Desenlace del atentado de Boston

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Dzhokhar A. Tsarnaev, con la cara ensangrentada, es atendido en el suelo por un policía y un médico instantes después de ser detenido. / Foto difundida por el departamento policial Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives (ATF).

NUEVA YORK.– Junto a fotografías de un adolescente con cara de niño, las televisiones americanas mostraban los frenéticos movimientos de agentes de policía y FBI, y de reporteros impacientes por ponerle fin a una larga búsqueda y captura propia de película de Hollywood.

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"Lo tenemos", tuiteaba Tom Menino, alcalde de Boston, poco después de las nueve de la noche del viernes, desenlace de una larga semana que comenzó el lunes con la explosión de dos artefactos caseros junto a la meta del popular maratón. El saldo: tres muertos y más de ciento setenta heridos.

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Dzhokhar A. Tsarnaev era arrestado con vida. Ensangrentado, se había escondido en un bote aparcado junto a una casa, en Watertown, al noroeste de Boston, según el FBI. De 19 años y nacido en Chechenia, mantuvo en vilo durante más de quince horas a toda una nación y a toda una ciudad sumida en un toque de queda de facto.

"Yo en mi vida he visto algo igual. Es una ciudad fantasma", nos contaba Yanina Livingston por teléfono desde su casa de Cambridge -junto a Watertown- donde se encuentra el campus del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Desde tempranas horas de la mañana, la policía había recomendado no salir de casa a todos los ciudadanos de Boston y los alrededores, además de suspender actividades deportivas, universitarias -Harvard, MIT y Boston- y el funcionamiento del transporte público y trenes Amtrak. Intentaban encontrar a Tsarnaev, huido tras un encontronazo con la policía que terminó con la vida de su hermano Tamerlan Tsarnaev, de 26 años. Ambos, sospechosos de haber colocado las bombas caseras del maratón. Fuentes policiales aseguraron que Tamerlan llevaba encima explosivos cuando fue abatido.

Ciudadanos aplauden a la policía
Vecinos de Watertown aplauden en la calle y desde las ventanas al paso de los vehículos policiales tras conocer la detención de Dzhokhar A. Tsarnaev. / Matt Campbell (Efe)

Además, según reportes de prensa, citando fuentes oficiales, el FBI le había entrevistado en el año 2011, cuando un gobierno extranjero -Probablemente, Rusia, antes de viajar allí- le pidió a la agencia estadounidense determinar si tenía vínculos extremistas. La familia Tsarnaev se mudó a Estados Unidos hace casi una década. Dzhokhar era buen estudiante; Tamerlan, boxeador amateur.

El jueves por la tarde, la policía pidió la colaboración ciudadana para identificar a los hermanos, captados por las cámaras de seguridad cercanas a la línea de meta del maratón. Horas más tarde, ya de madrugada, un agente policía de MIT, Sean Collier, de 26 años, fue asesinado. El fuego cruzado posterior con las autoridades provocó la muerte de Tsarnaev y la huida de su hermano menor. Un policía de tránsito también resultó gravemente herido. El mensaje de las autoridades fue tajante: que nadie salga de casa a no ser que a su puerta toque la policía.

"Un día bastante largo, de muchos nervios y de mucha incertidumbre", decía Livingstone tras levantarse el toque de queda, horas antes de que el segundo sospechoso fuera arrestado. "Y la incertidumbre genera que la gente comience a hacer especulaciones. Y las especulaciones generan miedo".

Ante los medios de comunicación, un tío de los sospechosos le pedía al sobrino aún con vida que se entregara. "Si estás vivo, entrégate y pide perdón", decía Ruslan Tsarni, residente de Montgomery Village, en el estado de Maryland.

El padre de los sospechosos, según Tsarni, se había mudado de vuelta a Rusia, recientemente, después de trabajar como mecánico en Estados Unidos.

Livingstone, natural de Buenos Aires, no recordaba nada igual en los doce años que lleva en Boston. Pasó el viernes encerrada en casa con sus cuatro hijos. "Nosotros cumplimos órdenes. La comunidad está colaborando con la policía y las autoridades". Dijo que la escuela de sus hijos está cerca de la casa en la que, según la policía, vivían los hermanos sospechosos del atentado.

"Hemos cerrado un capítulo importante en esta tragedia", decía el presidente Barack Obama poco después de las diez de la noche, pidiendo a los estadounidenses que no llegaran a conclusiones precipitadas sobre las posibles motivaciones detrás de los atentados.

Horas antes de que muchos ciudadanos de Boston y sus alrededores salieran a la calle a celebrar la captura del fugitivo, Livingstone recordaba cómo le había molestado el tenerle que explicar a sus hijos la razón de su encierro en casa. "Me dio muchísima lástima", dijo, "que esta sea la realidad que están viviendo".

"La sensación de ahora del bostoniano", concluía, "es que nadie está exento".

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