Mustafá Hejri: «Irán está apoyando a Siria en la represión con instructores»

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Mustafá Hejri, en su despacho. / Foto cedida por el PDKI.

Mustafá Hejri es el actual secretario general del Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI), una de las organizaciones más veteranas de la oposición iraní. Fue fundado en 1946, nada más acabar la II Guerra Mundial, cuando se instauró la llamada República de Mahabad, la primera experiencia autonómica del pueblo kurdo en Irán. El PDKI propugnaba, con apoyo de la URSS en esos momentos, el autogobierno para las cuatro provincias habitadas por kurdos, donde hoy viven cerca de diez millones de personas.

Desde entonces, no ha dejado de luchar para que el Gobierno central reconozca una diversidad cultural y lingüística que en Irán, salvando las distancias, es mucho mayor que la existente en España. En la actualidad, este es uno de los más graves problemas políticos de la República Islámica, registrándose periódicamente protestas en distintas regiones, como ha ocurrido recientemente entre los árabes del Juzestán, los turcos del Azerbaiyán o los baluches. Solo en la región kurda existen, desde hace años, varios grupos armados que suelen tener enfrentamientos con los Pasdaranes (Guardianes de la Revolución).

Aprovechando una corta estancia en Madrid, Mustafá Hejri se ha referido a algunos asuntos de actualidad relacionados con Irán, como la amenaza de un ataque israelí, las sanciones de la UE debido al programa nuclear o el descarado apoyo al Gobierno de Bachar al Asad, reiterado ahora con el envío de dos buques de guerra al puerto sirio de Tartús, en la costa mediterránea.

Sobre esta alianza entre Damasco y Teherán, Mustafá Hejri dice que “a estas alturas es más que evidente que Irán está apoyando a Siria en la represión, no solo desde el punto de vista económico y militar sino también con instructores”; y, como prueba de ello, cita el hecho de que grupos de la oposición siria hayan detenido a miembros de las fuerzas armadas iraníes. “Aunque las autoridades de la República Islámica han explicado que se trataba de peregrinos, ellos mismos han confesado que les habían enviado para apoyar al régimen”.

Este apoyo entre los dos gobiernos ha provocado no solo muestras de solidaridad entre la oposición siria y la iraní, sino también repetidos gritos y consignas en las manifestaciones populares contra el Gobierno de Ahmadineyad y el grupo libanés Hezbolá, igualmente próximo a la República Islámica, a quienes se acusa de participar directamente en la escalada represiva.

Otro asunto que estará de actualidad en los próximos días es la celebración de elecciones parlamentarias para renovar el Majlis (Parlamento o Asamblea Consultiva iraní) el 2 de marzo. Ese día y por primera vez en la  historia de la República Islámica, los sectores reformistas del régimen llaman al boicot de las urnas, al considerar que no se dan las condiciones mínimas para ir a votar, uniéndose así a la postura mantenida tradicionalmente por los partidos opuestos al sistema islámico.

Militantes del PDKI regresan a su base al norte de Irak tras un entrenamiento. / Manuel Martorell

Estas votaciones tienen poco que ver con las de cualquier otro país. No se presentan partidos políticos sino candidatos individuales, que, además, deben tener el visto bueno de una comisión electoral encargada de avalar si son fieles o no a los principios de la República Islámica. Esta es la razón por la que no han podido presentarse los reformistas. De las más de 5.000 solicitudes presentadas, solamente han pasado el filtro 3.444 candidatos, que fueron ratificados hace una semana por el Consejo de Vigilancia, otro organismo supervisor igualmente controlado por Alí Jamenei, el Guía de la Revolución.

“Después de que los reformistas anunciaran que no iban a participar –dice Mustafá Hejri-, en las próximas elecciones solo estarán los fundamentalistas. Aunque entre ellos existe algún enfrentamiento, todas las facciones que participan son fieles al Guía y al régimen”. Hejri reconoce que, últimamente, han surgido diferencias entre Alí Jamenei y el presidente del Gobierno, Mahmud Ahmadineyad, pero estas diferencias “no suponen ninguna división fundamental sobre la necesidad de mantener y reforzar la República Islámica” y, en caso de que existiera tal división, “solamente se trataría de una lucha por conseguir mayores parcelas de poder dentro del régimen; nada más”.

Este político iraní explica que el poco éxito que han tenido los últimos llamamientos en la calle del Movimiento Verde se debe a que “el régimen no permite ninguna posibilidad de protesta y machaca sin piedad cualquier tipo de manifestación; la gente, sobre todo la juventud, no está dispuesta a enfrentarse a un régimen opresor y a pagar un elevado coste solo por unas reformas. La población ya no tiene ninguna duda de que el régimen iraní no se puede reformar y que el único camino que queda es derrocarlo”. Respecto al problema de los distintos pueblos que forman Irán, el partido de Hejri propone “la instauración de un sistema federal y democrático, basado en la separación entre Estado y religión, y en el que cada región goce de autonomía”.

Sobre la posibilidad de un ataque israelí, Mustafá Hejri no cree que esté en la agenda inmediata ni de Israel ni de EEUU, aunque no descarta ese escenario si las actuales sanciones no consiguen disuadir a Teherán. “No hay que descartar –dice- una intervención de Israel por miedo a que Irán logre armas nucleares. Evidentemente, Irán reaccionaría ante esa intervención y, en tal situación, Estados Unidos no se quedaría de brazos cruzados”. “Un régimen que, como la República Islámica, ha amenazado varias veces  con destruir Israel es, sin duda alguna, un peligro para la seguridad mundial si tiene armas atónicas”, añade Hejri.


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