La sociedad mexicana no se cree la muerte “por tercera vez” del líder de 'Los Zetas'

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Daniel D. Carpintero *

Fotografía cedida por la Marina Armada de México (SEMAR) del supuesto cadáver del líder del cartel de Los Zetas, Heriberto Lazcano Lazcano, abatido este domingo por militares. / Efe

MÉXICO DF.– La Marina de México anunció el lunes 8 de octubre en un comunicado que había matado a Heriberto Lazcano Lazcano, el líder de la organización criminal Los Zetas, en la localidad de Progreso, estado de Coahuila. La Marina sacó fotos y tomó huellas dactilares del cadáver antes de concluir que había «fuertes indicios» de que se trataba de El Lazca. Pero Lazcano ya había sido dado por muerto tras un enfrentamiento con miembros del Ejército en 2007 y otra vez en 2011.

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El anuncio de la muerte de El Lazca se hizo el lunes. El del robo del cadáver de la funeraria por un comando armado, el martes. ¿Por qué, si los dos sucesos ocurrieron el domingo? Por otra parte, teniendo en cuenta que Lazcano era el segundo criminal más buscado de México —detrás de El Chapo Guzmán— y que las autoridades llevan años analizando fotografías suyas, ¿cómo es posible que los miembros de la Marina no lo reconocieran al verlo, sobre todo si los hechos tuvieron lugar en Coahuila, la base de operaciones principal de Los Zetas? Igualmente inverosímil es que las autoridades locales a las que lo entregaron tampoco supiesen quién era. Por último, ¿qué hacía la Marina patrullando a cientos de kilómetros de la costa sino precisamente buscar a Lazcano, al que luego no reconocieron?

En cuanto a la estatura de El Lazca, las versiones son múltiples. Según la DEA, mide un 1,72. Según la Marina de México, 1,60. Según José Luis Vergara, el portavoz de la Secretaría de la Marina —en unas declaraciones de este miércoles—, 1,80. Según Felipe Cobos Avilés, el director de Servicios Periciales de la Procuraduría del Estado, 1,73 (éste último es el dato de los estudios forenses que se le practicaron al cadáver, o eso se ha dicho).

Con todo, el presidente saliente de México, Felipe Calderón, felicitó el martes en Guanajuato a la Marina por el éxito de la operación. La caída del jefe de Los Zetas sería el mayor triunfo de la guerra del presidente contra el narco y un golpe de efecto trepidante justo antes de abandonar el poder.

Mientras tanto, la agencia antidrogas estadounidense (DEA) aún no ha confirmado la muerte del narcotraficante, quizá para evitar que suceda lo mismo que el 21 de julio pasado, cuando el organismo felicitó al presidente Calderón por haber capturado al hijo de El Chapo Guzmán horas antes de que se supiera que el detenido no era el famoso delincuente del cártel de Sinaloa sino otro individuo.

El baile de informaciones contradictorias sobre la muerte del jefe de Los Zetas parece no tener fin. La única prueba que podría terminar con la incertidumbre —el cadáver— ha desaparecido. Es difícil saber si se trata de un éxito del gobierno de Calderón o de un gigantesco equívoco.

La sociedad duda de que Lazcano esté realmente muerto. No se entiende que el cadáver del líder de la organización criminal más sanguinaria de México fuera entregado a las autoridades locales. El episodio podría inscribirse en una larga historia de detenciones falsas y de colaboración de las fuerzas de seguridad con los grupos de narcotraficantes. Si la caída de Lazcano fuese cierta sería previsible que se desencadenase una batalla por el poder dentro de la banda criminal. Su sucesor podría ser Miguel Ángel Treviño Morales (Z-40), un ex asesino a sueldo que según algunas fuentes podría haber arrebatado ya el mando a Lazcano. Se sabe de Treviño que tiene por costumbre meter a sus enemigos en bidones llenos de gasolina y prenderles fuego.

Lazcano llegó al poder de Los Zetas después de la muerte en 2002 de Arturo Guzmán Decena (Z-1) y de la captura en 2004 de Rogelio González Pizaña (Z-2). Los tres son ex militares que desertaron o pidieron la baja en el Ejército para entrar a trabajar en 1998 a las órdenes del entonces jefe del cártel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén. Los Zetas nacieron como el brazo ejecutor de dicho cártel. A Lazcano se le atribuyen decenas de asesinatos como gatillero. Más tarde Los Zetas se constituyeron como grupo independiente —aunque siguieron colaborando con el cártel del Golfo— y entre 2008 y 2010 se produjo la escisión definitiva de Los Zetas, que condujo a una guerra brutal en Tamaulipas entre los dos grupos de narcotraficantes que dejó desierta y destruida la zona fronteriza del estado.

Las aportaciones principales de Lazcano son la militarización de la banda —dividida en diversas jerarquías de criminales, que actúan con el orden y la disciplina de un ejército— y la diversificación del negocio. Los Zetas no se dedican sólo al tráfico de drogas. Entre las modalidades de delitos que practican figuran el secuestro, la extorsión (tanto a empresarios como a grupos criminales menores), el tráfico de órganos, la venta de coches robados y el asesinato intimidatorio. Antes de que aparecieran había ciertos códigos entre las bandas de narcos. Por ejemplo, se excluía de la guerra a las mujeres. Pero Los Zetas transgredieron todas las normas y con ellos comenzó una epidemia de violencia de un tipo desconocido hasta su llegada. Se empezó a decapitar a las víctimas y se las torturaba empleando métodos que sólo pueden entenderse desde una perspectiva psicopática. El principal instrumento de Los Zetas es el horror. Un horror que surte efecto tanto entre los miembros de la banda (que saben cuáles serán las consecuencias si no obedecen a los capos) como en una sociedad que tiembla con sólo oír la última letra del alfabeto. Los Zetas son el segundo mayor cártel de México (detrás del de Sinaloa, dirigido por El Chapo Guzmán) y su influencia se extiende por 18 estados que abarcan toda la zona Este del territorio mexicano.

De Lazcano se dice que tenía tigres y leones en su rancho. Los policías federales que capturaba eran arrojados vivos a las fieras. Se cuenta que le gustaban las mujeres rubias y que era aficionado a las carreras de caballos y a la caza de ciervos. Pese a su fama de individuo sanguinario, era un hombre religioso. Mandó levantar una iglesia en Tezontle, una colonia de Hidalgo. Se atribuyen a Lazcano las ejecuciones de 72 inmigrantes en Tamaulipas y la muerte de 54 personas en los ataques al Casino Royal de Monterrey. La recompensa por su captura era de 30 millones de pesos en México y de 5 millones de dólares en Estados Unidos.

(*) Daniel D. Carpintero es periodista.
2 Comments
  1. Ramon says

    Gracias por esta crónica tan interesante. Ese gran país no se merece lo que está ocurriendo con la violencia. Magní

  2. Reca says

    Más raro ni el diablo. Se supone que el jefe z estaría fichado e identificado. ¿A quién mataron? ¿No sería un pinche ?

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