La elección de Juan Carlos como rey abortó una alternativa federal al nacionalismo

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Mapa publicado en 1966 con un división territorial semejante al actual. / Revista Montejurra
Mapa publicado en 1966 con un división territorial semejante a la actual. / Revista Montejurra

El reinado de Juan Carlos ya forma parte de la Historia pero ¿fue posible otro tipo de monarquía? ¿un modelo en el que la figura del rey garantizara un sistema territorial que hubiera evitado el problema de Cataluña, del País Vasco e, incluso, la existencia de ETA? La respuesta es que sí y no se trata de política-ficción. Así se desprende de documentos y testimonios de finales de los 50 y comienzos de los 60, especialmente de los suministrados por Ramón Massó en su libro Otro rey para España, editado por Astro Uno en Barcelona el año 2008.

Ramón Massó, considerado el introductor del marketing político moderno en España, profesor de Publicidad en la Universidad Autónoma de Barcelona y asesor de varios políticos catalanes, entre ellos de Jordi Pujol, fue también uno de los principales defensores de la candidatura al Trono de Carlos Hugo de Borbón-Parma en oposición a la dinastía representada por Juan Carlos.

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El pretendiente carlista defendió en esa etapa del franquismo un modelo monárquico profundamente anticentralista, basado en la antigua configuración foral de España, muy semejante al sistema confederal reclamado hoy por algunos sectores nacionalistas –como Durán i Lleida- para evitar el choque frontal entre España, Cataluña y el País Vasco.

Es cierto que con la actual Constitución esa vía ya resulta imposible pero, para comprender la viabilidad de la propuesta, hay que retrotraerse a una España en la que Franco se encontraba en la cúspide del poder, respaldado internacionalmente por las principales potencias del bloque occidental, y más en concreto por EEUU y su amplia red de bases militares por toda la Península Ibérica. Entonces, la oposición política y sindical al franquismo apenas estaba estructurada y en manos del régimen estaban todas las posibilidades para diseñar el sistema que sucedería al dictador, incluida la desaparición de los Principios Fundamentales del Movimiento o de cualquier otro texto constitucional.

Esa era la fórmula que personificaba Carlos Hugo: una España en la que apenas existiera Constitución ni Gobierno central y en la que las regiones, los antiguos reinos, funcionaran con sus propias leyes forales, prácticamente de forma independiente, aunque coordinadas por una Jefatura federal, a semejanza de los cantones de Suiza o de los Estados Unidos de América.

En esa época, lo que formalmente se denominaba Comunión Tradicionalista todavía era una fuerza a tener en cuenta. Había participado en el llamado “bando nacional” durante la Guerra Civil, seguía teniendo cierto predicamento en el Ejército y un grado de movilización popular considerable, como demostraba todos los años el acto de Montejurra, donde cada primer domingo de mayo se concentraban más de 100.000 personas.

Portada de Montejurra proponiendo como "solución para España" la "Monarquía Foral".
Portada de Montejurra proponiendo como "solución para España" la "Monarquía Foral".

Su órgano oficioso de expresión, la revista que llevaba el nombre de ese monte próximo a Estella, dedicó toda una serie de números a presentar su “solución para España”, destacando esa forma de distribución territorial basada en los antiguos fueros, que, en su opinión, podía contrarrestar el nacimiento de los nacionalismos radicales.

La propuesta incluía para cada región un Parlamento, Gobierno y sistema judicial propios, además de una representación fundamentada en ayuntamientos elegidos democráticamente. Una de esas portadas, la del número 19 (verano de 1966), deja bien claro ese enfoque bajo el título de “Monarquía Foral” y, como fondo, el Árbol de Gernika. El siguiente número, bajo el título “Monarquía representativa”, reproduce un mapa de España muy similar al de las actuales autonomías mientras se preguntaba si el futuro diseño territorial no podría quedar así.

