Erdogán negocia con el PKK la autonomía local como solución al problema kurdo

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Ahmed Turk, el diputado kurdo que pudo entrevistarse con Abdulá Ocalán. / Manuel Martorell

Nunca había surgido en Turquía una ocasión como la actual para resolver el problema kurdo, el principal del país desde que en agosto de 1984 se alzara en armas el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Tayip Erdogán, el primer ministro islamista, no solo ha dado el visto bueno a la reanudación de las conversaciones con la guerrilla kurda, sino que en estas interviene directamente el máximo líder del PKK, Abdulá Ocalán, condenado de por vida en la prisión de Imrali, donde se encuentra encarcelado desde 1999 tras serle conmutada la pena capital por una sentencia a perpetuidad.

No cabe duda de que para llegar a esta situación han jugado un papel clave la fuerte ofensiva guerrillera de este verano, la posterior huelga de hambre en decenas de prisiones así como los últimos fracasos electorales del gubernamental Partido del Desarrollo y la Justicia (AKP) en los distritos de mayoría kurda. Da la impresión de que no solo el AKP sino también sectores del Ejército y de la Policía consideran necesarias nuevas vías para resolver un conflicto que hipoteca el futuro del país.

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En esta nueva ronda de negociaciones está teniendo un especial protagonismo Ahmed Turk, un veterano político kurdo que el pasado 3 de diciembre pudo entrevistarse, acompañado por el también parlamentario Ayla Akat Ata, con Abdulá Ocalán en la isla-prisión de Imrali, situada en el mar de Mármara cerca del estrecho del Bósforo.

Ninguno de los dos políticos ha dado muchos detalles sobre la entrevista y tampoco lo han hecho el Partido de la Paz y la Democracia (BDP), considerado por el Gobierno turco el “brazo político” del PKK, ni la propia guerrilla. Sin embargo, Murat Karayilán, principal portavoz del PKK, ha dejado claro en unas declaraciones a la agencia Firat News que “sería una pena que el Gobierno retrasara el proceso (de paz) intentando una solución sobre el PKK en vez de resolver el problema kurdo”.

Con estas palabras, Karayilán ponía el dedo en la llaga. Si, como han recogido algunos medios turcos e internacionales, el único objetivo de Ankara es que el PKK abandone las armas, nada cambiará y esta guerra no declarada, que se ha cobrado ya más de 40.000 vidas, continuará como hasta ahora. Sin embargo, si el Gobierno acepta cambios sustanciales para reconocer los derechos políticos y culturales del pueblo kurdo, que en Turquía representa más de la cuarta parte de la población total, entonces nos encontraríamos, como se suele decir, ante el principio del fin.

Para ello el Estado turco tendría que aceptar unas reivindicaciones básicas, algunas de ellas ya planteadas en la masiva huelga de hambre en las prisiones: el reconocimiento oficial de la lengua materna en la enseñanza, una autonomía real a nivel local y provincial, y una mejora sustancial en las condiciones penitenciarias de Ocalán.

Dependiendo de la dirección que tomen las negociaciones, se verá si nos encontramos ante un verdadero intento de pacificación o solamente ante una nueva treta del Gobierno turco para ganar tiempo. Por eso, Murat Karayilán también ha declarado que en los próximos días se verá si estas conversaciones evolucionan realmente hacia un proceso para la resolución global del conflicto.

La importancia de estos contactos viene dada tanto porque han sido reconocidos públicamente por Erdogán como porque en ellos interviene Hakan Fidan, uno de los máximos responsables de la Organización Nacional de Inteligencia (MIT, servicios secretos) y porque, según ha informado la prensa turca, dirigentes del BDP se han trasladado tanto a Europa como a Irak para hablar con los dirigentes del PKK.

De forma oficial, los principales partidos parlamentarios han aceptado las nuevas conversaciones. Para el AKP hay que actuar “con realismo y paciencia”, dejando así entrever que la negociación va ahora en serio. Para el socialdemócrata Partido Republicano del Pueblo (CHP), principal oposición al AKP en el Parlamento, el Gobierno no debe repetir los errores del pasado y debiera aprovechar esta oportunidad para “resolver el problema con inteligencia, sentido común y (teniendo en cuenta) la experiencia histórica”. Ahmed Turk, por su parte, ha pedido a todos “que hagan un esfuerzo y pongan de su parte lo que puedan para encontrar una solución”.  La única voz discordante en el panorama político de Turquía ha sido la del ultraderechista Movimiento de Acción Nacional (MHP), para quien, con estas conversaciones, el Gobierno “se ha rendido ante el terrorismo y el separatismo, y ondea bandera blanca".

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