El Azawad camina hacia la independencia al fracasar los acuerdos con los tuareg

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Combatientes tuareg del MNLA en un lugar indeterminado del desierto del Azawad, al norte de Mali. / Tamazgha.fr

Tras el golpe militar en Mali contra el presidente Amadou Toumani, los rebeldes tuareg han reiterado en un comunicado difundido a la prensa internacional su intención avanzar hacia la independencia del Azawad, han exigido a la junta militar que retire de este territorio “todas las fuerzas de ocupación” y le hace responsable de la vida de todas las personas originarias de esta región que viven en el resto del país.

El Azawad ocupa la mitad norte de Mali y está unido a la otra mitad por una estrecha franja de terreno que, en forma de “cuello de botella”, une dos realidades muy distintas. Poblado desde el siglo XVI por árabes y tuaregs, el Azawad forma parte del desierto del Sáhara. Por el contrario, el sur, donde se encuentra la capital –Bamako-, es una región de población negra con condiciones de vida propias de la sabana sudanesa, conectando ya en su parte meridional con el clima y paisaje tropical. En medio, flanqueada por las fronteras de Mauritania y Burkina Faso, se encuentra la curva del Níger, cuyas aguas bañan las históricas ciudades de Gao y Tombuctú, un importante atractivo turístico debido a sus peculiares edificaciones de barro.

Desde su independencia de Francia en 1960, Mali ha vivido varias revueltas tuareg, de forma especial en los años 90, surgiendo recientemente, al fracasar los acuerdos de paz firmados el año 2006, una nueva organización armada: el Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA). Este grupo reinició las hostilidades el pasado 17 de enero. Desde entonces no ha dejado de cosechar éxitos militares, hasta el punto de arrinconar a las fuerzas gubernamentales en torno a las ciudades  más pobladas. Finalmente, un sector del Ejército, descontento con la gestión de la crisis tuareg, decidió el 21 de marzo dar el golpe de Estado que ha derribado al Gobierno y ha suspendido las garantías constitucionales.

El MNLA sitúa como origen de la actual insurrección el incumplimiento por parte de Bamako de los acuerdos establecidos ese año de 2006, que, a su vez, intentaban resolver el fracaso de los firmados en 1992. Según estos pactos, los militantes del entonces Frente Popular para la Liberación del Azawad (FPLA) debían quedar integrados en las fuerzas armadas de Mali, además de crear unidades especiales para desalojar a Al Qaeda y a otras bandas criminales de la zona.

Según denuncian los representantes tuaregs, en el año 2008 se formaron únicamente cinco de estos equipos sin el armamento adecuado para hacer frente al peligro yihadista, demostrando así que el Estado, “cincuenta años después de su creación, era incapaz de asumir su responsabilidad” para garantizar la seguridad de la población. Este hecho ha llevado al MNLA a tomar las armas de nuevo para expulsar a todos los que “ocupan ilegalmente este territorio, incluidos los terroristas de Al Qaeda”.

De acuerdo con  sus explicaciones, los integrantes del MNLA procederían del antiguo FPLA, de la Alianza por el Cambio Democrático y del Movimiento Nacional del Azawad, una asociación que, durante varios años, ha intentado negociar con el Gobierno central una autonomía para la región.

Imagen satélite de Mali con las dos zonas claramente diferenciadas: el Azawad al norte y Bamako al sur. / Wikipedia

El conflicto tuareg de Mali viene de lejos. De hecho, se podría considerar que estas revueltas no serían otra cosa que el último episodio de un secular enfrentamiento entre esta etnia y la población negra del sur, un choque cultural que se remonta a la desintegración  del Imperio Songhay a finales del siglo XVI.

El songhay fue el último gran imperio negro del África Occidental. Desapareció al ser derrotado por una expedición enviada por el sultán de Marraquech en busca de nuevos recursos y para controlar la ruta de la sal. Se da la circunstancia de que esa expedición estaba  integrada, fundamentalmente, por moriscos andaluces, al frente de los cuales se encontraba un prestigioso comandante, igualmente andalusí: Yuder Pachá, nacido en Cuevas de Almanzora (Almería) con el nombre de Diego de Guevara.

Yuder logró derrotar a los songhay, muy superiores numéricamente, debido a que buena parte de sus hombres iban provistos de arcabuces, armas de fuego que los songhay todavía no manejaban. Por esta razón, la nueva comunidad que se formó, al mezclarse estos moriscos con la población local, recibió el nombre de “los arma”, una élite social que durante siglos conservó costumbres y palabras castellanas vinculadas a su pasado andalusí.

A finales del siglo XVI y comienzos del XVII, “los arma” ya tuvieron que hacer frente a ataques tuareg. Desde entonces subsiste el enfrentamiento entre la cultura songhay (de raza negra, tardíamente islamizada y con una economía agrícola) y la bereber o tuareg (de tez más clara, depositaria del islam y de vida nómada).

Incluso, en base a esta población sedentaria y en respuesta al Pacto Nacional entre los tuareg y el Gobierno del año 1992, surgió en los años 90 la organización racista negra Ganda Koy. Los Ganda Koy se dedicaron a alimentar el odio contra los “orejas rojas” del desierto y colaboraron con fuerzas del Ejército de Mali en las operaciones de limpieza. Según datos de Amnistía Internacional, entre abril y agosto de 1994, un millar de personas fueron asesinadas, 400 de ellas en la ciudad de Tombuctú.

En sus comunicados, los Ganda Koy llamaban a combatir  “sin piedad a los terroristas, enemigos de la unidad nacional” y “a defender la integridad territorial de Mali”, unos argumentos que recuerdan a los esgrimidos por los actuales golpistas, quienes también acusan al presidente Amadou Toumani de negociar un acuerdo con los separatistas.


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