‘Obamacare’: historia de una enfermedad crónica

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'Obamacare'
Una mujer exhibe su brazo escayolado con el lema 'Yo amo Obamacare', durante el discurso de Obama sobre la reforma sanitaria, el pasado 30 de octubre, en Boston (Massachusetts, EEUU). / Yoon S. Byun (Efe)

Cada vez que alguien me pregunta qué tiene que traerse si viene de vacaciones a EEUU mi respuesta siempre es la misma: el pasaporte, unos buenos zapatos y un seguro médico a todo riesgo.

El consejo no es una broma. Conozco a gente que ha tenido que salir huyendo del país por no poder hacer frente a una factura médica, e incluso tengo un amigo que prefirió ir a España a sacarse la muela (billete de avión incluido), antes que ir al dentista aquí.

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Dicho de otra manera, ir al médico en EEUU no es caro sino simplemente imposible. Para la mayoría de los estadounidenses esto no supone un problema porque sus empresas pagan por sus planes de salud. Sin embargo, para una amplia minoría el sistema actual es una losa que ha convertido a esta nación en el único país industrializado que considera la salud como un privilegio y no como un derecho.

Un país enfermo

Curiosamente los primeros intentos para conseguir un sistema de salud universal en EEUU no buscaban obtener la atención médica, sino conseguir la baja por enfermedad. La razón es simple: a principios de siglo la falta de medicamentos apenas garantizaba un tratamiento adecuado para los enfermos quienes, sin embargo, sí que se quedaban sin cobrar si no acudían a trabajar.

Con la llegada de la medicina moderna, y la invención de la penicilina, algunos sindicatos propusieron al gobierno la creación de un sistema de salud gratuito, si bien la presión de los doctores, que se negaban a ser regulados por el Estado, y la irrupción de la primera guerra mundial consiguieron diluir el debate.

Para cuando el presidente Truman decidió volver a retomar el tema de la sanidad gratuita la fiebre roja y el miedo al socialismo habían alcanzado tal punto de ebullición que sus propios compañeros lo acusaron de querer traer el comunismo al país.

En EEUU existen ahora mismo 50 millones de personas que no disponen de una cobertura médica básica. La actual reforma sanitaria impulsada por Obama –el llamado Obamacare- pretende arreglar el problema con una ley que para marzo del año que viene hace obligatorio que todos los estadounidenses tengan contratado un seguro médico, bajo la amenaza de tener que pagar una multa.

Aunque algunos grupos como los indios americanos, los presos o los indocumentados, están exentos de tener que contratar este seguro, la Casa Blanca espera que para finales de año al menos 7 millones de personas hayan conseguido obtener algún tipo de cobertura, gracias a una especie de bolsa de seguros a los que se puede acceder por internet. Pero de momento tan sólo un 1% de los que han intentando acceder a la página lo han conseguido, entre otras cosas porque la dirección habilitada no ha dejado de tener fallos.

Pacientes de tarjeta oro

Pocos dicen además que, incluso aunque el sistema funcione, la reforma no garantiza ni mucho menos el acceso a una sanidad universal porque, incluso con el Obamacare, uno tiene lo que paga.

Dicho de otro modo, la actual reforma sanitaria sigue siendo una pura transacción comercial en la que cada cliente podrá disponer de más o menos pruebas médicas dependiendo del fondo de su bolsillo.

Existen por lo tanto la tarjeta plata (que corre con un 70% de los gastos de nuestro tratamiento), la tarjeta oro (que cubre un 80%) y la tarjeta platino (un 90%). Para jóvenes sin problemas de salud, el Obamacare ofrece el llamado seguro “disaster”, cuya cobertura viene implícita en su nombre, es decir que cubren básicamente desastres, pero no enfermedades.

Por si fuera poco también los sectores más marginales se quedaran al margen de esta reforma que llega tarde, esta mal hecha y sigue siendo todavía insuficiente.

Vídeo en castellano sobre el 'Obamacare', difundido por la organización Planned Parenthood.
1 Comment
  1. Runaway says

    Un poco más y despachas esta historia en un twit.

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