MÓNICA G. PRIETO | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 21:00

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Portada de 'El coche de Intisar', de Pedro Riera y Nacho Casanova. / Páginas del cómic cedidas por los autores

Intisar es una profesional de la salud adicta al tabaco, a la velocidad y a la música. Embutida en vaqueros ajustados y siempre acompañada de su móvil, da calabazas a pretendientes insistentes y ha descubierto su verdadera pasión en la velocidad y, en concreto, en las carreras improvisadas de coche que le permiten librar sus piques automovilísticos. Podría representar a cualquier mujer transgresora si no fuera por una pequeña diferencia estética: cada vez que se mete en su coche, debe hacerlo oculta tras un niqab, que ella emplea como una forma de protección. “Sé que debería tomármelo con más calma… Lo sé. Pero no lo puedo evitar. Si un tío se pica conmigo, he de seguir hasta el final. Aunque me mate. En caliente nunca pienso en las consecuencias. Es estúpido e infantil, pero es más fuerte que yo. Y qué duda cabe que es un placer derrotar a un hombre en su propio terreno”, reflexiona tras casi accidentarse tras una de sus carreras.

Intisar es la protagonista del cómic de Pedro Riera y Nacho CasanovaEl Coche de Intisar, Editorial Glénat- que acaba de recibir el premio France Info 2013 al mejor cómic de actualidad y reportaje, un galardón que en ediciones anteriores recayó el trabajos tan reconocidos como Persépolis, de Marjane Satrapi, o Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco. La emisora francesa reconoce así el valor de una novela gráfica sorprendente, fresca y precisa que narra las vicisitudes de las mujeres en Yemen -el país más pobre pero también uno de los más prometedores de Oriente Próximo, especialmente tras la revolución popular que logró la caída del dictador– cuyo rigor ha sido destacado por el jurado dado que “permite descubrir una sociedad compleja y poco conocida a través de la vida íntima de sus mujeres que, frente a la opresión, despliegan una inmensa inteligencia”.

Eso les lleva, en muchas ocasiones, a ganar pequeñas batallas contra los hombres sin que éstos se percaten de lo sucedido. El niqab, velo que sólo deja descubiertos los ojos, les permite vivir experiencias -desde mendigar para comprobar cuánto dinero se puede sacar pidiendo unas monedas para luego irse de compras hasta ponerse al volante sin ser descubiertas por sus familiares- que serían impensables a rostro descubierto. El velo es una fachada de la que se aprovechan –“¿quién nos va a reconocer con el disfraz completo de ninja?”, se interroga en una de las viñetas- y en ocasiones, pese a lo opresor que resulta, es considerado un refugio de libertad en una sociedad demasiado conservadora. “A algunas les obligan a ponérselo sus padres o sus maridos, pero muchas lo hacen para que no las incordien por la calle. Si no lo llevas, algunos hombres piensan que eres una mujer fácil y te hacen proposiciones. Otros te insultan, es muy desagradable. Por eso las mujeres aquí se sienten más libres con el niqab, porque pueden ir por la calle sin que las molesten”, reflexiona Intisar en un momento del libro.

Una estancia de un año en Yemen bastó a Pedro Riera, autor de los textos y responsable de la idea, para pergeñar lo que terminaría siendo El coche de Intisar. “Cuando fui a Yemen, ya me tentaba la idea de escribir mi primer guión de cómic, pero fue cuando empecé a descubrir el insospechado y apasionante mundo de las mujeres yemeníes que supe que lo iba a hacer”, explica a cuartopoder.es.

“Yo mismo tuve que sacudirme muchos de los prejuicios con los que, inconscientemente, había viajado al país”, continúa el autor. Lo cierto es que las 200 páginas de esta novela gráfica derriban los clichés más comunes sobre la mujer árabe, principalmente el que hace creer que el uso de burqa, niqab o hiyab es una imposición religiosa: en realidad es una tradición cultural -importada desde Arabia Saudí, en el caso yemení, hace apenas 60 años- contra la que nadie lucha. También echa por tierra el mito que dibuja a una fémina sometida: pese a la desigualdad de géneros, las mujeres luchan mediante la educación por ampliar su independencia y no dudan en enfrentarse a sus guardianes, los varones de la familia, ya que como en otras sociedades árabes, la fémina yemení es poco más que un eterno menor de edad.

