Cécile Kyenge: "Soy negra y lo digo con orgullo"

66

Lucia Magi *

Cécile Kyenge ministra italiana de Inmigración
Cécile Kyenge, ministra italiana de Inmigración. / Efe

ROMA.– Insultos racistas proferidos por activistas de la extrema derecha y comentarios ofensivos dejados en la Red acompañaron su nombramiento. Pero ella siempre mantuvo la calma, casi sin comentarlos, fuerte , con una elegancia tranquila, una mirada determinada y una voz de terciopelo. Cécile Kyenge es la ministra de Integración del nuevo Gobierno italiano.

Publicidad

Es la primera persona de raza negra que llega a un cargo tan alto en la historia del país. “Soy negra y lo digo con orgullo. Y soy congo-italiana, y estoy igualmente orgullosa de ello. Dentro de mí albergo dos identidades, la una y la otra se fusionan, conviven, no se cancelan, al revés se valora recíprocamente”.

Nació en 1964 en la República Democrático del Congo. Cuando penas tuvo la mayoría de edad llegó a Italia para estudiar Medicina. Se licenció y se especializó en oftalmología en la Universidad Católica de Roma. Luego se mudó en una pequeña y plácida localidad de la provincia norteña, Módena: “buscaba una ciudad más a medida de persona, más vivible, donde los contactos entre ciudadanos y vecinos salieran auténticos y cercanos. Lo encontré allí”, dice hablando por el móvil mientras gestiona la mudanza en el despacho del palacio Chigi, sede del Gobierno.

La de quedarse en Italia fue una elección casi obligada: “Quería volver a mi país. Allí tengo a mi padre y mi hermano. Pero mientras tanto había estallado una guerra muy cruenta que causó la muerte de ocho millones de personas. Y alrededor del conflicto crecen la violencia, la explotación, la miseria. Italia es el país que me acogió. Ahora puedo devolverle algo”, dice.

Oculista, madre de dos niños, en realidad Kyenge lleva muchos años de compromiso con el país que la acogió hace treinta años: es miembro del Partido Democrático, de centro izquierda, y portavoz nacional de la red “Primero de marzo”, que reúne a muchas asociaciones de inmigrantes y promueve el reconocimiento de sus derechos, laborales y sociales. Durante varios años organizaron una huelga de inmigrantes el 1 de marzo para dejar claro que sin ellos la economía del país se queda coja.

Ahora, sus responsabilidades aumentan: “a finales de abril, un sábado al mediodía me llamó Enrico Letta [actual primer ministro]. Tenía que reunirse con el Presidente de la República para decirle que sí tenía los apoyos para formar un Gobierno y presentarle los nombres de los ministros en que había pensado. Por eso, quería tantear mi disponibilidad para asumir la cartera de Integración. Fue una bellísima sorpresa. Le dije que sí enseguida, porque vi en su propuesta una valiosa oportunidad para dar un señal fuerte al país”.

El mensaje que Kyenge quiere transmitir es que, a pesar de las declaraciones y de los comentarios arrojados por Internet, a pesar de la superficie, en el fondo, en su alma más auténtica, “Italia no es un país racista. Las diversidades son una riqueza, pero esto a veces no se entiende, y se prefiere dejar crecer el miedo y el recelo. Debemos cambiar la mirada, partir de las cosas que tenemos en común. Aprender a colaborar juntos sobre cosas que nos hacen similares”.

La historia es la primera maestra: “Mi desafío es ayudar a sacar a flote una cultura de la acogida que Italia tiene en su ADN, en su barriga, pero que a menudo no se ve lo suficiente. Una cultura del compartir y de la ayuda recíproca que la política no supo valorizar en los años. Lo que emerge es fruto de la falta de conocimiento del prójimo, algo que desemboca en un choque entre culturas. Estoy convencida de que, en nuestras entrañas, ya tenemos el antídoto, el germen de la convivencia. Pienso, por ejemplo, en la mansión Emma de Nonantola, un pequeño pueblo ubicado cerca de Módena. Allí, en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial escondieron y salvaron a unos setenta niños judíos que estaban destinados a ser deportados. Historias como la de ‘los muchachos de la Villa Emma’ nos enseñan que Italia tiene una cultura de humanidad y de acogida. Lo hay que hacer hoy es sacar este germen para que se vea más, para que crezca y se actualice. Hay que partir de los tantos pequeños buenos ejemplos esparcidos por el territorio”.

– ¿Sus hijos se sienten discriminados en el cole?

– Nunca se plantearon el problema de ser diferentes. Los niños viven en el futuro”, zanja segura.

Algunas de las frases ofensivas pronunciadas contra la nueva ministra llegaron de miembros de la Liga Norte, un partido que siempre gobernó junto a Silvio Berlusconi. Ahora, ella se sienta en un Ejecutivo codo con codo con el partido del empresario-político. Sin embargo, esto no le provoca incomodidad. Al revés: “Es una oportunidad para cambiar manera de ver, para ponerse en discusión. Una ocasión que me permite encontrar un nuevo lenguaje para llegar a cualquier bando político. Tuvimos que encontrar unos acuerdos más amplios posible. Se trata de una nueva cultura política: compartir. En un momento de emergencia, donde los problemas son urgencias, la política demuestra saber arrinconar las diferencias y ponerse a colaborar. Me parece buen ejemplo que dar a los ciudadanos. Y es todo un honor para mí estar en este proyecto”.

(*) Lucia Magi es periodista.