La Iglesia católica, sin jefe

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Lucía Magi *

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Jospeh Ratzinger saluda a los congregados en la explanada de Castel Candolfo, hoy, día 28, poco antes de que dejara oficialmente de ser Papa. / Ettore Ferrari (Efe)

ROMA.– El día D ha llegado. A las cinco de la tarde el Papa dejó para siempre el Palacio Apostólico. Desde los jardines vaticanos, donde hay un pequeño helipuerto, despegó rumbo a Castel Gandolfo, el pequeño pueblo a 25 kilómetros al sur de Roma donde el Vaticano posee una finca. Allí saludó a las autoridades locales y a los peregrinos que rodeaban el área. En su último discurso público, antes de desaparecer de los focos para siempre, les dijo: "Ya sabéis que este es un saludo distinto a los anteriores, ya no soy Pontífice, lo soy hasta las 20.00 horas pero ya no más. Soy simplemente un peregrino que inicia la última etapa en esta tierra".

A las 20 horas se cerraron las puertas del apartamento papal en el Palacio Apostólico del Vaticano. La guardia suiza se retiró del portal de la finca de Castel Gandolfo. Son los rituales que señalan que el Papa ya no tiene autoridad. Desde ese instante, la Iglesia católica está sin jefe.

En su última mañana en el timón del barco de San Pedro, Joseph Ratzinger quiso despedirse de los cardenales ya reunidos en Roma. Algunos de ellos, los que no han cumplido los 80 años, votarán a su sucesor. Los mayores no van a entrar en la Capilla Sixtina, pero se quedan en las fases previas, de oración y negociaciones.

Bajo la bóveda de la Sala Clementina, Ratzinger se sentó en su sillón y saludó a cada uno de ellos, que desfilaban para apretarle la mano e intercambiar unas palabras de despedida. “Vuestra cercanía y vuestro consejo –dijo hablando a todos– fueron el más grande apoyo en mi ministerio. Entre vosotros está el futuro Papa al que prometo incondicional reverencia y obediencia”. “Al revés –le contestó por todos el cardenal Decano Angelo Sodano– somos nosotros quienes le damos las gracias por el ejemplo de estos ocho años de Pontificado. Que Dios le recompense”.

Hubo sonrisas y ojos algo húmedos. En las imágenes que transmitió la televisión del Vaticano (todos los otros medios estaban excluidos de la reunión) se vio un Benedicto XVI sereno, cómodo, a menudo emocionado. Hasta se echó a reír cuando le susurró algo al oído el cardenal filipino Luis Antonio Tagle, Arzobispo de Manila de 55 años, que algunos señalan entre los posibles candidatos a la silla de Pedro. Los periodistas más expertos del Vaticano notaron cómo de largo y amigable fue el saludo que Ratzinger dedicó al arzobispo de Milán, Angelo Scola, entre los favoritos en las quinielas de los papables.

En la sala también estaba el arzobispo de Los Ángeles (EEUU), Roger Mahony. Su presencia en Roma y su asistencia al Conclave es muy polémica porque está acusado de haber encubierto los abusos sexuales contra menores que se perpetraron en su diócesis.

Benedicto XVI, que a partir de esta tarde será Papa emérito, volvió a insistir sobre la exigencia de unidad en la Iglesia, “que es viva y obra del Espíritu Santo”: “El colegio de los cardenales tiene que ser como una orquesta en la cual las diversidades pueden crear una armonía concorde”.

Ayer, en el caluroso discurso que pronunció en la plaza de San Pedro tranquilizó a los 150.000 mil peregrinos que se apiñaban en la explanada donde celebró su última Audiencia General: “No voy a abandonar la cruz, me quedo cerca del Señor crucificado de una forma distinta”,. Sonrió, se conmovió. Varias veces ensanchó los brazos como para abrazarles a todos.

Eran jóvenes y adultos que cantaban y rezaban en varios idiomas y ondeaban banderas de cada rincón del mundo. Sacaban fotos y tendían las manos cuando el Papa dio una lenta vuelta por la plaza montado en su coche. En su discurso volvió a explicar las razones profundas de su renuncia a seguir en el Pontificado. Un gesto “grave y nuevo -dijo- que, sin embargo, decidí emprender con profunda serenidad y con gran confianza en la Iglesia”.

Y luego les explicó su decisión. Casi confiándose con ellos y con los millones que le miraban por televisión. “La de dimitir no fue una elección fácil –admitió– pero amar la Iglesia significa también tener la valentía de tomar decisiones difíciles, sufridas, adelantando siempre el bien de la Iglesia y no de uno mismo”. Ahora que su reinado termina, Benedicto XVI recordó el día en el que empezó, aquel 19 de abril de 2005, cuando fue llamado a instalarse la silla de San Pedro. “En aquel momento las palabras que resonaron en mi corazón fueron. “'Señor, ¿por qué me pides esto? ¿Qué me pides? Es un peso muy grande que no puedo satisfacer. Pero si tú me lo pides, acepto seguro de que me guiarás, a pesar de todas mis debilidades”.

Al final de un Pontificado sacudido por muchos escándalos, Benedicto trazó su balance: “Puedo confirmar que el Señor sí me condujo, siempre se me quedó cerca. Percibí su presencia cotidiana. Juntos recorrimos un trozo de camino de la Iglesia, que tuvo momentos de felicidad y de luz, pero también momentos nada fáciles. A veces, me sentí como San Pedro con los apóstoles en el barco en el lago de galilea”, dijo recurriendo a la misma metáfora que utilizó antes de su elección para definir los tiempos ajetreados en los que se halla la Iglesia. “El señor nos regaló días de sol y brisa ligera, pero también momentos de aguas agitadas y viento contrario. El Señor parecía dormido. Pero yo siempre supe que él estaba allí y que el barco de la Iglesia no es mío, no es nuestro, sino suyo. El Señor no deja que se hunda”.

La agenda vaticana

Según la Constitución de Juan Pablo II que regula los días de la Sede Vacante, las próximas citas son:

  • 1 de marzo: El Cardenal Camarlengo enviará a todos los cardenales del mundo una carta para citarles el lunes en Roma con el fin de que puedan empezar los encuentros previos y luego el Cónclave. El portavoz del vaticano, Federico Lombardi, revela que además de cartas en papel, van a enviar email. Muchos cardenales -los periodistas cuentan cerca de 100 de los 116 que votarán- ya están en Roma
  • 4 de marzo:  Están convocadas por primera vez las congregaciones cardenalicias, es decir, todos los purpurados que se reúnen en el Vaticano. Realizarán los trámites logísticos previos al Conclave: deciden cuánto dinero destinarán a su organización y sortean la disposición de los cardenales en las habitaciones de la Domus Santae Martae, donde van a alojarse hasta que haya nuevo Pontífice. También podrían decidir la fecha de principio del conclave. Además, los cardenales jurarán sobre la Biblia que mantendrán el secreto en los días de la reunión.
  • 5 de marzo. Las congregaciones comienzan a trabajar: debaten y se interrogan unos a otro sobre los temas candentes de la Iglesia en estos momentos y así empiezan a definirse los bando y los bloques que luego entrarán en el Conclave.
  • Sin fecha decidida. Las congregaciones no tienen un número mínimo de días antes de dar paso a la votación en Cónclave, ya que Benedicto XVI decidió modificarla para acortar los plazos.
(*) Lucía Magi es periodista.
3 Comments
  1. Ramón says

    Si en el cónclave van a estar los que encubrieron casos de pederastia, como Mahony, mal empezamos.

  2. Marta says

    guerra de las diferente sectas para hacerse con el poder y eso » que su reino no es de este mundo «.

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