El centro-izquierda se desangra en el intento de elegir al Presidente de Italia

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Bersani, cuando se dirigía ayer a una reunión de su partido, en Roma, para consensuar el nombre de Prodi como Presidente de Italia. / Claudio Peri (Efe)

ROMA.– “Partido democrático en el caos”. “Prodi cae, Bersani renuncia”. “Todo por rehacer en el Quirinale”. Todos los periódicos italianos abren hoy con el caos político y dan la misma lectura: la rotunda derrota sufrida por el Partido Democrático, la mayor fuerza en el Parlamento, la más grande de la coalición de centro izquierdas.

Mientras en el Palazzo de Montecitorio, sede del congreso, hoy vuelven a reunirse senadores, diputados y representantes de las 20 regiones italianas: 1007 personas que deben elegir al próximo presidente de la República. Ya votaron cuatro veces, con el mismo resultado: fumata negra.

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Cien metros más allá, cerca del Panteón, a última hora de ayer el secretario del PD, Pierluigi Bersani, anunció su dimisión a los diputados y senadores reunidos en asamblea. La presidenta Rosi Bindi hizo lo mismo: su partido es hoy una fuerza con la cabeza cortada, con las entrañas laceradas y con los pies, las bases, rabiosos y cansados.

Ayer debía ser el día en el que el Parlamento elegía al 12º Presidente de la República. Debía de ser el día en el que el PD recomponía sus filas y recuperaba algo de la credibilidad perdida tras el intento frustrado de formar un Gobierno y el de pactar con la derecha el futuro Jefe de Estado. Sin embargo, fue el día del fracaso. Un día largo y atormentado, al final del cual rodaron las cabezas de los directivos del PD.

El funeral del PD –al menos en su forma actual y de aquella cúpula que lo fundó en octubre de 2007– se abrió con el sacrificio escenificado en el hemiciclo de uno de sus padres nobles: Romano Prodi, dos veces Primer Ministro, ex comisario Europeo, padrino y símbolo de la fusión entre exdemocristianos y excomunistas que llevó hasta la formación de un fuerza única, el PD. Por la mañana del viernes su nombre fue aclamado por los 496 grandes electores del PD y del aliado minoritario Izquierda Ecología y Libertad; por la tarde 101 de ellos lo traicionaron: Prodi solo obtuvo 395 papeletas de las 504 necesarias para reemplazar a Giorgio Napolitano. El nombre del professore Prodi se quemó bajo el fuego de francotiradores del partido que él mismo contribuyó a concebir.

El crimen perfecto –ya que el voto es secreto y es imposible saber quiénes son los responsables del homicidio, quiénes desatendieron las directivas del partido– tuvo una víctima colateral, el secretario general Pierluigi Bersani.

Tras la derrota de Prodi por mano de “traidores internos”, la situación de quien propuso ese nombre se hizo insufrible. Bersani y Bindi dimitieron. Prodi hizo saber que ya no corre para suceder a Napolitano. La directiva del PD tuvo que constatar su incapacidad de controlar a su mismo partido. Tuvo que admitir no tener la mínima fuerza para proponerse al exterior como guía capaz de conducir el país fuera del estanque generado por las elecciones de finales de febrero.

El voto del presidente es de cabal importancia en esta coyuntura. El candidato al puesto más importante y estable del país, con mandato de siete años es, por tradición, una personalidad por encima de los partidos. Pero la coalición que tiene la mayoría suele proponer un nombre. El próximo jefe de Estado deberá tantear el parlamento en la difícil misión de encontrar una mayoría suficiente que pueda formar un gabinete y, si esto fuera imposible como pareció hasta ahora, deberá disolver las Cámaras y convocar nuevos comicios.

Una hipótesis, la de elecciones anticipadas inmediatas, que parece concreta, ya que el PD fracasó no solo en el intento de pactar con el antisistema Movimiento 5 Estrellas sino también en el acercamiento al Pueblo de la Libertad de Silvio Berlusconi. Y en este baile quedó desfibrado, fracturado, sin cúpula.

Pero tras el sacrificio del padre noble y del secretario que ganó las primarias en noviembre para presentarse a Primer Ministro, el cuadro cambia mucho. Ahora que el PD está fuera del juego, aniquilado, vuelven a la cancha los otros partidos y aumentan las probabilidades de encontrar un nombre compartido. Por ejemplo, parece posible un segundo mandato para Napolitano o el mismo Franco Marini, que le gusta al PD y a Berlusconi, o Annamaria Cancellieri, ministra de Interior del último gobierno de tecnócratas, guiado por Mario Monti. Una convergencia sobre el cargo más alto de la República podría perfilar una convergencia también en la formación de una mayoría transversal capaz de expresar un Gobierno, capaz de evitar las elecciones inmediatas mientras la crisis sigue al acecho.

El acto final de la tragedia del PD tuvo una audiencia divertida y complacida entre los escaños del derechista Pueblo de la libertad. Para Silvio Berlusconi, Prodi es el enemigo número uno, ya que dos veces lo desafió en campaña electoral y las dos veces ganó. Saben además que, tras el fracaso de los adversarios en gestionar la crisis actual,  su cotización entre los electores vuelve a subir.

Celebra también el funeral de Bersani el Movimiento 5 Estrellas, del cómico Beppe Grillo. Su discurso antisistema, que pone en tela de juicio los partidos tradicionales y las maniobras de Palacio, sale reforzado y con nuevos argumentos de los dos días de votaciones para el Presidente de la República. Sacando pecho siguen votando al candidato que sus bases eligieron por internet, el constitucionalista Stefano Rodotà.

(*) Lucia Magi es periodista.