La autonomía kurda en Siria toma forma pese al rechazo de Gobierno y oposición

El mapa elaborado a partir de los datos de YASA muestra la región donde conviven kurdos, árabes, asirios y turcómanos. / Gráfico: Manuel Martorell

Por primera vez en la historia de la República Árabe de Siria y aprovechando el vacío de poder provocado por la guerra, un grupo de trabajo ha delimitado el territorio de una hipotética autonomía kurda en este país, algo totalmente impensable hace dos años, ya que el régimen baasista siempre ha negado la existencia de otros pueblos distintos al árabe. Tanto bajo el Gobierno de Hafez al Asad como con su hijo Bachar, el solo hecho  de hablar de cultura, lengua o incluso de música kurda era motivo suficiente para ser apresado, torturado y condenado a prisión.

Por este motivo, nunca se ha sabido con exactitud ni la extensión habitada por este pueblo ni el número de kurdos que viven en Siria, publicándose cifras y mapas del llamado Kurdistán Occidental para todos los gustos. Ahora, el Centro Consultivo de Estudios Jurídicos, también conocido por las siglas YASA, ha elaborado un mapa señalando, localidad por localidad, los porcentajes de población kurda.

De este estudio se deduce que el llamado Kurdistán sirio va desde el río Tigris, que sirve de frontera natural con el Kurdistán iraquí, hasta los Montes Kurdos (Kurd Dag), una zona orográficamente muy accidentada que se comunica con el Mediterráneo a través de la provincia turca de Hatay. Este territorio limita al  norte con la frontera de Turquía, trazada por el Tratado de Lausana (1923) siguiendo la línea del ferrocarril Istanbul-Bagdad. Solo en dos puntos de esta franja queda cuestionada la continuidad de la población kurda y, por lo tanto, la cohesión geográfica de una futura entidad autónoma.

El primero es la comarca que va desde Ras al Ain –en kurdo, Sere Kaniye (Manantial)- hasta Kobani, donde hay importantes núcleos de población árabe en torno a las localidades de  Jarij e Tir, Hamam, Turkman, Ain Isa y Quntary. El otro va del río Eúfrates al Kurd Dag. Aquí existe una fuerte presencia turcómana, sobre todo en las áreas de Zayadiye, Choman Bei, Sandi y Bab Lemun.

Además de árabes y turcómanos, la población kurda también ha convivido durante siglos aunque no sin problemas con asirios, armenios y circasianos, registrándose igualmente una gran diversidad religiosa: musulmanes suníes, alawíes, alevis, sufíes e ismailíes, cristianos asirios y armenios  (ambos ortodoxos), caldeos (católicos) e incluso yezidis o “adoradores del diablo”, de orientación zoroastriana. Es de destacar, en este sentido, las numerosas poblaciones cristianas en torno a la ciudad de Hasaka y a lo largo de los corredores que la comunican con Qamisli y Sere Kaniye (Ras al Ain).

Cuando, a principios de enero, el centro de estudios YASA difundió el resultado de su trabajo, uno de sus integrantes, Jian Badrajan, rechazó que se hubiera forzado esta continuidad territorial, ya que estos desequilibrios demográficos se deben a las políticas de arabización forzada aplicadas por el régimen del Baas y de forma muy especial al llamado Cinturón Árabe, programa diseñado para crear nuevas “cooperativas socialistas” asentando familias originarias de otras partes de Siria mientras la población local era obligada a emigrar.

En total, se calcula en unos tres millones los kurdos que viven en Siria, incluyendo aquellos que, por distintos motivos, se desplazaron a las grandes metrópolis, como Alepo, donde viven más de 500.000 concentrados en los barrios de Cheik Masud y Asrafiye. Este cálculo eleva considerablemente la cifra estimada hasta ahora y que reducía el número de esta minoría a dos millones de habitantes.

Viñeta de Shaam Bazaar en la que se ve a Erdogán pidiendo, maletín en mano, a los yihadistas que vayan a Siria para destruir la región kurda. / Actualidad Kurda

Conviene señalar que este estudio territorial y demográfico lleva implícita una verdadera carga de profundidad contra el futuro político de Siria, ya que la región comprendida es una de las más ricas del país. Por ejemplo, aquí se encuentra la Yazira, “el granero de Siria”, donde se produce la mayor cantidad de trigo; la zona olivarera (Kurd Dag) de la que sale la práctica totalidad del aceite, y los principales pozos petrolíferos (Hasaka y Derik).

Las organizaciones kurdas no han perdido el tiempo, de forma especial el PYD (Partido de la Unidad Democrática, vinculado al PKK de Turquía), que, bajo el liderazgo de Saleh Muslim, se ha convertido en la principal fuerza impulsora del autogobierno. Aprovechando el vacío de poder, han creado nuevos consejos municipales, comités sectoriales que se encargan de la distribución de alimentos y combustible, han puesto en marcha cursos de kurdo en los institutos y han introducido la enseñanza en la lengua materna en las escuelas, mientras que las Unidades de Defensa Popular (YPG) funcionan ya como un verdadero ejército y hasta se ha abierto una academia para formar la Policía Kurda (Asayish).

Todo indica que las organizaciones kurdas difícilmente aceptarán, al menos sin resistencia, el retroceso de un grado de autonomía que no solo el Gobierno de Damasco sino la mayor parte de los grupos de la oposición consideran el primer paso a la secesión y fragmentación del país.

Aun mayor es el temor de los Estados que, como Irán y Turquía, tienen graves problemas con sus respectivas minorías kurdas, ya que el establecimiento de tal autonomía, junto a la consolidada en Irak, haría inevitable la instauración, tarde o temprano, de un sistema político semejante en esos estados. Tal situación tendría el agravante de que, al contar con una autonomía en Siria, el Kurdistán vería prácticamente asegurada su salida al Mediterráneo, no teniendo que depender, como ocurre ahora, de Turquía para sus transacciones comerciales o comunicaciones terrestres con Europa y, por lo tanto, con el resto del mundo.

Debido a estas razones, el Kurdistán sirio está sufriendo desde hace meses un triple bloqueo económico; por un lado, el del Gobierno central, que, obviamente, no acepta las nuevas autoridades locales; por otro lado, el de los grupos asociados al Ejército Libre de Siria, que se oponen a la autonomía, y, en tercer lugar, del Gobierno turco, especialmente hostil a la nueva situación y que no ha dudado en apoyar logísticamente a los yihadistas de Al Nusra y al Frente Árabe de Liberación de Hasaka para que dividan el Kurdistán por la mitad lanzando una fuerte ofensiva sobre Sere Kaniye, donde se combate desde hace tres meses.

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