Andriy, un taxista de Simferópol que detesta a los rusos

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Miroslav Hanuschak *

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Dos mujeres con un niño pasan delante de soldados prorrusos que bloquean un cuartel del Ejército ucraniano en la localidad de Perevalnoye, a 20 kilómetros de Simferópol, capital de Crimea. / Maxim Shipenkov (Efe)

SIMFERÓPOL (CRIMEA, UCRANIA).– Cinco hombres con brazaletes rojos donde dice “Milicias” observan cautelosamente a los pasajeros del vuelo Kiev-Simferópol que acaba de llegar  a la capital de Crimea. Las milicias parecen muy apropiadas en este aeropuerto soviético, donde ni siquiera hay todavía una sola cinta de equipajes. Los porteadores simplemente los dejan en una de las habitaciones aledañas.

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Hay muchos periodistas extranjeros entre los pasajeros y las milicias los miran con interés especial. Son exóticos. Sin embargo, la prensa ucraniana tiene peor suerte. A ellos los miran con ciertas ganas. Aquí, a esos periodistas se les considera corruptos porque nadie en Kiev tilda de “legítimo” al nuevo gobierno de Crimea.

Hay otras cuantas posiciones de milicias junto a soldados rusos. Es decir, tipos con ropa de camuflaje del ejército ruso, armados con armas rusas sobre transporte militar ruso en los que Putin ve simplemente milicias corrientes y molientes.

“¿Os han tocado esos idiotas?” –espeta el taxista, Andriy, con lo que se nos chafa el estereotipo de la Crimea cien por cien prorrusa. “Son una pesadilla. No nos dejan vivir en calma. Han instalado por todas partes puestos de control para registrar todos los coches. Se aglomeran descaradamente y te abren sin permiso la guantera del coche”.

Andriy, de 50 años, es un veterano de Afganistán. Entiende a la perfección lo que significa el honor de un oficial y apoya a los soldados ucranianos que tienen que hacer frente al ejército ruso en una guerra psicológica. También es cierto que a los rusos los apoya una parte de la población de Crimea y les ayudan a obstaculizar a las unidades de soldados ucranianos en las calles.

Este ex comandante de las Fuerzas Navales, el almirante Denis Berezovskiy, que se ha pasado al inexistente país de Crimea, es un mierda de tío corrupto”, asegura nuestro taxista. “Los rusos le han pagado bien. El honor de un oficial no se vende, pero los que lo hacen se llevan mucho dinero. Y ahora, este traidor se dirige a las unidades a proponer a los soldados que juren el llamado estado de Crimea”. Les propone dinero a cambio, porque el salario de un soldado ucraniano ronda los 300 o 400 euros, mientras que un ruso gana 900. Berezovskiy tentó a los soldados de las Fuerzas Navales ucranianas prometiéndoles los salarios de los soldados rusos pero nadie aceptó porque la única condición era traicionar a Ucrania y jurar sobre la Biblia por Crimea.

El taxista Andreiy nos conduce hasta la localidad de Perevalnoye, a 20 kilómetros de Sinferópol, donde las fuerzas prorrusas bloquean un cuartel del Ejército ucraniano. Parece muy tranquila, con niños jugando en las calles, gente preparando los trabajos de primavera en los campos. Presenta un aspecto de vida normal y corriente. Sin objetivos estratégicos ni unidades de bloqueo parece que no haya guerra.

“La razón está en la victoria de Maidan, dice Andriy. Para mí, entiendo que la gente allí luchó contra un gobierno criminal y a favor de una vida mejor. Pero la mayor parte de los habitantes de Crimea cree que se trata de un golpe de estado. Creen que ha llegado la hora de los nacionalistas, que vendrán a obligar a todo el mundo a hablar en ucraniano y a destruir los monumentos de Lenin. Los de Crimea son muy primitivos, pero a los hombres de negocios les conviene que haya cambios”.

Por fin, Andriy confiesa por qué tiene opiniones tan distintas de sus otros conciudadanos. Él mismo fue un hombre de negocios hace justo un año. Era un ejecutivo de la destilería de Eupatoria. Pero el partido del gobierno, Partido de las Regiones, hizo lo que pudo por echarle del puesto con la ayuda de agencias controladoras y exámenes ridículos. Así que cambió su sillón de ejecutivo por el asiento del taxi. En su fuero interno, siempre confió en que Maiden triunfara.

(*) Miroslav Hanuschak es periodista ucraniano.