Deserciones militares y civiles arrojan luz sobre la represión militar en Siria

A medida que se alarga la revolución siria, ya convertida en una guerra civil, aumentan las deserciones en las filas del régimen de Bashar Assad. Esto ocurre en el ámbito militar pero también en el civil, permitiendo conocer testimonios que arrojan luz sobre la lealtad de parte de las Fuerzas Armadas y de la población hacia la dictadura.

Uno de los casos más recientes ha sido el del periodista Ghatan Sleiba, reportero de Al Akhbariya, un canal de televisión privado pero afín al Baaz sirio, que escapó a finales del mes de junio hacia Turquía, desde donde hoy explica cómo trabajan los informadores en la dictadura. “Lo que hacemos no es informar, si no simplemente actuar como la lengua del régimen”, ha declarado a medios locales.

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“Antes de entrevistarla, hablamos con la gente”, ha confesado Sleiba. “Los ciudadanos sirios no saben qué decir, así que les decimos qué tienen que decir en televisión para tener el mejor reportaje que podamos. Como periodista, mi éxito depende de que mi noticia sea emitida en el canal. Hago mi informe y lo presento a los ciudadanos, a la nación. Por ejemplo, decimos a los entrevistados que nos digan que apoyan a Bashar Assad y que siempre estarán de su lado. Y ellos lo aceptan y lo dicen. Lo hacemos para agradar a las autoridades que nos ven”.

El periodista también ha explicado que el Baaz, partido único en Siria, suele nombrar a un representante por canal para que “dé órdenes en su nombre. Generalmente se pone en contacto con nosotros mediante una oficina de información, nos dice que vayamos y tomemos imágenes de un determinado acontecimiento, que fotografiemos a los mártires, etc. Producimos noticias según lo que los dueños del canal desean. Si hago un informe que represente su opinión, obtengo una gratificación. Si hago uno basado en mi opinión sin representar su punto de vista, no se emite”.

Sleiba afirma ser el “primero y probablemente el último” desertor de su canal, que fue atacado por hombres armados en el primer y explícito ataque contra un medio afín al régimen. Dice que que “hay otros a los que les gustaría huir, pero hay más que aman al régimen desde lo más profundo de sus corazones”. Lo cierto es que sólo se recuerda un precedente de huída de periodistas: el caso de un camarógrafo de Ad Dunia TV que escapó a mediados de diciembre para denunciar los montajes que se veía obligado a realizar en favor de la dictadura.

Si está aumentando el número de refugiados que abandonan Siria ante la crudeza de la represión gubernamental y los combates con el Ejército Libre (la facción desertora bajo la que se amparan la mayoría de los grupos armados) la cifra de militares que encuentran refugio en Turquía se ha disparado. Sólo en una semana del pasado mes de marzo, 50 oficiales desertaron. El pasado miércoles 4 de julio, se hacía público que un general sirio acompañado de ocho de sus hombres había encontrado asilo en el país vecino: se convertía así en el decimoquinto general en refugiarse en Turquía.

Sólo una semana antes, otro general acompañado de 33 de sus hombres, entre ellos dos coroneles y dos comandantes, había realizado el mismo trayecto. La deserción más numerosa se produjo cuando un general responsable de una división de artillería destacada en la provincia de Homs hacía lo propio junto a 84 uniformados. Estos gestos de abandono hacen pensar que las Fuerzas de Seguridad sirias se desmoronan más rápido de lo que se estima en Occidente, pero también que el régimen podría recurrir a su Fuerza Aérea para poner fin a la insurrección interna empleando la aviación en un giro bélico que generaría un altísimo número de víctimas.

El Ejército sirio está agotado después de un año y cuatro meses. Saben que están matando a sus hijos, y no hay humano que pueda hacerlo”, explicaba uno de los generales de brigada desertores, Ahmad Berro, tras abandonar el país a principios de junio. “El Ejército ya está destruido, física y mentalmente. El Ejército no controla completamente el territorio sirio, y por lo que puedo ver, el 60% está fuera del control del régimen”. En cuanto a la represión, este militar –como llevan haciendo los desertores desde el verano pasado, cuando los uniformados se organizaron para plantar cara a la dictadura- confirmaba los crímenes contra civiles. “No puedo aguantar más los crímenes del régimen, está matando a niños, mujeres y ancianos. Los mata a corta distancia. Se les ejecuta sobre el terreno, la gente no muere en intercambios de disparo como aduce el régimen”.

La deserción más espectacular fue probablemente la huída del coronel Hassan Merhi al Hamade, piloto del MIG-21 que pidió asilo en Jordania hace unas semanas. Pero el testimonio más esclarecedor ha provenido de otro coronel, Abdelhamid Zakaria, un médico militar empleado en el Hospital de Aleppo que desertó a Turquía junto a su familia y otro importante número de uniformados.

En declaraciones a la prensa internacional desde Estambul, Zakaria ha relatado el trato que se administra en los hospitales públicos a los heridos, militares y civiles. Sobre los primeros, dijo que la mayoría de los heridos “fueron disparados desde atrás cuando se negaron a matar civiles”, y sobre los segundos describió un siniestro escenario ya confirmado por previos informes de ONG, medios internacionales e incluso la ONU en los que se describe las clínicas como centros de tortura.

“Sólo son tratados cuando el régimen les necesita para posteriores investigaciones”, declaró, mientras que en caso contrario “se les mata directamente de diferentes formas”, básicamente mediante inyecciones destinadas a producir comas irreversibles o ataques cardiacos. “Son enviados a una estancia secreta a la que apodamos la habitación oscura, donde son torturados, eliminados o se les deja morir”.

“Aquellos a los que se les inyecta son afortunados en comparación con los que se deja desangrar hasta que mueren en la oscuridad”, ha afirmado. El coronel asegura “haberlo visto con mis propios ojos: el personal que les inyecta son enfermeras y doctores que eran amigos míos". En otro testimonio, publicado en el Telegraph británico, un médico desertor detallaba la visita de tres observadores de la ONU a uno de los hospitales nacionales. “Llegaron con 40 miembros de la Seguridad siria. Los guardias crearon confusión de forma que nadie fuera entrevistado ni se tomaran fotos. Me recuerdo aquel día escribiendo a mi mujer y diciéndole que me sentía perturbado por lo que me había visto obligado a hacer. Le dije que había drogado a 52 personas”.