Frente a esta España integrada por autogobiernos regionales, estaba el planteamiento continuista de la división provincial con gobernadores y alcaldes nombrados desde Madrid. Quienes, como los tecnócratas del Opus Dei o Manuel Fraga pensaban ya en una liberalización económica o política del régimen se conformaban con seguir la labor de zapa contra las estructuras todavía falangistas del Movimiento Nacional; hablar de derechos forales o de autonomía era sinónimo de separatismo.

Para hacerse a una idea de la mentalidad en este terreno del sector “aperturista” del franquismo se puede recordar la polémica creada cuando varios concejales tradicionalistas del Ayuntamiento de Tolosa propusieron, en junio de 1966, que se derogase el decreto de 23 de junio de 1937 por el que se castigaba la fidelidad de Guipúzcoa y Vizcaya a la República, y, en consecuencia, se anulaban sus respectivos conciertos económicos con el Estado. La moción municipal fue respaldada por otros ayuntamientos, diputaciones y numerosas entidades, siendo defendida finalmente por los procuradores carlistas del Tercio Familiar, de forma especial por el abogado guipuzcoano Antonio Arrúe, uno de los restauradores de Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca), y los navarros Auxilio Goñi y José Ángel Zubiaur.

Pancarta de los años 60 advirtiendo del peligro que suponía ETA. / Revista Montejurra
Pancarta de los años 60 advirtiendo del peligro que suponía ETA para el futuro. / Revista Montejurra

El Gobierno tuvo que salir al paso de la polémica y durante una conferencia de prensa celebrada en Barcelona, Manuel Fraga, en calidad de ministro de Información y Turismo, declaró que “de ningún modo se iba a volver la vista atrás” porque “la Historia es irreversible” y “era incuestionable la unidad político-administrativa y el establecimiento de una total igualdad de los españoles”.

Para estos sectores, por lo tanto, era preferible como candidato al Trono un representante de la “monarquía liberal”, tradicional defensora del sistema centralista. Por eso, cuando en 1964 Franco “picaba” el anzuelo tendido por López-Rodó y Carrero Blanco en la llamada “Operación Salmón”, no solamente se inclinaba por una dinastía, la de Juan Carlos, sino que, al mismo tiempo, rechazaba esa Monarquía Foral que, con toda seguridad, habría frenado el ascenso de los nacionalismos y el surgimiento de ETA.

Entonces ETA no era ni la sombra de lo que llegaría a ser y prácticamente no tenía delitos de sangre a sus espaldas. Por eso resulta tan significativa la premonitoria consigna que esos años se podía ver en las pancartas de Montejurra advirtiendo ya de lo que podría ocurrir en el futuro: “Contra ETA, fueros, no fuerza”.

10 Comments
  1. juanjo says

    ¡Antigua configuración foral de España! ¡Monarquía Foral!¡Frenar los nacionalismos!
    ..En pleno siglo XXI, con los Derechos humanos de 3ª generación en marcha y aspirando a una Europa federal, ¿Y se pretende promocionar los fueros medievales clasistas e inhumanos y/o unos nacionalismos arbitrarios y anacrónicos, paridos o promoionado al socaire del espíritu fascista de finales del XIX y primeros del XX ?

  2. TODOS CONTRA ESPAÑA !!! says

    -ES DIGNA DE ADMIRACIÓN LA LUCHA LLEVADA A CABO POR LOS SEGUIDORES QUE EN BRASIL ESTÁN PROMOCIONANDO EL CONOCIMIENTO DE LA CAUSA VASCA CON LAS BANDERAS DE EUSKAL PRESOAK, ETXERAT , QUE MUESTRAN A LAS CÁMARAS, PARA QUE EL MUNDO ENTERO COMPRENDA LA SITUACIÓN REAL DE LOS PUEBLOS OPRIMIDOS POR EL ESTADO ESPAÑOL, ÁNIMO A TODOS A QUE SIGAN ESE MODELO Y MUESTREN PANCARTAS Y BANDERAS, ESTELADAS, IKURRIÑAS, BANDERAS DE TODOS LOS PUEBLOS QUE LUCHAN POR LA INDEPENDENCIA, Y PANCARTAS PIDIENDO LA INDEPENDENCIA Y EL FIN DE LA OCUPACIÓN ESPAÑOLA.

