El contagio sirio en Turquía, de la mano de un defensor de la limpieza sectaria

Un edificio semiderruido como consecuencia del atentado del pasado domingo en la ciudad turca de Reyhanli. / Efe

Tras el terrible atentado con dos coches bomba que el pasado fin de semana provocaba casi 50 muertos y más de un centenar de heridos en la localidad turca de Reyhanli, en la provincia de Hatay, muchos recordaron los augurios del presidente sirio, Bashar Assad, que en diversas ocasiones ha presagiado que la guerra en su país contagiará todo Oriente Próximo. En la última fue mucho más explícito: “El fuego en Siria quemará Turquía. Desgraciadamente, [su presidente] no ve esta realidad”.

Las autoridades de Ankara han sido categóricas a la hora de acusar al régimen sirio que, según el Ejecutivo de Recep Tayyip Erdogan, habría actuado mediante una de sus organizaciones afines en Turquía, el grupo Acilciler (Los Urgentes). Las fuerzas de Seguridad han detenido a nueve personas en relación con el atentado, cuatro de ellos miembros de esta organización de corte marxista-leninista y definida como anti-imperialista, y otros cinco pertenecientes al Partido Revolucionario para la Liberación del Pueblo-Frente (DHKP-C, en sus siglas en turco, del mismo corte ideológico). Esta última se atribuyó la responsabilidad del atentado suicida contra la Embajada norteamericana en Ankara el 1 de febrero, justificada mediante un comunicado como respuesta al apoyo turco y norteamericano a la oposición siria.

En esta ocasión, todos los rostros se vuelven hacia Acilciler y a su actual líder, Mihraç Ural, un turbio personaje cuya aparición en un vídeo colgado en Youtube [abajo] donde justificaba la matanza de civiles suníes de la localidad siria de Bayda, en la costa alauí, le ha consagrado como uno de los más siniestros milicianos a sueldo del régimen sirio, arrojando algo de luz sobre la miriada de facciones que combaten con las filas del régimen bajo la denominación paraguas de los shabiha. En el citado video, Ural admitía que su “trabajo consiste en limpiar y liberar a los pueblos” para entregárselos a “las tropas” y llamaba a la “purificación” de Baniyas. “Baniyas debe ser pronto asediada, liberada y purificada”, decía en este vídeo, en lo que puede considerarse la confirmación de que una política de limpieza sectaria ya se está aplicando en Siria.

Los comentaristas se debaten entre diferentes motivos detrás de dicha política: para muchos, se trata de una estrategia para garantizar una costa puramente alauí que sirva de base para un Estado de esta confesión religiosa una vez que la guerra termine con la partición de Siria. Para el comentarista árabe Hassan Hassan, no es el caso. “La limpieza sectaria no tiene como propósito establecer un Estado potencial sino más bien objetivos estratégicos como el reclutamiento de combatientes alauíes, el agravamiento de las tensiones sectarias a favor de Assad y asegurar la base popular de apoyo”. Es decir, reforzar la condición de minoría amenazada de los alauíes ante la previsible corriente de venganzas de la castigada comunidad suní para aunar a la población alauí en torno a Assad.

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Es la estrategia que ha conducido el régimen desde el principio de la revolución, cuando sus medios definían a los civiles que se manifestaban como “salafistas” (radicales suníes) y “terroristas” suníes marcando divisiones religiosas entre la población. También es la estrategia que ha empleado el citado Ural no sólo en Siria sino también en su Turquía natal, a juzgar por expertos turcos que consideran al proscrito como el promotor de manifestaciones en Hatay (donde la mitad de la población, de 1,5 millones de personas, es suní y la otra mitad alauí o aleví, otra escisión chií profesada por turcos a diferencia de la primera, seguida por árabes) que, el pasado septiembre, se convirtieron en una réplica de las marchas pro Assad que vivió Siria al principio de la revuelta. Organizada por un grupo denominado Plataforma Anti-imperialista contra la Intervención en Siria, una de las marchas congregó a 2.000 personas con banderas y retratos de Bashar Assad que coreaban en árabe la tradicional consigna: “Sacrificaremos nuestra sangre y nuestro alma por ti, Assad”.

