El sentido del humor de la revolución siria

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Un hombre duerme profundamente en su cama. Un segundo individuo entra por una puerta: acaba de regresar de una protesta. Levantando el puño derecho, grita Dios, Siria, Libertad o nada, el grito de guerra de la revolución siria. Tras volver a corear, se percata de la presencia de su compañero. Se acerca sigilosamente para recitar la consigna más cerca de sus oídos, y el hombre despierta bruscamente. "Qué Dios os dispare a todos, hijos de puta. ¿Qué horas son estas para manifestarse?"

Las carcajadas que suscita la escena son contagiosas: el público está completamente entregado al espectáculo. Se trata del inicio de la representación que los gemelos Malas, los hermanos Ahmed y Mohamed, de 29 años, realizaron en Moscú el pasado verano. Acababan de abandonar Damasco tras ser arrestados en una manifestación de artistas e intelectuales sirios que derivó en detenciones masivas, pero los jóvenes no estaban dispuestos a rendirse. Más bien, estaban dispuestos a crecerse. Terminaron representando Dos actores en tiempos de revolución en prisión, para sus compañeros de celda, consagrándose así como actores revolucionarios que terminarían abandonando Siria ante la persecución de las autoridades. "La actuación fue presenciada por partidarios y detractores del régimen y por personal de Seguridad", explicaron los hermanos a la prensa libanesa. "Cada vez que escuchaban la palabra presidente o régimen, los oficiales nos exigían que parásemos inmediatamente, lo mismo que cuando alguien reía o aplaudía".

Los actores habían descubierto su vocación pese a las circunstancias: por tres veces rechazaron su ingreso en la Escuela de Arte Dramático de la capital siria tras enamorarse de la escena en un taller de teatro. El hecho de no tener dónde actuar tampoco les resultó inconveniente: convirtieron una habitación de la casa paterna en el escenario donde representaban ante sus amigos. Y cada espectáculo incrementaba su popularidad underground, hasta el punto de que llegaron a representar Melodrama, 15 minutos de actuación, 122 veces en lugar de las 10 que tenían previstas. El espectáculo terminaría siendo premiado en el Festival de Teatro Libre de Amán, pero en Siria nunca pudo ser oficialmente presentado, dado que el Teatro Nacional nunca respondió a las peticiones de que abriera sus puertas a los gemelos.

Los gemelos Malas no son los únicos artistas a los que está forjando la revolución. Aunque resulte difícil de creer, las masacres, las detenciones y los combates no minan el sentido del humor y la creatividad de los sirios que siguen empeñados en derrocar el régimen de Bashar Assad. Las iniciativas para combatir a la dictadura se multiplican 15 meses después del inicio de la revuelta, y ante el desolador panorama actual (guerra civil, desidia internacional, infiltración de extremistas) el ingenio de individuos como los gemelos Malas se agudiza en un intento de suscitar sonrisas para combatir una realidad que les empuja más a la guerra civil que a la libertad.

Otro buen ejemplo de ello es el equipo de WikiSham, encargado de realizar El Palacio Presidencial, una serie de cortos animados emitidos en YouTube (ya han tenido 1,3 millones de visitas) que parodian al dictador y a su cohorte, así como a la represión militar que ahoga en sangre las manifestaciones. La identidad de sus responsables permanece en el anonimato, dado que sus integrantes están relacionados de una forma u otra con conocidos disidentes políticos bien conocidos en Damasco. "La idea nació a raíz de las brutales masacres que cometió y sigue cometiendo el régimen sirio", explica M. A., uno de sus integrantes, a cuartopoder.es mediante correo electrónico. "Queríamos aportar nuestro grano de arena en apoyo del pueblo sirio en su camino hacia la libertad y nos unimos a través de Internet".

"La idea la tuvo uno de nosotros y a continuación se formó el equipo de trabajo", prosigue M. A. "Llevamos ahora un año trabajando juntos. Es una de las cosas positivas de esta revolución: como sirios es la primera vez que nos sentimos unidos y trabajamos con un mismo objetivo. Lamentablemente, el régimen había conseguido durante mucho tiempo sembrar la desconfianza y el miedo entre los sirios, pero con la revolución eso se acabó".