  3. Sergei says

    Al tal juanjo: medievales también son las Cortes originarias, y los principios jurídicos romanistas que informan nuestro ordenamiento actual, y la contabilidad, y la notación numérica algebraica… Pretender descalificar algo con el adjetivo «medieval» no hace sino demostrar la ignorancia de quien así moteja. El hecho de ser medieval no tiene nada de negativo. En cuanto a si eran «inhumanos», es evidente que usted desconoce en qué consistían los fueros, puesto que muchos de ellos les daban cien mil vueltas concretando libertades a esos «derechos humanos de 3.ª generación», que a mí concretamente, no me han servido hasta el día de hoy para nada.

  4. Y más says

    ¿El pretendiente carlista iba a modernizar España?… no sé, no sé…

  5. juanjo says

    Vamos a ver, Sergei, en la Edad Media (como luego en la Moderna) las cortes brillaban por su ausencia en casi la totalidad de Europa, pero donde las hubo, como por ejemplo en España, en el mejor de los casos, eran Cortes estamentales, en la que participaban los 3 estamentos privilegiados: La nobleza , el clero y la oligarquía (que no el “Pueblo llano”), Y ni ignorancias ni hostias, desde el punto de vista humano y social (te recuerdo que la idea de JUSTICIA SOCIAL nació en el siglo XIX) la inmensa mayoría de los seres humanos., hombres y mujeres estaban no ya bajo el dominio absoluto de la Iglesia y los príncipes, sino bajo las arbitrariedades más truculentas, que iban desde los malos usos hasta la situación de esclavitud de los siervos de la gleba.. Y con fueros y sin fueros (Y repásate los fueros y verás qué eran y a quie´nes aprovechaban)
    , y por más que existiera cierto códigos jurícos: la justicia tenia lugar interpares, y los delitos se medían por la calidad del ofendido, y en buena parte de los “pueblos” europeos el noble podía despojar al plebeyo de sus propiedades e incluso matarle impunemente.
    En fin, para terminar, te recuerdo que en Europa ,la revolución burguesa comenzó en la Francia de finales del XVIII y la social- proletaria (s i es que puede llamarse así) bien entrado el siglo XIX.

    Y en cuanto a los derechos humanos que no te han servido de nada; pues espabila, tío, y mira en tu derredor, porque sí es así, seguro que alguno de tus «señoritos» te está jodiendo,

  6. EUDO says

    Decía Pi y Margall que el Federalismo es la coronación de la democracia y de eso los vascos sabemos mucho.

    Uno de los grandes desconocidos en Euskal Herria es Diego de Gardoqui y Arequibar, primer embajador de España en los Estados Unidos de Norteamérica y amigo de los padres de la Constitución Americana Jefferson y Franklin y a los cuales influyó sin duda alguna con su conocimiento sobre el Fuero de Bizkaia.

    Hemos de tener en cuenta de que en aquel entonces Las Españas eran el imperio dominante y que los americanos nos copiaron hasta el símbolo del dólar que son las columnas de Hércules y sobre ellas, la “S” de la ceca de Sevilla.

    Los Estados Unidos de Norteamérica tienen una constitución con muy pocos artículos y cada uno de sus estados dispone, llamémoslo así, de una constitución propia y la capacidad de revisarla y modificarla a medida de las necesidades de los ciudadanos de cada estado, Incluso llama la atención la capacidad de dichos estados sobre la pena de muerte.

    La realidad es que los Estados Unidos de Norteamérica se rige por un sistema parecido al foral y ya, en las Cortes de Cádiz, se afirmaba de los fueros que son las constituciones de cada pueblo de Las Españas.

