El humor como forma de resistencia

Uno de los últimos cortos animado emitido en Youtube por el equipo de WikiSahm.

Un estadounidense, un francés y un sirio terminan en el infierno. Apesadumbrados por su destino, piden al diablo realizar una llamada telefónica para despedirse de sus familiares, a lo cual éste accede con agrado. El primero se demora unos 15 minutos, y al terminar el demonio le pide 1.000 dólares a cambio de la llamada. El galo, alarmado por los precios que se estilan en el inframundo, limita su comunicación a 10 minutos, pero la factura no baja de los 1.000 euros. El sirio llama a su muy numerosa familia, y para cuando se ha despedido de padres, hijos, esposa, hermanos, tíos y sobrinos han transcurrido 30 minutos. «Un dólar», dice el demonio, para indignación de los occidentales. «Es que era una llamada local»,se justifica.
A mayor nivel de dolor, sufrimiento y frustración, mayor sentido del humor desarrollan las personas que las padecen como herramienta para combatir la presión. Esa parece ser la conclusión de las conferencias celebradas estos días en la capital libanesa dedicadas a Humor, Sufrimiento y Resistencia en la que varios expertos convocados por el Instituto Oriental de Beirut desgranaron el auge del humor árabe en estos tiempos convulsos donde el futuro parece más incierto que nunca.

«Las bromas pueden considerarse un indicador de los cambios políticos», explicaba Sara Binay, historiadora e investigadora del Instituto que ha dedicado parte de su carrera a investigar el humor político en el Líbano. También pueden ayudar a entender la estructura social y la situación política de un país, dado que ironizan sobre los puntos flacos del sistema. En democracias, la libertad de expresión surte de humor a los ciudadanos pero, en dictadura, ironizar sobre el sistema opresor puede implicar la muerte. Los árabes suelen reírse de sus desgracias en privado, para evitar represalias. De ahí que las primeras bromas públicas, extendidas como la pólvora en las redes sociales, que surgieron en Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Siria o Bahréin a costa de sus regímenes cuando estallaron las revoluciones implicasen una perceptible fisura en el sistema.

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En el lecho de muerte, Hosni Mubarak es visitado por Azrael. «Debes despedirte de los egipcios», le dice el ángel de la muerte al rais. «¿Por qué? ¿A dónde se van?». En Egipto, el desafío humorístico quedó plasmado en las pintadas en los muros. «Humor e insolencia son los dos elementos principales que hacen que el mensaje de los graffiti sea extremadamente afilado y efectivo», argumenta la socióloga egipcia Mona Abaza, de la Universidad Americana de El Cairo. En una de las pintadas, Nefertiti lleva máscara antigás. En otra, un militar con siniestra sonrisa de jocker maneja cuatro esqueletos como si fueran marionetas. Los militares, explica la socióloga, suelen repintar inmediatamente los muros para minimizar la difusión del mensaje inconformista y revolucionario, vehículo del malestar social. Solo que los activistas también vuelven a repintarlo: «Felicidades por la nueva pintura», reza irónico uno de los mensajes sobre un muro recién encalado. «El humor forma parte de la naturaleza de El Cairo, de la vida y de la revolución, y por eso es tan visible», sostiene Abaza.

Los sociólogos, artistas, académicos y activistas que participaron en las charlas -incluidas en un congreso sobre el ritmo cultural de la región árabe- recordaron que el humor es una forma de resistencia más hacia la opresión de las dictaduras, así como una forma de destilar la frustración ante realidades impuestas. En el Líbano, donde no hay un régimen dictatorial pero sí una democracia fallida, vendida a poderes vecinos, las chanzas son algo común. «¿Por qué el ex presidente Emile Lahoud lleva siempre dos rollos de papel higiénico al baño?«, reza uno de los chistes más extendidos. «Porque tiene que enviar una copia de cada papel a Damasco».

En el caso sirio, es destacable –como ya relatamos en cuartopoder.es– el número de iniciativas artísticas en clave de humor que combaten el horror de la represión y la guerra civil. El sentido del humor de los sirios -especialmente de los ciudadanos de Homs, famosos en la región por sus chistes- se sigue percibiendo en las conversaciones con activistas y refugiados, y es una constante en las famosas pancartas de la revolución de Kafranbel, donde el ingenio se mezcla con la provocación. «Estamos preocupados por la situación actual porque la situación actual es preocupante«, reza una, burlándose de las vacuas declaraciones de los líderes internacionales cada vez que se refieren a la sangría siria. Otra decía: «Estamos preocupados por Ban Ki moon porque lleva dos semanas sin preocuparse».

Para Lisa Weedeen, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago, el humor en el contexto de los levantamientos sociales árabes implica «un alivio en tiempos difíciles. Produce solidaridad y alivio y genera la sensación de que las cosas pueden ser de otra manera». «Reírnos de quienes nos llevan a la desgracia nos hace sentirnos más fuertes», añade la politóloga. Sara Binay considera que existe un humor como forma de protesta, pero es escéptica acerca del alivio psicológico que reporta ironizar sobre la tragedia. Al final del día, la realidad no tiene ninguna gracia.