Subhi al Tufaili: "Irán está sacrificando a Hizbulá y, si pudiera, sacrificaría a Siria"

El sheikh Subhi al Tufaili toma asiento poco antes de comenzar la entrevista con cuartopoder.es. / Mónica G. Prieto

AIN AL BURDAY, BEKAA (LÍBANO).- La implicación militar de las huestes de Hizbulá en el conflicto sirio no agrada a toda la comunidad chií libanesa. Más de dos décadas después del final del conflicto civil libanés, que costó 150.000 vidas y la destrucción del país del Cedro, son cada vez más los chiíes que se sienten arrastrados por el Partido de Dios a un nuevo conflicto interno que va en contra de sus intereses y que implica nueva destrucción ahora que la reconstrucción de los destrozos ocasionados por Israel en la guerra de 2008 habían sido finalmente consumada.

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La llegada de cadáveres de guerrilleros de Hizbulá caídos en Siria es cada vez más numerosa, y su líder, Hassan Nasrallah, ya no esconde la presencia de su movimiento en territorio sirio –oficialmente, a título individual- ni tampoco su disposición a entrar abiertamente en defensa del régimen de Bashar Assad. Pero eso suscita una pregunta entre la comunidad chií. ¿Qué tiene que ver la defensa de la dictadura siria con la liberación de los territorios ocupados por Israel, el motivo que justifica que el partido chií siga disponiendo de uno de los arsenales más importantes de Oriente Próximo?

“Esta no es nuestra guerra. ¿Por qué tenemos que meternos, qué vamos a ganar en Siria? Sólo podemos perder si ayudamos a cualquier bando en conflicto”, confesaba un residente de Baalbek entre susurros, en un signo de la frustración que se comienza a imponer en parte de la comunidad chií, pero también del miedo a disentir en público contra el partido-milicia que, en las últimas tres décadas, ha creado fuertes estructuras sociales, económicas y culturales en las regiones libanesas bajo su control, garantizando así su popularidad en votos y la lealtad de la población. Un intento de organizar una suerte de oposición chií a la formación de Hassan Nasrallah terminó en absoluto fracaso cuando la reunión entre los promotores, entre quienes figuraban líderes chiíes como el fundador y ex secretario general de Hizbulá, Subhi al Tufaili, el ex mufti de Tiro Ali al Amine, el ex diputado Salah Harakeh o  –considerado por los medios próximos al Partido de Dios como una marioneta chií al servicio de Estados Unidos- o Riad al Asaad, que llegó a concurrir en las elecciones de 2005 contra Hizbulá, nunca se celebró.

En su amplia residencia en la aldea de Ain al Burday, una plácida villa próxima a Baalbek (en el valle de la Bekaa) situada a sólo ocho kilómetros de la frontera con Siria, Subhi al Tufaili recibe a cuartopoder.es para repasar el actual momento de Hizbulá, la organización de la que fue uno de los fundadores, portavoz y primer secretario general entre 1989 y 1991. Alumno del ayatolá iraní Ruhollah Jomeini durante sus años de estudios religiosos en Nayaf (Irak), Tufaili carece de influencia en la política libanesa –sus seguidores se cuentan apenas por docenas, pero protegen el domicilio fortificado del sayyed con sus armas- pero puede considerarse un privilegiado conocedor de la política interna chií regional, ya que durante sus años de influencia en el Partido de Dios visitaba con frecuencia Teherán y Damasco, los dos principales aliados de la resistencia libanesa.

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Subhi al Tufaili, en un momento de la entrevista. / M. G. P.

Tufaili fue expulsado de Hizbulá en 1998  lanzar la llamada revolución de los hambrientos, un movimiento que terminó tomando las armas y enfrentándose con el Ejército libanés en unos combates que dejaron víctimas mortales y la escasa popularidad del líder chií por los suelos. Desde entonces, sólo se prodiga en los medios de comunicación para criticar a sus antiguos socios, especialmente desde que su antigua formación se implicara en la guerra civil siria.

Sentado junto a una chimenea ardiendo, Tufaili comienza el encuentro quitando hierro a la citada iniciativa para debilitar políticamente a Hizbulá. “Hay grupos que lo están intentando, pero no tienen apoyo, posibilidades ni tampoco aceptación social. Yo no trabajaría en esta tercera vía por ser confesional, no acepto hacer ese tipo de diferencias entre suníes, chiíes y cristianos”, afirma con parsimonia. “Hay que acabar con los lemas sectarios y optar por lemas nacionales”.

El clérigo sí considera que Hizbulá está perdiendo el apoyo social en su aventura siria. “Hay que diferenciar dos cosas: el miedo y la confianza. Durante mucho tiempo, mucha gente entregó su confianza al proyecto de Hizbulá por miedo a que, en caso contrario, ser devorados por las otras sectas. Desde que Hizbulá entró en Siria, hay gente que no entiende su implicación. Incluso dentro del partido, hay gente que confiaba antes en ellos y que ahora lo critica porque sabe que esa implicación puede incendiar a toda la región y crear una guerra sectaria sin precedentes”, asegura. “Gente que antes vivía en paz en Hermel ahora ve cómo le puede caer un proyectil procedente de Siria. Hay consciencia de que es Hizbulá quien ha entrado sin que nadie se lo pidiera, de que son ellos quienes lo están haciendo mal. Y los únicos que se benefician de los combates entre musulmanes son Israel y EEUU”.