    Del discurso preliminar leído al efecto en las cortes de Cadiz“… La Constitución de Navarra, como viva y en ejercicio, no puede menos de llamar grandemente la atención del Congreso. (…)Aunque la lectura de los historiadores aragoneses, que tanto aventajan a los de Castilla, nada deja que desear al que quiera instruirse de la admirable Constitución de aquel reino. (…) causaron un olvido casi general de nuestra verdadera Constitución hasta el punto de mirar con ceño y desconfianza a las que se manifestaban adictos a las antiguas de Aragón y Castilla.”

    En este mismo discurso se reconoce asimismo la realidad de una nación plurinacional a la que se ataca frontalmente, en ese mismo discurso, al afirmar “Esta gran reforma bastará por sí sola a restablecer el respeto debido a las leyes y a los Tribunales, asegurará sobremanera la recta administración de justicia, y acabará de una vez con la monstruosa institución de diversos Estados dentro del mismo Estado, que tanto se opone a la unidad del sistema en la administración, a la energía del Gobierno, al buen orden y tranquilidad de la Monarquía.”

    ¿Qué mayor libertad? ¿Qué mayor independencia? que disponer de nuestra propia Constitución y del mismo mecanismo con el que, en otros tiempos, nuestros ayuntamientos proponían leyes desde las asambleas vecinales y que Las Juntas Generales los convertían en nuestras leyes, en nuestros fueros. LosFueros no son la obra de legislador alguno sino, que son el resultado de unas leyes hechas desde la voluntad popular.

    Pero lo que es importantísimo en el modelo Federal es que ese federalismo se aplique en las comunidades de base, es decir en Municipios y Diputaciones. No vale un modelo político sea confederal o federal en que, esas instituciones, dependan de los dictados del gobierno federal. Ahí radica nuestra diferencia con los nacionalismos. Estos copian el modelo liberal de gobierno a una escala inferior y dominan desde el poder a las comunidades humanas básicas.

    La Constitución Española solo debe recoger el pacto de convivencia de los pueblos Ibéricos y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

    Son las Comunidades o Estados Ibéricos los que ceden el poder al gobierno de la nación española o Las Españas y, no a la inversa, el gobierno español quien nos dota de soberanía. Por tanto todas las cesiones que se han hecho hasta ahora desde Madrid no son lícitas. La soberanía es muestra y la cedemos a la nación pasando por las comunidades humanas intermedias y no directamente al Gobierno de la Nación.

    Si el pacto entre todos los estados españoles se realiza desde la decisión de, que poderes cedemos desde nuestros estados al gobierno de la nación, es innecesario pensar en la creación de una Confederación ya que en la práctica no sería necesaria y solo piensan en ella los que pretenden implantar el mismo sistema burocrático que ahora esclaviza a nuestros ayuntamientos y diputaciones. Es decir un nacionalismo casero. Hasta Suiza se ha reconvertido al federalismo. No existe ya ningún Estado Confederal en el mundo.

    Veamos como Engels reconoce la diferencia entre el absolutismo y el sistema de libertades forales con que se regía Castilla.

    “La base material de la monarquía española había sido establecida por la unión de Aragón, Castilla y Granada bajo el reino de Fernando el Católico e Isabel I(Isabel I fue Señora de Bizkaia antes que reina de Castilla). Carlos I intentó transformar esa monarquía, aun feudal, en una monarquía absoluta. La emprendió simultáneamente contra los dos pilares de la libertad española: las Cortes y los Ayuntamientos. Aquellas eran una modificación de los antiguos concilia góticos, y éstos que habían perdurado casi sin interrupción desde los tiempos romanos, presentaban una mezcla del carácter hereditario y electivo propio de las municipalidades romanas. Desde el punto de vista de la autonomía municipal, las ciudades de Italia, Provenza, Galia septentrional, Gran Bretaña y parte de Alemania ofrecen clara similitud con el estado en que entonces se hallaban las ciudades españolas; pero ni los Estados Generales franceses ni el parlamento inglés de la Edad Media pueden ser comparados con las Cortes españolas. En la formación de la monarquía española se dieron circunstancias particularmente favorables para la limitación del poder real. De un lado, durante el largo pelear contra los árabes, la península iba siendo reconquistada por pequeñas partes, que se constituían en reinos separados. Durante ese pelear se adoptan leyes y costumbres populares.

