La retirada del PKK en Turquía reforzará a las guerrillas kurdas en Siria e Irán

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Una columna de guerrilleros del PKK se dirige hacia las zonas de repliegue en un lugar de Turquía. / Efe-Firat News

La República Islámica de Irán, pero sobre todo Siria, temen que el reasentamiento de los efectivos que el PKK tiene dentro de Turquía en sus bases del norte de Irak refuerce a las guerrillas que este partido impulsa en esos dos países. El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) inició el pasado 8 de mayo una retirada de sus fuerzas hacia el norte de Irak, calculándose que esto supondría la llegada de varios cientos de guerrilleros –algunas fuentes elevan esta cifra hasta los 1.500-, que se unirían a los más de 2.000 que ya estaban en esas bases. Esta retirada  es “un gesto de buena voluntad” por parte del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el marco de las conversaciones con el Gobierno de Tayip Erdogán para encontrar una salida a un conflicto armado que dura ya tres décadas.

De acuerdo con las declaraciones de varios dirigentes kurdos, como Aysel Tugluk, Ahmed Turk y Murat Karayilan, ahora le toca “mover ficha” a Ankara, poniendo en marcha la “hoja de ruta” hacia la paz, reconociendo en primer lugar los derechos políticos y culturales del pueblo kurdo y terminando, tras la correspondiente reforma constitucional, con la puesta en libertad de su máximo líder: Abdulá Ocalán, “Apo”.

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Pero el repliegue tiene una directa relación también con los conflictos kurdos de Siria e Irán, ya que el PKK no solo lucha contra el Gobierno turco sino también contra el de Teherán a través del PJAK (Partido de la Vida Libre del Kurdistán) y contra el de Damasco, mediante el Partido de la Unidad Democrática (PYD) y sus Unidades de Defensa Popular (YPG), un verdadero ejército con más de 10.000 hombres y mujeres en armas, según asegura esta organización.

PKK, PYD y PJAK son, en realidad, variantes de un mismo proyecto político en el que se confunden la militancia y los recursos económicos y armados de las tres organizaciones. Es de sobra conocido que el PJAK lanzaba, antes de declarar una tregua hace dos años, sus ataques contra Irán utilizando las bases del PKK en el norte de Irak y que dentro del PJAK no combaten solo kurdos iraníes sino también kurdos de Turquía. Por esta razón, los Pasdaranes de Irán han bombardeado en varias ocasiones la zona montañosa de Qandil, dentro de territorio iraquí, e incluso han realizado operaciones conjuntas con el Ejército turco.

Resulta indudable que la retirada de los guerrilleros que el PKK tiene dentro de Turquía a las bases de Irak supondrá un reforzamiento automático del PJAK, sobre todo si se tiene en cuenta que quienes han estado luchando contra el Ejército turco durante años cuentan con una gran experiencia de combate. Resulta, por tanto, difícil que, compartiendo las mismas bases y los mismos objetivos políticos, no “echen una mano” a sus “hermanos” del Kurdistán iraní si, en un momento dado, se reactiva el conflicto dentro de Irán.

La relación del PKK con el PYD y sus Unidades de Defensa Popular aún es más estrecha, si cabe, ya que la participación de jóvenes kurdos originarios de Siria dentro de las filas del PKK es tan antigua como este partido, que inició su lucha armada bajo el liderazgo de Abdulá Ocalán en agosto de 1984. Prácticamente desde entonces, una significativa porción de sus guerrilleros procede del país que ahora está en plena guerra civil, existiendo en Siria numerosos pueblos y barrios habitados por kurdos que tienen “sus mártires” caídos  en las filas del PKK.

El mapa muestra las principales zonas de donde se retiran los guerrilleros y su influencia en Siria e Irán. / Manuel Martorell

El PYD no oculta su sintonía con las posiciones de Apo, apelativo con el que se conoce popularmente a Abdulá Ocalán, hasta el punto que sus militantes se suelen llamar a sí mismos “apoistas”. En la actualidad el PYD se ha convertido en la principal fuerza kurda de Siria, existiendo la posibilidad de asumir un papel hegemónico a semejanza de lo que ya ocurre en Turquía, mientras que en el Kurdistán iraquí este protagonismo político corresponde al PDK de Masud Barzani y a la UPK de Jalal Talabani, y en Irán debe compartirlo con el PDKI y el grupo comunista Komala (Sociedad).

De consolidar su fuerza en Siria, el PKK podría controlar de forma efectiva un amplio territorio con cerca de dos millones de habitantes que, además, tienen una relación directa con las regiones kurdas de Turquía. De hecho, algunas de las principales ciudades habitadas por los kurdos en Siria, como Qamisli o Sere Kaniye (Ras al Ain), forman parte de áreas urbanas mayores dividadas por la frontera en una parte siria y otra turca; en muchos otros lugares, como Derbasiya, Kobani o Derik, la línea divisoria separa clanes y familias de una misma aldea.

Igual que ocurre con el caso del PJAK, resulta extremadamente difícil que los experimentados guerrilleros del PKK, especialmente los de origen sirio, se queden de brazos cruzados mientras sus “hermanos sirios” sufren los ataques de las fuerzas del Gobierno, los yihadistas de Al Nusra y de milicias árabes locales.

Esto es lo que está ocurriendo en varias partes del norte de Siria y de forma especialmente dramática en los barrios kurdos de Alepo, al sur de Sere Kaniye y en las ciudades de Qamisli y Hasaka, donde los puestos de control de las YPG están siendo acosados por otros grupos armados de filiación diversa. Murat Karayilán, principal portavoz del PKK, ya advirtió hace meses que, si los kurdos de Siria lo necesitaban, no dudarían en acudir en su ayuda.

Se reconozca oficialmente o no, parece que reforzar los frentes sirio e iraní es en estos momentos la mejor opción para estos milicianos en retirada, cuya permanencia en territorio iraquí no solo podría aumentar los problemas con el Gobierno Regional de Arbil, en cuyo territorio tienen las bases, sino que podrían caer en una peligrosa inactividad, aparte de esquilmar las arcas del PKK con su mantenimiento diario.

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