuando las primeras protestas convocaron a miles de personas para exigir democracia y el final de la corrupción. “Lárgate Makhlouf, no queremos ladrones”, se podía escuchar en algunas calles sirias para gran sorpresa de un régimen poco acostumbrado a que nadie cuestionase a la sacrosanta familia gobernante. Y mucho menos a ver gestos de repudio tan tajantes como prender fuego a las oficinas de Syriatel, la compañía telefónica que le ha reportado, junto otros negocios, el capital que le ha convertido en uno de los hombres más ricos de Siria mediante su holding Ramak. Pero su fama de corrupto le precedía. Suele decirse que no se pueden hacer negocios en el país de los Assad sin su consentimiento, y todavía se recuerda cómo se le adjudicó la concesión de Syriatel en 2001: cuando un diputado opositor denunció las "irregularidades" que rodeaban la entrega de la licencia fue arrestado: pasó cinco años en prisión. No sería la primera ni la última vez que Riad Seif, promotor del Foro del Diálogo Nacional sirio, sería encarcelado: el régimen le tiene preso desde el pasado 6 de mayo junto a otros 10.000 ciudadanos sirios.

Hoy, la agencia SANA reportaba que Makhlouf dedicará los beneficios que le ha reportado el 40% del capital de la compañía de telecomunicaciones –tan útil para apagar las voces de los sirios- a financiar  “actividades humanitarias, proyectos de desarrollo y a las familias de los asesinados en estos acontecimientos”. Sin embargo, no se puede esperar que el multimillonario se aparte de los negocios. Más bien se apartará de los focos pero permanecerá en la sombra, como temen los disidentes. Porque Bashar Assad depende de su círculo de confianza, con quien todo lo negocia y decide, y Rami Makhlouf –primo por parte de madre- es miembro del clan y confidente del rais desde que eran unos niños. Pero sí es representativo que el hombre que hace un mes amenazaba al mundo entero en declaraciones al New York Times esté siendo relegado a un segundo plano por el régimen.

“Combatiremos hasta el final. Si no hay establidad aquí, no la habrá en Israel”, afirmaba, atemorizando a Occidente con exportar la inestabilidad al Estado judío en el caso de que haya una intervención extranjera. Algo que el régimen está haciendo con una frecuencia inusual cada vez que envía a los refugiados palestinos a los Altos del Golán para exigir la devolución del territorio ocupado. “Lo que digo es que no nos hagáis sufrir, no pongáis demasiada presión sobre el presidente, no empujéis a Siria a hacer algo que no quiere hacer”, afirmaba al rotativo norteamericano. “Nadie puede garantizar lo que ocurrirá después. Que Dios impida que le pase nada al régimen”.

Makhlouf, miembro como el resto del clan de la minoría alawí –una escisión chií- que gobierna a una Siria mayoritariamente suní, fue objeto de sanciones norteamericanas en 2007 por las acusaciones de corrupción y sujeto a sanciones europeas el pasado mayo, como otros 12 destacados miembros del régimen entre los que no figura el presidente. Su aparente castigo coincide con algunos movimientos infrecuentes en el régimen sirio, que ha resucitado las protestas masivas pro Bashar Asad y ha decidido invitar a la prensa, por primera vez en estos tres meses de protestas, para mostrarle su versión de los acontecimientos. Un grupo reducido de periodistas ha sido conducido a Jisr al Shughour, cerca de la frontera turca y escenario de una matanza no explicada de uniformados –perecieron 120 según la televisión siria- para ver una fosa común con agentes supuestamente asesinados por grupos de hombres armados. Los activistas afirman que en realidad fueron abatidos por el propio Ejército sirio al negarse a disparar contra los civiles desarmados que participan en las manifestaciones.

Hoy se espera una nueva jornada de protestas, como cada viernes, en Siria. Tras la represión en Jisr al Shughour, los carros de combate rodean ahora las localidades próximas de Khan Sheikhun y Maarat al Nauman, en la carretera que une Damasco con Alepo. El hecho de que el multimillonario Makhlouf haya sido relegado no cambia las cosas. "Las noticias de que donará a los sirios el dinero obtenido mediante la corrupción son casi cómicas", valoraba el opositor sirio Walid al Bunni, contactado por la agencia Reuters. "El anuncio tendría alguna credibilidad si incluyera que Makhlouf ha devuelto los miles de millones de dólares que ha amasado al Tesoro nacional. Entonces los sirios podrían pensar en perdonarle".

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