    Las conquistas sucesivas, efectuadas principalmente por los nobles, otorgaban a éstos un poder excesivo, en tanto mermaban la potestad real. De otro lado, las ciudades y poblaciones del interior alcanzaron gran importancia debido a la necesidad en que las gentes se veían de residir en plazas fuertes, como medida de seguridad frente a las continuas incursiones de los moros; al mismo tiempo, la configuración peninsular de país y el constante intercambio con Provenza e Italia dieron lugar a la creación de ciudades comerciales y marítimas de primera categoría en las costas. En el siglo XIV, las ciudades constituían ya la parte más poderosa de las Cortes, las cuales estaban compuestas de representantes de aquellas junto con los del clero y la nobleza. También merece la pena subrayar el hecho de que la lenta redención del dominio árabe mediante una lucha tenaz de cerca de ochocientos años dio a la península, una vez totalmente emancipada, un carácter muy diferente del que presentaba la Europa de aquel tiempo. España se vio, en la época de la resurrección europea, con las costumbres de los godos y de los vándalos en el norte, y de los árabes en el sur.
    Cuando Carlos I volvió de Alemania, donde le había sido conferida la dignidad imperial, las Cortes se reunieron en Valladolid para tomarle juramento a los antiguos fueros y coronarlo. Carlos se negó a comparecer y envió a representantes suyos que habían de recibir, según sus pretensiones, el juramento de lealtad de parte de las Cortes. Las Cortes se negaron a recibir a esos representantes y comunicaron al monarca que si no se presentaba ante ellas y no juraba los fueros del país, no sería reconocido jamás como rey de España. Carlos se sometió; se presentó ante las Cortes y presto juramento, como dicen los historiadores, de muy mala gana. Con este motivo, las Cortes le dijeron: ”Habéis de saber, señor, que el rey no es más que un servidor retribuido de la nación”. Tal fue el principio de la hostilidad entre Carlos I y las ciudades. Como consecuencia de las intrigas reales, estallaron en Castilla numerosas insurrecciones, se constituyó la Junta Santa de Avila, y las ciudades convocaron la Asamblea de las Cortes de Tordesillas, las cuales, el 20 de octubre de 1.520, dirigieron al rey una “protesta contra los abusos”, Este respondió privando de sus derechos personales a todos los diputados reunidos en Tordesillas. Así, la guerra civil se había hecho inevitable. Los comuneros llamaron a las armas: sus soldados mandados por Padilla, se apoderaron de la fortaleza de Torrelobatón, pero fueron derrotados finalmente el 23 de abril de 1521 por fuerzas superiores en la batalla de Villalar. Las cabezas de los principales “conspiradores” rodaron por el cadalso, y las antiguas libertades de España (en Castilla) desaparecieron.”

    Más adelante, en este mismo escrito, reconoce Engels la soberanía e independencia de cada república española y dice:
    “Así pues, la monarquía absoluta de España, que solo por encima se parece a las monarquías absolutas europeas en general, debe ser clasificada más bien junto a las formas asiáticas de gobierno. España, siguió siendo una aglomeración de repúblicas mal administradas con un soberano nominal a su cabeza.”

    Y es que el absolutismo español representaba la oposición a los recursos de la nobleza que, llegaban hasta Roma. Eso solo podían hacerlo los nobles y no el pueblo. Por eso los reyes hacían del poder absoluto el final de las reclamaciones de los poderosos.

    .Una de las personas más influyentes en el pensamiento de Unamuno fue, sin duda Pi y Margall. “El hombre público a quien por entonces iban mis simpatías todas, el que me atraía, y a quien acudí a oír siempre que pude, era Pi y Margall. Y nunca, sin embargo, cruce dos palabras con él.