Para documentar esta novela gráfica, Riera se alimentó de fuentes variadas durante su estancia en Yemen. “La más importante era mi mujer. Ella tenía muchas amigas yemeníes y la invitaban a fiestas y reuniones continuamente. Cuando volvía a casa, me contaba todo lo que había visto y oído allí, y yo me ponía a tomar notas como un loco. También tuve la increíble suerte de hacer cuatro amigas yemeníes con las que pude hablar abiertamente de cualquier tema. Además, hicimos una treintena de entrevistas a mujeres yemeníes para otro proyecto en el que todavía estamos trabajando. Por último, estaban las discusiones que mantenía con las expatriadas, que trabajaban para ONG u organizaciones internacionales, y que tenían contacto diario con mujeres yemeníes. Toda esta información me permitió distinguir lo que eran opiniones personales de lo que era el sentir generalizado de las yemeníes”, explica el autor. “Por supuesto, estamos hablando de mujeres de un entorno educado y acomodado. Pero eso es lo que es el cómic: el retrato de una mujer moderna en Yemen”.

Mujeres modernas, determinadas y valientes como Tawakol Karman, premio Nobel de la Paz 2012 y un ejemplo de esas féminas de las que nos hablan las páginas de El coche de Intisar, cuya educación y nivel de compromiso por los cambios son compatibles con una sociedad conservadora. Las vicisitudes de Intisar también permiten conocer un poco más la cultura de uno de los países más apasionantes de la península arábiga: desde la presencia permanente del conflicto bélico -el chófer que llevaba a la protagonista cuando era niña es un mutilado de guerra manco-, el negocio que implican los saqueos, el papel que tiene Israel en la región (el padre de Intisar termina vendiendo a Tel Aviv un cargamento de explosivos por un precio desorbitado, tras insinuar que hay grupos interesados en Gaza), el uso y abuso del qat -hierba estimulante consumida por el 60% de los hombres a diario, cuyo uso paraliza y determina el funcionamiento del país- o los matrimonios pactados por las familias donde las mujeres poco tienen que decir.


Intisar “es una mezcla de mujeres. No me podía arriesgar a utilizar a una mujer real, porque si los hombres de su familia la hubieran reconocido en el cómic, la habría puesto en peligro a ella. Estaba convencido de que el cómic se traduciría al francés y acabaría llegando a Yemen. Y así ha sido. Hay varios ejemplares en las bibliotecas del Instituto Francés de Saná y Adén, y en el departamento de francés de la Universidad de Saná”, continúa Pedro Riera, quien a principios de diciembre viajó de nuevo a Yemen para presentar oficialmente el cómic.

Allí se encontró con la mayor gratificación que le ha reportado su libro cuando el turno de preguntas se convirtió en un debate sobre igualdad y derechos entre los presentes, tanto hombres como mujeres yemeníes. La presentación derivó en una mera excusa para entablar un diálogo al que pocos se prestan en Yemen. “Hasta ese momento, los hombres asistentes habían argumentado que en Yemen ellas estaban mejor que en Arabia Saudí y que el problema no era tanto de opresión de las mujeres como de opresión del pueblo, ya que no vivían en una democracia. Y, entonces, una chica se hartó, se puso en pie y los llamó hipócritas. Les dijo que ellas tenían muchos menos derechos que los hombres y que la culpa era de todos los hombres, incluidos los que estaban en la sala, porque eran ellos los que oprimían a sus hermanas y a sus mujeres. (…) Todas las mujeres presentes en la sala se pusieron a aplaudir y a defenderla. Se montó un griterío increíble. Fue magnífico”.

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