Crece la tensión entre Egipto y Etiopía a costa de la 'Gran Presa del Renacimiento'

Recreación virtual de la Gran Presa del Renacimiento, situada entre Egipto y Etiopía . / embalses.net

La tensión entre las autoridades de Egipto y de Etiopía a raíz del desvío de las aguas del Nilo Azul, en territorio etíope, en el contexto de la construcción de la Gran Presa del Renacimiento que pretende convertir a Addis Abeba en el primer exportador de electricidad de todo África, está generando alarma en el exterior.

Tras la retransmisión de una reunión mantenida el pasado 3 de junio entre políticos egipcios y el presidente islamista Mohamad Morsi para debatir la reacción a la construcción del embalse -en la cual algunos de los presentes, que ignoraban que estaban siendo grabados por las cámaras, llamaron al ‘sabotaje’ de la presa hidroeléctrica e incluso propusieron armar a los rebeldes enfrentados con Addis Abeba o amenazar con enviar aviones de combate a bombardear el proyecto- el cruce de acusaciones entre ambas naciones ha llevado al secretario general de la ONU, Ban ki-Moon, y al líder de la Unión de Estados Africanos a intervenir ante ambos jefes de Estado pidiéndoles moderación.

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La polémica reunión del Cairo fue celebrada a propuesta de Morsi, quien pretendía evaluar las posibles consecuencias de la presa, un proyecto monumental de 4.700 millones de dólares que sólo hace unas semanas comenzó a desviar las aguas del Nilo Azul. Este caudal, cuando se une en Jartoum (Sudán) al del Nilo Blanco, forma el Nilo que atraviesa y riega Egipto, un desértico país que depende de este río milenario para la mayor parte de su consumo de agua. Etiopía, que siempre ha aprovechado una mínima parte de estas aguas, insiste en que el dique en construcción, que llegará a producir hasta 6.000 megavatios, no afectará al caudal egipcio, ya que el agua no será empleada para irrigar cultivos.

Los cálculos egipcios no indican lo mismo. “La presa de Etiopía causará un grave daño a Egipto”, explicaba Ziaudin Qusi, experto en Aguas Internacionales, en declaraciones al diario saudí Asharq al Awsat“Es un proyecto que amenaza la existencia misma del Estado egipcio”, remarcaba por su parte Syed Fulayfel, antiguo decano del Instituto de Estudios Africanos de la Universidad de El Cairo. “Hay que disuadir a Etiopía de reducir el volumen de agua de la presa de los 74.000 millones de metros cúbicos (previstos) a unos 30.000 millones”. 

Aunque una comisión de expertos, encargada por Addis Abeba y que incluía ingenieros egipcios, dictaminó que el caudal del Nilo no se verá afectado en Egipto, la reacción de El Cairo ha adquirido tintes preocupantes. “Egipto nunca entregará sus derechos sobre las aguas del Nilo y todas las opciones serán consideradas”, afirmaba el Gobierno egipcio en una declaración presentada tras el explosivo encuentro y que recordaba las palabras de presidentes egipcios como Hosni Mubarak y Anwar Sadat que, ya en el pasado, amenazaban con ir a la guerra para preservar su única fuente. Por su parte, el primer ministro etíope, Hailemariam Desalegn, prometía que “nada ni nadie” parará la construcción de la presa.

El Ejecutivo de los Hermanos Musulmanes ha enviado esta semana a sus ministros de Recursos de Aguas e Irrigación y de Asuntos Exteriores a la capital etíope para negociar con las autoridades. Si bien al principio el gesto fue visto como una medida conciliadora, el hecho de que la esperada rueda de prensa conjunta prevista para el lunes fuese cancelada ha rebajado las expectativas. Tampoco ayuda que, antes de viajar, ambos ministros ofreciesen declaraciones casi contradictorias. "Una solución militar para la crisis del río Nilo está descartada" aseguraba Mohamad Baheddin, ministro de Recusos de Aguas, mientras su homólogo de Exteriores, Mohamad Amr, prometía que no se renunciará "ni a una sola gota del Nilo" y que ya hay previsto un plan de actuación si ello ocurre.

“Sin Nilo, no hay Egipto”, aseguró Amr, remarcando la importancia de un caudal básico para la subsistencia de  sus 84 millones de habitantes, en declaraciones a la agencia MENA. “Tenemos un plan de acción que comenzará pronto”, subrayó Amr. “Hablaremos con Etiopía y veremos qué sacamos de ello. Etiopía ha dicho que no dañará Egipto, ni siquiera con un litro de agua. Esperamos que... eso se cumpla”.

La presa en construcción supone un desafío a los acuerdos coloniales que dejaban el agua del Nilo originalmente en manos egipcias y, posteriormente, también sudanesas. Un tratado de 1929 diseñado por los británicos garantizaba derechos históricos sobre el río a Egipto, que además disponía, en virtud de dicho acuerdo, del 87% del caudal y de derecho de veto sobre cualquier proyecto relacionado con el río. Otro acuerdo, diseñado en 1959, dividía las aguas del Nilo con Sudán si bien la mayor parte de los recursos quedaban en manos egipcias, ignorando por completo los derechos de otras ocho naciones por las que transcurren sus aguas.

En 2010, sin embargo, cinco países de la cuenca del Nilo (Ruanda, Tanzania, Uganda, Kenia y Burundi) suscribieron el Tratado de Entebbe que terminaba con el monopolio egipcio-sudanés sobre las aguas del histórico río y que sería ratificado hace pocas semanas por el Parlamento etíope con el objetivo de usarlo a su favor. Sin embargo, se acusa a Addis Abeba de haber ignorado los protocolos de cooperación de los países de la Cuenca del Nilo que pretenden regular los derechos sobre las aguas, diseñando la construcción de la presa de forma unilateral.

Analistas egipcios consideran que el Ejecutivo etíope ha aprovechado las turbulencias políticas y sociales que sacuden a Egipto para promover políticas hasta ahora aplazadas por temor a la reacción de la nación árabe. La diplomacia egipcia se ha debilitado y, como explicaba al diario Washington Post el general retirado egipcio Talaat Mosallam, si las negociaciones fallan la cúpula militar podría decidir “que es mejor morir en batalla que morir de sed”.

Etiopía pretende transformarse en el primer productor de electricidad de Africa para obtener beneficios de las ingentes reservas acuíferas del Nilo (el 85% se origina en su territorio), y la construcción de la Gran Presa del Renacimiento, como ha bautizado al proyecto que se extiende 40 kilómetros por la frontera con Sudán, es la clave para que la nación africana, durante décadas marcada por sequías y hambrunas, se consolide como una economía emergente en el continente negro. Pero si el resquemor de su vecino egipcio es obvio, dado que perderá derechos históricos, el rumor extendido de que el Ejecutivo de Addis Abeba podría vender parte de sus recursos acuíferos a Israel sólo puede incrementar la tensión árabe contra el proyecto.