    Mi simpatía hacia Pi y Margall y sus doctrinas arrancaba de antes de mi salida de mi tierra natal vasca. Siendo todavía estudiante del Instituto, en Bilbao, había leído su libro Las Nacionalidades -acaso el primer libro de política que leí-, que era como una especie de escritura sagrada en el grupo de amigos que a lo largo del Nervión, campo de Volantín adelante, comentábamos las doctrinas del federalismo.” (Castelar O.C.X, pp. 3o4-3o5. Sobre la ideología de Pi y Margall pueden consultarse: C. A. M. Hennessy, The Federal Republic in Spain (Oxford, 1.962)

    Además de admirar sus ideas, Unamuno participó de la general estima que despertaban sus cualidades personales. En una entrevista concedida a Azorín en 1.898 comentaba: “¡sinceridad! La de Pi y Margall, por ejemplo. ¡Que hermosura es! ¡Qué reposada! ¡Qué sincera!.

    La doctrina de Pi y Margall fue de hecho una de las ideologías más influyentes en la segunda mitad del siglo XIX. Derivada en parte de Proudhon, de quien fue traductor en España, expresaba muchas de las tendencias espontáneas del pueblo español. Estaba, además, expuesta en un estilo que se tomó entonces por modelo. (Recordaba Unamuno que Pi y Margall había sido para él: “uno de los ídolos literarios hace veinticinco o treinta años”, en “Lecturas Españolas”, O.C., V. p. 371.”) Para Pi y Margall, la soberanía, autónoma e interior, residía exclusivamente en el hombre. Soberanía y poder eran incompatibles. Cualquier hombre que ejerciera su poder sobre otro era un tirano. Las relaciones del hombre con sus semejantes se debían basar exclusivamente en un pacto libre, a partir del cual se iban creando los diferentes organismos sociales: familia, municipio, provincia, región, nación. Todas estas sociedades eran soberanas y autónomas, estando sus relaciones reguladas por pactos libres. España, aplicando estas doctrinas, había de reconstruirse en el plano político como una federación de las regiones históricas, unidas por libres pactos “sinalagmáticos, bilaterales y conmutativos”. Pi y Margall tuvo una profunda preocupación por el problema social y un gran interés por el reformismo, que le valió el respeto de los partidos obreros, respeto que no compartieron los demás partidos republicanos. Al atractivo de sus ideas se unieron los de su persona, su pobreza, su ascetismo, su absoluta incorruptibilidad, que le rodearon siempre de un aura de santidad laica. ”Política y Sociedad en el Primer Unamuno. Rafael Pérez de la Dehesa pp 17 y 18.

    La principal influencia ideológica de Pi y Margall en Unamuno se muestra principalmente en la primera posición que adoptó este escritor ante el problema regionalista.

    La primera ideología política de Unamuno -y esto será una sorpresa para muchos- fue el nacionalismo vasco. Este nacionalismo comenzó con un interés romántico por las viejas leyendas vascas, y fue catalizado por la abolición de los Fueros en 1.876.

    De muchos de aquellos males culpaba a Bilbao. Llegó un día a escribir, en colaboración con un amigo, una carta anónima a Alfonso XII, increpándole y amenazándole por la abolición de los Fueros: “¡Cuántas veces echamos planes para cuando Vizcaya fuese independiente!…Por el mismo tiempo se formaba en el mismo espíritu de Sabino Arana.” Años más tarde, ese nacionalismo encontró una base doctrinal en Pi y Margall. (Recuerdos de niñez y mocedad, O.C., I, pp. 345 y 346)

    “…Comentábamos -escribía- las doctrinas del federalismo, en vista siempre a la redención de nuestra Euskalerría -así se llamaba entonces, y no Euzkadi (…) a pesar de su posterior divergencia, en 1.918 escribía en carta a Alfonso Reyes: “he influido en el nacionalismo, en cuyas filas se me respeta y aún algo más. Lo más de su bagaje ideológico se lo di yo a Sabino”.(Arana).

    Cuantos ignoran el verdadero pensamiento político de Unamuno. Es lamentable que la izquierda de nuestro pueblo escuche a quienes tratan de presentarlo como alguien que odiase a Euskal Herria.