“Aquí, en esta región, ha habido decenas de miembros de Hizbulá” que han regresado muertos de Siria, detalla el clérigo. “No hay voluntarios ni simpatizantes, son mercenarios a sueldo. Dado que luchan por cosas en las que no creen sólo se les puede considerar mercenarios. Algunos son miembros del partido y otros contratados por Hizbulá, pero siempre es Hizbulá quien paga”.

Tufalil, en su domicilio, junto a la chimenea. / M. G. P.

Según Tufaili, ya son al menos 138 los combatientes chiíes libaneses que han regresado cadáver de la guerra siria. En declaraciones a L’Orient Le Jour, el religioso afirmaba que “Irán siempre ha incitado a los chiíes a tomar parte de guerras ilógicas e ilegítimas. Según mis informaciones, existe un rechazo generalizado en el seno de Hizbulá en lo que respecta a los acontecimientos actuales, salvo que la orden ha sido dada por Irán para que intervenga en Siria”. Entonces, ¿es Irán quien envía a los combatientes chiíes a ayudar a Bashar al Assad? Según explicó a Cuarto Poder Tufaili, no se trata de que Damasco haya pedido ayuda a Nasrallah. “La decisión no es siria sino iraní. Lo que pasa en Siria lo decide Irán. Irán está sacrificando a Hizbulá, y si pudiera sacrificaría a Siria”.

A pocos se les escapa que la involucración del Partido de Dios chií en Siria mina el abrumador apoyo musulmán que la organización disfrutaba cuando limitaba el uso de su arsenal a la defensa del Líbano contra Israel o lo ponía al servicio de la causa palestina. “El papel de resistencia de Hizbulá contra Israel tiene mucho peso, y eso siempre estará ahí, pero desde el asesinato de Hariri y la entrada [militar] en Beirut, los comportamientos sectarios de Hizbulá y finalmente la entrada en Siria han acabado con su imagen. Ahora tienen una fama sucia y eso no se puede negar. Todo se puede salvar y restaurar, pero no volverían a la imagen inicial. Una operación estética puede mejorar el rostro pero no devuelve la juventud”.

Según Tufaili, los intereses de Irán han llevado a Hizbulá a alejarse de su lucha contra Israel, pese a que las incursiones israelíes sobre territorio libanés siguen siendo frecuentes. “Todo el que realmente piensa en enfrentarse a Israel no pensaría en meterse en una guerra en Siria. Podría ayudar al régimen políticamente, pero no militarmente. Hizbulá se está quedando sin fondos y personal por esta guerra. Si en Siria mueren miles de personas, Hizbulá puede terminar quedándose sin personal y en una posición débil no sólo ante Israel, sino ante potencias más débiles que Israel”.

Subhi al Tufaili, en un momento de la entrevista. / M. G. P.

Tufaili coincide con todos los observadores que temen que la entrada de Hizbulá en el conflicto sirio lleve a una explosión de violencia sectaria en el Líbano. “La postura de Hizbulá puede llevar al país a la guerra civil. Todo depende de la capacidad militar de la oposición siria. Si llega un momento en que ésta se siente lo suficientemente fuerte para abrir un frente en Líbano y enfrentarse a Hizbulá, ese día comenzará la guerra civil”, sostiene.

A juicio del ex secretario general de Hizbulá, tanto Irán como las potencias suníes están jugando a fomentar el sectarismo para infundir el miedo entre sus poblaciones y lograr cohesionar el apoyo social en torno a sus regímenes, denostados políticamente. Una tarea en la que ya se empleó Estados Unidos a su paso por Irak. “Conocí bien Irak, y nunca vi sectarismo ni siquiera con Sadam Husein. Cuando llegaron los estadounidenses, hicieron aflorar las diferencias sectarias y étnicas. A Arabia Saudí le interesa que su población crea que viene el enemigo chií, porque eso cohesiona a la población en torno a su propio régimen. Le interesa encender fuegos en toda la región. En el caso de Irán, si Irak fuera una potencia unida estaría en contra de Teherán, pero mientras perdure la división entre las sectas iraquíes, Irán puede aferrarse a los chiíes para mantener el país bajo control. Le interesa un destrozo sectario en Irak para mantener su control sobre el país”.

 Al clérigo chií le indigna la teoría conspirativa que asegura que la revolución siria fue promovida por intereses occidentales para acabar con el “régimen anti-imperialista” de Bashar Assad. “No hay regímenes anti-imperialistas, ni que busquen la liberación de Palestina. De hecho, todos los que se califican de tales han trabajado para que se mantenga ocupada Palestina y para que se detenga la vida política en los países árabes. Siria entró en el Líbano con el acuerdo de Estados Unidos e Israel para acabar con la presencia militar palestina. ¿Dónde está el anti-imperialismo?”, se interroga.