En El Palacio Presidencial, personajes como el propio Bashar, el ministro de Exteriores Walid Moallem o la vicepresidenta Bouthaina Shaban salen caricaturizados justificando la represión y pergeñando las declaraciones con las que excusan ante los medios los desmanes del régimen. El hecho de que parte del equipo esté exiliado suele ser un elemento común entre las personas que han optado por la creatividad artística para exigir libertad.

Dibujo de Bassar Asad cedido por WikiSham.

El equipo de Masasit Mati -el nombre que recibe en árabe la pajita con la que se suele sorber el mate, bebida tradicional siria- tuvo que salir clandestinamente de Siria desmontando las marionetas con las que ridiculizaban al régimen cuando se sintieron en peligro. Las figuras de lata, papel y cola que representaban a Bishu (diminutivo de Bashar), el shabiha y el mundass (infiltrado, como el régimen califica a los manifestantes) viajaron con parte de ellos, quienes se definían en un intercambio de correos electrónicos como diez artistas sirios implicados desde el principio en las manifestaciones. “Queríamos poner nuestra creatividad al servicio de nuestro país, de forma que nos permitiera ser anónimos y rebajar el riesgo de ser descubiertos o capturados por el régimen o poner nuestras vidas y las de nuestras familias en peligro”, explicaban hace unos meses a esta corresponsal. Con casi 200.000 reproducciones de sus episodios en su canal en YouTube, los artistas pusieron fin a la serie tras las primeras 13 entregas y ahora buscan financiación para proseguir arrancando risas y demostrar que buena parte de la sociedad ha perdido el miedo.

Esa es sin duda una de las grandes novedades que implica la revolución siria: por primera vez en décadas, muchos han descubierto la libertad de poder denunciar los exabruptos del régimen. "Hace 15 mesessacar algo similar era impensable. Sólo hablar de ello habría sido una locura, un delito castigado por ley. Durante 40 años, la dictadura ha conseguido arrastrar al pueblo aplastando su humanidad y dignidad". A juicio del citado miembro del equipo de WikiSham, "el pueblo es hoy más fuerte, ha perdido el miedo y no parará hasta acabar con la dictadura"

En el caso de Hurriya wo Bass, Sólo Libertad, definida como un arma de burla masiva, actores exiliados dan vida a dos sirios de a pie que observan, entre el estoicismo, la indignación y el dolor, lo que ocurre en el país. La serie tiene un toque humorístico definitivo, pero también el fondo de tristeza lógico que desprenden los acontecimientos sobre el terreno. Distribuida exclusivamente por YouTube y con casi 700.000 visitas, su equipo, entre 10 y 15 personas, se animó a comenzar esta serie online “movidos por la sensación de que los artistas sirios están fallando a la hora de apoyar la revolución", según explicaba el equipo de Hurriya wo bas en una entrevista realizada por e-mail.

Eso, a pesar de que destacados artistas sirios denunciaron sin ambages la represión desde el principio, sufriendo por ello las represalias de la dictadura.El caso más conocido es el del dibujante más destacado del país, Ali Farzat, considerado una de las figuras culturales más famosas del mundo árabe. Farzat, de casi 62 años, considerado una de las 100 personalidades árabes más influyentes por la revista Time en 2011, no dudó en publicar desde el principio de la insurrección social caricaturas críticas contra la represión militar, a favor de los manifestantes y denunciando el silencio árabe e internacional.

En agosto de 2011, el dibujante fue asaltado en la céntrica Plaza de los Omeyas de Damasco por hombres enmascarados: le asaltaron y golpearon, le rompieron los dedos y le arrojaron a la carretera del aeropuerto, donde fue hallado por viandantes que le condujeron a un hospital. Los asaltantes le advirtieron de que "se trataba sólo de una advertencia" y le exigieron que no volviese a "satirizar a los líderes sirios". El caricaturista no perdió ni el valor ni el sentido del humor. "He nacido para ser dibujante, para oponerme, para tener diferencias con regímenes que hacen estas cosas terribles. A eso es lo que me dedico". Sus viñetas siguen arrancando medias sonrisas teñidas de amargura al tiempo que denuncia la brutal represión del régimen de Bashar Assad.

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