320 días de muertes para cerrar una Embajada

El vídeo que acaban de ver fue grabado el lunes, tercer día de la nueva ofensiva contra Homs, en uno de los lugares más emblemáticos de Baba Amr, su barrio mártir. Se trata de la calle donde se celebran las manifestaciones diarias, elegida tras meses de experiencias sangrientas como el lugar más seguro del barrio para evitar que las protestas fueran objeto del fuego de los francotiradores o de los disparos de mortero del Ejército. Allí suelen concentrarse a diario no centenares, sino miles de ciudadanos, para pedir la caída de la dictadura. Pero hace meses que nada es seguro en Baba Amr, como en el resto de Homs: el lunes, una de las ofensiva con artillería pesada más espeluznante que se recuerda en el barrio en este año de protestas se cebó contra lugares tan simbólicos como éste o su más reciente hospital de campaña, una simple vivienda habilitada para aportar cuidados de emergencia. En el momento del ataque, estaba lleno de heridos.

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El Ejército sirio vuelve a cebarse con Homs, la ciudad más rebelde, en un nuevo intento de doblegar a sus habitantes y eliminar a las exiguas fuerzas del Ejército Libre de Siria, la milicia de desertores que abandonaron las filas regulares para defender a la población. Los barrios de Baba Amr, Inshaat, Bab Sbaa, Khaldiyeh y Bayada son los que están recibiendo más fuego, pero es sin duda el primero el más afectado por bombardeos continuos, donde las explosiones se cuentan cada pocos segundos según los ciudadanos contactados por Cuartopoder en el interior del mismo, una versión confirmada por los escasos periodistas sobre el terreno.

Omar Shakir, periodista ciudadano involucrado en la tarea de relatar la revolución y la represión del régimen desde los primeros días de la misma, explicaba ayer que “ahora mismo seguimos siendo bombardeados. Está siendo horrible. Están usando misiles antiaéreos y tanques T-72”, de fabricación rusa. Sus palabras eran ratificadas por el sonido de las explosiones que enturbian la comunicación y por los vídeos que él y sus compañeros cuelgan en la red, como éste, captado a primera hora de la mañana en una de las calles de Homs.

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En los dos hospitales de campaña habilitados en el barrio, el último unos días después de la furiosa ofensiva padecida a finales de diciembre, a la que pudo asistir Cuartopoder, se habían contabilizado el lunes más de 60 muertos. La cifra corresponde sólo a Baba Amr, ya que los barrios de Homs están cortados por puestos de control militares que disparan a todo el que pretenda atravesar sus calles, dejando cadáveres en el suelo imposibles de recuperar hasta que no hay un alto el fuego o se repliegan las posiciones militares. “Más de 500 proyectiles nos han sido lanzados desde la mañana [del lunes], atacando casas, lugares de protesta y mezquitas como la de Al Anwar, que ha sido alcanzada por 10 impactos que la han destruido parcialmente, al igual que las casas circundantes”, explican los activistas desde Baba Amr. “La situación humanitaria es muy difícil, no hay pan ni medicamentos y, como ya dijimos, uno de los hospitales de campaña ha sido atacado y hemos perdido a parte del personal sanitario. No hay forma de comunicarse en el interior del barrio y todo lo que se mueve es atacado por los francotiradores”.

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Estas son imágenes del ataque contra el citado hospital, donde siempre permanece un cámara ciudadano para documentar la llegada de víctimas. En el mismo resultaba herido en la cabeza Khaled abu Salah, considerado un héroe entre la población siria sublevada contra el régimen dado que fue el primero que venció el miedo y decidió dar la cara ante los canales árabes para relatar el sufrimiento de la población, convirtiéndose así en el rostro de Homs. Ahora, todo el mundo árabe le conoce como Abu Salah, el periodista ciudadano que recorre cada escenario de cada ataque en Baba Amr, el barrio donde nació, para mostrar las consecuencias de la agresión militar. A menudo asistiendo heridos y evacuando cadáveres, pero consciente de la necesidad de que el mundo sepa lo que está ocurriendo en Homs, de que no prevalezca la versión de la dictadura que tacha a toda una población en busca de libertad de “banda armada”. Ayer, pese a las imágenes de los ataques arbitrarios contra Baba Amr, los medios oficiales sirios desmentían estar atacando casas y afirmaban que las fuerzas armadas sirias habían matado a “decenas de terroristas” en Homs.

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“Esta es una llamada de socorro a toda persona libre y digna del mundo. Ayúdennos a salvar a la gente de Baba Amr, niños y mujeres, tenemos mártires bajo los escombros, gente que aún yace bajo sus casas. No sabemos cuántos muertos hay. A los musulmanes, les digo: Dios os preguntará el día del juicio qué hicísteis para ayudarnos”, decía Abu Salah tras resultar herido.

La brutalidad del bombardeo propició una respuesta internacional de repercusión mínima sobre el terreno, si bien políticamente significativa: Estados Unidos anunció el cierre de su Embajada en Damasco. Bélgica, España y Gran Bretaña, entre otros países europeos, llamaron a consultas a sus embajadadores, un gesto puramente simbólico que no afecta en absoluto al desarrollo de la represión y que ha tardado 320 días en producirse. En la Liga Arabe, con la ineficacia que la caracteriza, se convocaba el lunes una reunión de urgencia para debatir la situación… el próximo sábado. El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, viajó ayer a Siria para entrevistarse con sus socios tras haber vetado una descafeinada resolución en el Consejo de Seguridad, dando así más tiempo al régimen para matar. La conclusión fue que “Assad sabe qué hacer”.

La cifra de 60 muertos y 200 heridos en Baba Amr ya debe haberse quedado vieja, superada por nuevas bajas. Eso se explica no sólo con los nuevos y constantes ataques sino también por el tipo de las lesiones, donde las mutilaciones son legión. En el humilde barrio de Homs, cercado por el Ejército desde hace medio año, se carece de personal, centros y medios cualificados para tratar heridas de guerra, así que es probable que las estadísticas aumente a medida que los heridos más graves fallezcan.

Se teme que toda la ofensiva sea la forma de limpiar el terreno antes de intentar una incursión terrestre que tratará de ser repelida por los desertores del Ejército Libre de Siria que siguen defendiendo el barrio. Al menos, por los que queden con vida: con los medios con los que cuentan –los mismo con los que desertaron, casi siempre armas ligeras- no permiten hacer frente al poder bélico de Damasco. El objetivo final pretender ser doblegar a los manifestantes, pero es improbable que lo consigan por las armas. “Nunca nos rendiremos, Bashar, aunque nos mates a todos”, decía Abu Salah en el vídeo. La determinación de los sirios es inquebrantable, ahora que han roto el miedo que les paralizó durante cuatro décadas, y eso implica que, pese a su crudeza, el conflicto provocado por el régimen de Siria sólo acaba de empezar.

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