El PKK cree que Francia está desviando la atención en el triple asesinato de París

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Multitudinario recibimiento a los tres féretros, cubiertos con la bandera del PKK y sobre catafalcos con el color lila del feminismo, en Diyarbakir. / Actualidad Kurda

En medios directamente relacionados con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y con las organizaciones que, bajo su influencia, actúan tanto en Turquía como en Europa, se está extendiendo la idea de que la Policía francesa ha potenciado desde el principio una pista falsa en el triple crimen perpetrado en París el pasado día 9, que no está haciendo verdaderos esfuerzos para detener a los asesinos y que, por lo tanto, este hecho podría quedar impune.

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En estos medios sorprende la difusión de datos equivocados que  han reforzado, sobre todo en los medios de comunicación, la “pista interna” dentro del PKK como causa principal en el asesinato de Sakine Cansiz, Fidan Dogan y Leyla Soylemez. En concreto, se especulaba con que se podría tratar de sectores opuestos a la negociación con el Gobierno, de “ajustes de cuentas” por el cobro del “impuesto revolucionario” o, incluso, de una venganza personal.

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El primero de estos errores fue afirmar que al Centro de Información del Kurdistán, donde se cometieron los crímenes, se entraba tecleando un código solo conocido por quienes usaban el local, lo cual demostraría que existía una estrecha relación entre el autor o los autores de los disparos y las víctimas. Ese código “secreto” existe pero con él se accede al conjunto del edificio y no al Centro de Información, que es uno más entre los pisos u oficinas ubicadas allí. Por lo tanto, ese código era conocido no solo por la totalidad de los residentes sino también por quienes, no viviendo en este lugar, suelen acceder diariamente y con regularidad al mismo.

Así lo expresó personalmente la diputada Gulten Kisanak, amiga y compañera de prisión de Sakine Cansiz, al ministro galo de Interior cuando viajó a París para encargarse del traslado de las tres activistas a Diyarbakir, donde el 16 de enero recibieron uno de los más multitudinarios e impresionantes homenajes que se conocen en Turquía antes de ser enterradas, respectivamente, en Dersim, Elbistán y Mersín.

Kisanak, durante su estancia en París, también manifestó sus dudas sobre la diligencia con que está actuando la Policía al explicar que este Centro de Información, como cualquier asociación vinculada al PKK en Europa, estaba sometido a vigilancia no solo por los servicios secretos franceses sino también por los turcos, como suele ser habitual debido a que este partido es considerado oficialmente por la Unión Europea una organización terrorista.

Pero lo que ha hecho saltar las alarmas porque refuerza falsamente la tesis de que es un asunto interno fue la información facilitada por la Fiscalía del Estado en la conferencia de prensa celebrada el día 21, en la cual se presentó al único imputado -Omer Guney- como militante del PKK y “chófer” de las víctimas.

La realidad resulta ser muy distinta, según han explicado posteriormente no solo diferentes responsables vinculados a asociaciones kurdas o el PKK sino los propios allegados al acusado. Por ejemplo, su tío Zekai Omer ha explicado a la cadena de televisión CNN Turk que su sobrino no pertenecía a esa organización, que la familia “no tenía la menor simpatía” hacia el PKK y que, en su opinión, están intentando endosarle estos asesinatos.

Ficha de inscripción de Omer Guney en el Centro Cultural Kurdo. / Dicle News

También salió al paso de las afirmaciones realizadas por la Fiscalía francesa Mehmet Ulker, presidente de la Federación de Asociaciones Kurdas de Turquía, quien ha aclarado que Omer se había inscrito en el centro cultural kurdo de Villiers-le-Bel el 18 de noviembre de 2011, que no tenía cargo alguno y que tampoco era el “chofer” de Sakine, como se ha afirmado.

En todo caso, Ulker reconocía que Omer había ayudado como traductor en varias gestiones debido a que hablaba bien francés. Ni esta asociación ni sus dos compañeros de piso tenían constancia de que participara en actividades relacionadas con el pueblo kurdo antes de su ingreso el centro cultural de Villiers a finales de 2011. “Se trata de un crimen político y tiene que ser aclarado. El Estado francés está siendo observado por el pueblo del Kurdistán”, dice Mehmet Ulker en su declaración.

Igualmente han negado su militancia en el PKK varios dirigentes de este partido, como Murat Karayilán, portavoz de esta organización, o Remzi Kartal. Por ejemplo, Karayilan, en declaraciones a la agencia Firat News asegura que, precisamente por motivos de seguridad y para evitar posibles infiltraciones de los servicios secretos, resulta del todo imposible que un activista sea admitido en tan poco tiempo.

Sozdar Avesta, otra de las dirigentes del PKK, ha explicado que Sakine Cansiz tenía previsto viajar a las bases de la guerrilla en el norte de Irak solo tres días después del asesinato, por lo que se especula con que los autores pudieran conocer esta circunstancia y precipitaran la acción contra ella. Sozdar Avesta no duda en señalar de nuevo a los militares ultranacionalistas turcos asociados a redes conspiratorias como Gladio o Ergenekon, responsables de varios crímenes semejantes.

Este mismo mes de enero se han conocido dos nuevos casos de esta implicación. En primer lugar el Tribunal Supremo de Turquía ha ordenado reabrir la causa por el asesinato de Hrant Dink, director de la revista armenia Agos, que fue tiroteado el 19 de enero de 2007. Como autor de los disparos fue condenado un joven ultranacionalista, quien, según el juez, actuó de forma individual sin que existiera organización alguna tras el crimen. Ahora el Supremo asegura que hay nuevas y claras evidencias de la participación de los servicios secretos, por lo que ha ordenado a la Policía reiniciar las investigaciones.

Prácticamente al mismo tiempo, el 18 de enero, otro tribunal implicaba al general retirado Hursit Tolon, encarcelado por el “caso Ergenekon” y ex responsable de la denominada Fuerza Blanca del Departamento de Operación Especiales del MIT (servicios de inteligencia), en el asesinato de tres empleados de la Editorial cristiana Zirve, entre ellos el ciudadano alemán Tilman Geske. Como en el caso anterior, el juicio descartó la participación de los servicios secretos y condenó del crimen a otro joven ultranacionalista. Ahora, el caso, supuestamente aclarado, se tendrá que volver a abrir.

2 Comments
  1. enante says

    Parece mentira pero aún en los países de larga tradición democrática, las alcantarillas nunca están limpias del todo. Siempre hay poderes ocultos atendiendo a intereses inconfesables. La república francesa debe esclarecer totalmente este repudiable crimen.

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