El periodista turco experto en terrorismo Abdullah Bozturk alertó entonces de que, detrás de dichas movilizaciones y de una campaña de reclutamiento de combatientes alauíes en Turquía para combatir en las filas de Assad, se encontraba Ural. “Su misión es desatar el conflicto sectario en Hatay y otras provincias, con la esperanza de que el gobierno turco abandone su política anti Assad en Siria”, escribía Bozturk en las páginas del diario Today’s Zaman el pasado septiembre.

Contactado por cuarpoder.es, Bozturk afirma que sus tesis de entonces cobraban ahora mucho más sentido. “Sabemos desde hace tiempo que grupos ligados a la Inteligencia siria han estado provocando disputas en las provincias fronterizas donde vive comunidad alauí. Algunas de las manifestaciones contra la llegada de refugiados sirios son, de hecho, convocadas por esa gente. Hay muchas probabilidades de que Acilciler y su líder Mihraç Ural estén tras el último atentado, como demuestran las pruebas iniciales y los testimonios de los sospechosos arrestados”, explicaba el analista, antes de ir más allá. “Sin apoyo estatal (de Siria e Irán, en ese caso) los terroristas no podrían haber accedido a los sofisticados componentes que fueron añadidos a los explosivos con los que cargaron los vehículos”. La investigación apunta a que los vehículos empleados en el atentado llevaban matrícula turca y procedían del interior del país.

De origen turco y buscado por las autoridades por su pertenencia a grupos terroristas, Mihraç Ural nació en Iskenderun, en Hatay (provincia siria hasta 1939, cuando se unió a Turquía). Se sumó a Acilciler, una formación de extrema izquierda escindida en 1975 del Frente para la Liberación del Pueblo de Turquía (THKP-C) cuando sus actividades le convirtieron en un fugitivo. En 1980, tras el golpe de Estado turco se refugió en Siria, como harían otros tantos líderes de grupos armados de extrema izquierda, donde creó las llamadas Brigadas de la Resistencia Siria o Frente Popular de Liberación de Iskenderun. Allí se aproximó a la familia gobernante mediante su matrimonio con la secretaria de Rifat Assad, tío del actual presidente. Apodado Sirtlanla hiena-, cambió su nombre por el árabe Ali al Kayyali, por el que ahora es conocido en el interior de Siria. El nombre de su milicia evoca la denominación árabe de Hatay y supone una declaración de intenciones: el objetivo final es recuperar ese territorio para Siria.

Se considera que fue Ural quien presentó al líder del PKK Abdullah Ocalan al rais sirio, Hafez Assad, y también que el respaldo de la Muhabarat (Inteligencia) siria le sirve de cobertura para sus acciones. Eso explicaría que las autoridades turcas señalen al régimen sirio como promotor del atentado de Reyhanli, el peor que ha padecido Turquía a costa de la crisis siria. “Lo digo muy claramente: los ataques fueron llevados a cabo por un grupo terrorista estrechamente vinculado a la muhabarat siria”, declaraba el ministro del Interior, Muammer Güler. Su homólogo de Exteriores, Ahmet Davutoglu, iba más allá cuando afirmaba que las “huellas” conducen a la reciente masacre de Baniyas, enlazando de forma inequívoca ambas tragedias con la figura de Ural, definido en el libro Terrorismo, 1992-95: una cronología de acontecimientos, de Edward F. Mickolus, como “líder del grupo proscrito THKP-C Acilciler. El grupo abraza una ideología marxista-leninista y mantiene una posición anti EEUU y anti OTAN. Considera que el Gobierno turco está bajo el control del imperialismo occidental e intenta destruir ese control por medios tanto democráticos como violentos. La escisión llamada Acilciler, o Los Urgentes, dispone de unos 500 miembros y opera desde Siria bajo el nombre de Ejército de Liberación de Hatay”.

