MÓNICA G. PRIETO | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 21:00

Imagen de una de las devastadas calles de la ciudad siria de Alepo. / Reportaje gráfico: Mónica G. Prieto

ALEPO (SIRIA).– Desolación. Es la palabra que mejor describe a Alepo, capital comercial siria y segunda ciudad del país, donde la guerra se instaló a finales del mes de julio para nunca marcharse. Hoy, el conflicto se vive especialmente en los barrios en disputa, donde los combatientes amparados por el paraguas del Ejército Libre de Siria se han hecho fuertes, pero en el resto de la ciudad la muerte acecha en forma de bombardeo y disparo de francotirador.

La aviación ha hecho estragos en edificios civiles. “Bombardean colegios, mezquitas, viviendas… No hace falta que haya ninguna posición del ELS cerca para que nos bombardeen”, lamentaba un maestro. A eso hay que sumar carencias básicas: el suministro de agua y de electricidad suele ser interrumpido a voluntad por la dictadura para castigar a sus ciudadanos. Medicamentos y medicinas escasean pero aún son accesibles: el principal problema es que la guerra ha acabado con los negocios y, de esa forma, con los trabajos. La inflación se ha disparado y pocos son quienes siguen teniendo fondos para vivir cada día.

Se estima que las colas del pan, donde la población intenta aprovisionarse cada día, han sido bombardeadas en 90 ocasiones sólo en la ciudad de Alepo. Con tantas panaderías destrozadas, cada vez son menos los establecimientos que siguen produciendo el básico alimento y, por tanto, más clientes esperan a sus puertas. Algunos ataques se han cobrado decenas de víctimas, otros sólo heridos. Incluso adquirir pan se ha convertido en una peligrosa aventura obligatoria para las familias sirias: la única opción para evitar la temida cola es pagar el doble del precio del producto a quienes revenden en el mercado negro.

En los barrios más recientemente capturados por el ELS, los cadáveres permanecen en las calles, muchas veces por miedo a los francotiradores del régimen que suelen disparar, según los vecinos, a quienes tratan de auxiliar a los heridos. Es imposible calcular el número de víctimas, como imposible es valorar los daños materiales causados por los bombardeos. La reconstrucción de Siria será terriblemente costosa.

Los antiguos autobuses de línea han sido habilitados como parapetos en las zonas controladas por tiradores del Ejército de Assad con el objetivo de impedir la visibilidad y facilitar el tránsito de los civiles. Miembros del ELS también han colgado grandes cortinas plásticas en algunos sectores, como la Ciudad Vieja, con el mismo objetivo, ante la escasez de vehículos grandes que puedan cumplir esa función.

Si los bombardeos no distinguen objetivos civiles de militares, tampoco los rebeldes hacen diferencias. Sedes públicas y edificios de viviendas en los barrios más afectados -donde la población ha huido- como Saif al Dawla, Salahadin, Midan o Karm al Jabel han sido convertidos en posiciones por los combatientes, que improvisan medios para hacer frente a la imponente maquinaria del régimen sirio pese a una flagrante carencia de armas y munición.

Este tirachinas gigante con el que los rebeldes de la Ciudad Vieja lanzan pequeños cartuchos de explosivos contra la sede de la Gobernación Militar, en manos de las fuerzas regulares y situada a apenas 20 metros del lugar donde se captó la fotografía, es un buen ejemplo de cómo se suple con imaginación la desproporción de fuerzas. Sobre el terreno resulta sorprendente que los rebeldes mantengan el pulso militar por Alepo tras casi cuatro meses de batallas.

 

Las manifestaciones no han cesado. Se calcula que más de 50 protestas como la que se ve en la imagen se celebran cada viernes en Aleppo, y unas 500 en todo el país, si bien la violencia ha eclipsado el movimiento pacífico que sigue fuertemente arraigado en Siria. Una semana después de que fuese tomada esta fotografía, en el barrio de Bustan al Qasr, la misma protesta era bombardeada por el régimen. Entre seis y ocho personas, entre ellos conocidos activistas, murieron en un ataque que dejó decenas de manifestantes heridos.

Con la vida paralizada por la guerra, las iniciativas privadas se multiplican para recobrar cierta normalidad. Algunas viviendas privadas han sido habilitadas por sus habitantes como escuelas para permitir a los niños proseguir con la educación. En algunos barrios, los activistas que fundaron la revolución con sus manifestaciones organizan recogida de basuras para aliviar una situación crítica, ya que los sistemas de recogida municipales dejaron de funcionar con el inicio de la ofensiva.

Esa es la razón por la que algunos lugares luzcan como el de la fotografía: enormes basureros improvisados en rotondas que amenazan con generar epidemias entre la población. Considerando que Alepo ha sido de las últimas ciudades que se han sumado a la revolución siria que degeneró en guerra civil, esta situación se puede hacer extensible a buena parte del país. En Siria, la población vive entre bombas y escombros.

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  • Entretierras

    Y nadie en el globo se predispone a expulsar al sátrapa … http://entretierras.net/2012/09/28/prefieren-no-mirar/

  • Beaufort

    ¡Hola Monica!

    Enhorabuena por tu magnifico blog. ¿Podrías contarnos algo sobre los chechenos que están combatiendo en Siria? Gracias

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