La indignación crece

Miles de neoyorquinos se congregaron en la Plaza Foley del Bajo Manhattan para luego marchar hasta Wall Street este miércoles por la tarde. Cantando lemas como «a nosotros nos vendieron y a los bancos los rescataron», una multitud mixta de jóvenes, políticos municipales, jubilados y, sobre todo, influyentes sindicatos proporcionaron un golpe de energía a los calificados como «indignados» neoyorquinos de Occupy Wall Street.

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La Plaza Foley de Nueva York este miércoles / J. M. B.

«No sé si los elevamos de nivel», dice de este empujón Santiago Villafañe, profesor jubilado y ex-líder sindicalista, «pero sí les proporcionamos una base de apoyo más amplia».

«Ya era hora de que pasara aquí», añade tras preguntarle sobre recientes movimientos similares de protesta a nivel internacional. «Otros países como España o Italia tienden a ser más conscientes de la política de sus países».

Todo empezó hace poco más de dos semanas con un grupo de jóvenes intentando acampar en la calle simbolo del capitalismo mundial. Durante días fueron ignorados y menospreciados por la mayoría de los medios de comunciación, hasta que el arresto de cientos de personas el sábado pasado en el Puente de Brooklyn hizo su cobertura inevitable.

«Está creciendo hasta convertirse en una manifestación de ‘algo'», dice la concejal de Brooklyn Diana Reyna, que no se une a la protesta por problemas de agenda.

Un veterano de la Segunda Guerra Mundial en la concentración de ayer. / J. M. B.

Carol Van Deusen, de 67 años ha venido con su marido Richard acompañando a la organización a la que ambos pertenecen, la Sociedad Neoyorquina por una Cultura Ética. Debate amablemente subida a un banco con un joven que lleva en la camiseta la cara de Obama dentro del signo de prohibido.

«Ha intentado llegar a compromisos», dice de Obama. «Le dejaron un papelón».

Alina Larson, de 42 años, ha venido acompañada de su hijo Luke, de 5, tras recibir avisos de grupos de izquierda por correo electrónico. Sostiene un letrero que dice «Desempleada contra la avaricia». El niño, otro: «alumno de pre-escolar contra la avaricia». Sobre Obama, dice pensando cada palabra, «me gustaría que en algunas áreas hubiera trabajado más duro hacia el cambio que fue prometido».

Como en tantos otros lugares del mundo, el futuro de miles de trabajadores neoyorquinos continúa siendo impredecible. La ciudad se despertaba el miércoles con la noticia de nuevos recortes al ya de por sí reducido presupuesto municipal de este año.

«Hay una conexión», dice el líder demócrata del distrito 71 Mark Levine. «Wall Street no quiere pagar más impuestos y los empleados de escuelas son despedidos».

«La responsabilidad de la crisis económica no es de la mayoria de personas», apunta Gustavo Rivera, senador estatal por El Bronx, uno de los condados más pobres de todo el país, «sino de un grupo pequeño que hasta ahora no se ha hecho responsable».

Como otros, Rivera califica de pioneros a los acampados del parque Zuccotti, cercano a Wall Street y donde estos «indignados» han podido instalar su campamento. Con el empujón de hoy, dice, «el mensaje se hace más claro».

Cartel con la leyenda "El dinero habla demasiado". / J. M. B.

Comienzan a escucharse comparaciones con el Partido del Té, movimiento determinante en la política del Partido Republicano estos últimos dos años.

«Hay una gran diferencia», dice el actor Tim Robbins. «Esto es un movimiento de base, y el Partido del Té es una maquinaria bien financiada con una agenda marcada por los millonarios».

¿Logrará aprovechar Obama el tirón de esto nuevo grupo en las presidenciales del año que viene?

«Depende de él y de lo que haga», sentencia Robbins alejándose en su bici.