No deja de resultar curioso que el líder del un grupo ultraizquierdista haya asumido planteamientos religiosos -como la defensa de templos chiíes- para justificar su participación del lado del régimen sirio, y que comparezca junto a religiosos chiíes en reuniones públicas. Según el analista experto en Siria Joshua Landis, Ural “habla con la seguridad de quien lidera una misión, sino de un profeta”. Según el periodista Stephen Starr, autor de Revuelta en Siria, uno de los problemas del país árabe es la escasa autocrítica de sus ciudadanos. “No les gusta aparentar debilidad. Todos son jefes o profetas”.

Iluminado o no, Mihraç Ural parece ser el instrumento de Siria para desestabilizar Turquía y exportar la violencia. Para Abdullah Bozruk, el objetivo del atentado era lanzar un mensaje internacional. “Pretende afectar el encuentro entre Obama y Erdogan que se mantendrá en Washington el 16 de mayo y en el cual Siria será el tema principal. Está destinado a intimidar a Estados Unidos para evitar un compromiso en el conflicto sirio que actuaría como un cambio en el juego. También pretende decir que el próximo ataque podría tener como objetivo vidas americanas. Mi apuesta es que influirá en una mayor participación de EEUU ya que, a medida que la crisis persista, la contención será más costosa para Estados Unidos y sus aliados, en este caso Turquía, miembro de la OTAN vecino de Siria”.

Otra consecuencia será el enconamiento de las relaciones entre la población refugiada (unas 30.000 personas en la zona de Reyhanli, habitada por unos 90.000 turcos) y la local, que acusa a la primera de traer la inestabilidad. Tras el atentado, residentes de Reyhanli atacaron automóviles sirios y lanzaron una protesta espontánea contra el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, a quien acusan de no haber hecho lo suficiente para protegerles. También incrementará el creciente resquemor entre las comunidades religiosas en Hatay, en un entorno regional de odio sectario que se expande a medida que Siria se desploma en la guerra religiosa.

Pero, además del impacto sobre la opinión pública turca –que critica verse arrastrada al conflicto por la posición del Gobierno, abiertamente prorebelde-, el doble atentado ha logrado otro objetivo: remarcar la debilidad del Ejecutivo de Erdogan. Pese a haber acusado al régimen sirio, Ankara no ha lanzado ninguna respuesta contra Assad, como no lo ha hecho en los anteriores episodios violentos ligados a la guerra civil en Siria salvo tras el lanzamiento de proyectiles que mataron a cinco personas en Akçakale, respondida con contenidos bombardeos contra objetivos militares sirios. No respondió a un coche bomba en Cilvegozu, a pocos kilómetros de la frontera, que mató a 17 personas (y cuyo modus operandi ha sido vinculado por los investigadores sirios al reciente ataque en Reyhanli) ni tampoco al derribo de uno de sus aviones a manos del Ejército sirio –alegaron que había violado su espacio aéreo- en junio de 2012. Sí activó sus privilegios como miembro de la OTAN cuando solicitó a la OTAN el despliegue de baterías de misiles Patriot para evitar recibir fuego de Siria.

Es lógico pensar que ahora Erdogan aproveche el doble atentado de Reyhanli para solicitar el compromiso de Barack Obama sobre la creación de una zona de exclusión militar en el norte de Siria, una antigua demanda de los rebeldes surgida en los primeros meses de la revolución, cuando las primeras deserciones dieron lugar al Ejército Libre de Siria. Pero las circunstancias no son las mismas. La caída del régimen sirio no pondría fin al conflicto, sino que comenzaría una nueva fase de conflicto exclusivamente religioso y limpieza sectaria que modificará la geografía siria. Para ello, el régimen cuenta con una multitud de milicias como los Acilciler que, englobadas bajo la denominación de shabiha (fantasmas), pueden realizar el trabajo sucio sin necesidad del Ejército.