    El libro “POLITICA Y SOCIEDAD EN EL PRIMER UNAMUNO” de Rafael Pérez de la Dehesa, Doctor en Filosofía y Letras por la Brown University (USA), profesor en la Universidad de California en Berkeley en 1.966, fue un trabajo iniciado con J. L. López Aranguren y presentado como tesis doctoral en la Universidad de Madrid, sección de filosofía, en junio de 1.966, bajo la dirección de D. Rafael Calvo. Recibió la calificación de sobresaliente “cum laude” y, según el mismo Rafael Pérez de la Dehesa indica, “Este libro fue posible gracias a la beca de la American Philosophical Society que nos permitió estudiar en archivos de España, Francia y Holanda, en el verano de 1.965, y a la ayuda económica obtenida por las gestiones de R, Whidridge y S. Simches, del Comité de Ayuda a la Investigación de Tufts University”.

    Es este libro un profundo análisis de la figura de Miguel de Unamuno, de su época, y de su pensamiento político. Nos describe la opinión y sentimientos que sentía don Miguel sobre el mundo que le rodeaba así como el porqué de sus novelas. Sin ninguna duda, la que representó la plasmación de su vida más íntima fue “Paz en la Guerra”.

    Uno de los más claros ejemplos del como mentir se remonta al centenario del nacimiento de Unamuno. A través de ETB, cadenas de radio y “El Correo Español” se difundió a un Unamuno liberal -en su sentido político-. Veamos, pues, que opinión tenía don Miguel del liberalismo.

    “Ha fracasado el liberalismo español con su libertad y democracia abstractas, vastas fórmulas vacías de contenido ya. A ese liberalismo correspondió en lo económico el individualismo manchesteriano.

    Afirmando el sagrado derecho de propiedad privada, el derecho quiritario a usar y abusar, ese en un tiempo tan cacareado derecho anterior y superior al Estado mismo, que de él brota; acotada la tierra toda prácticamente disponible, ¡caigan las cadenas del esclavo, que adonde quiera que valla se encontrará con que la tierra es de otro, y él, de aquel de quien la tierra sea! Atados de pies los sin tierra. ¡Libres las manos! ¡Concurrencia libre! La misión del desheredado al poseyente es libre contrato de trabajo, en que, para nada tiene que entrometerse el Estado; conténtese éste con garantizar el orden; es decir, con proteger con cañones y fusiles la sagrada propiedad”. Miguel de Unamuno.- Conferencia en el Certamen de la Academia Jurídico-Escolar del Ateneo Científico de Valencia” O. C, VII, p.52.

    Cada vez es más claro. Vamos hacia una Patria Universal Humana (así la llamaba Unamuno) El como se haga esa Patria depende de todos.

  7. OestePURPURA says

    ¿¿¿¿Mapa publicado en 1966 con un división territorial semejante a la actual????

    PERO CREIS QUE LA GENTE ES TONTA. Si, semejante, pero completamente diferente.

  8. Diego says

    Siempre el mismo discurso recurrente: «existe una forma unilateral de desactivar los separatismos. Si tan sólo hiciéramos esto, sin tan sólo hiciéramos aquello…»

    Y siempre consiste en una invocación vacía a la buena voluntad y un federalismo que nunca se define.

    Para el que no se haya enterado: el sistema actual es técnicamente federal. Le faltan dos detalles para serlo.

    En Las Españas actuales (bueno, Portugal sigue a su aire) y para el que no se haya enterado, en Cataluña no se puede estudiar en castellano. Se imparten dos horas con la misma seriedad que las de gimnasia.

    En El Principado, hoy, se recaudan por la Generalidad el 60% de los impuestos, gracias a los porcentajes cedidos de IRPF e IVA.

    Pongo este par de ejemplos de miles que podrían ponerse, no todos referidos a mi querida Cataluña.

    Esto es lo que hay.

    En esa «España federal» que propugnan algunos, ¿el control de la educación seguirá en manos separatistas? ¿Habrá una auténtica industria audiovisual (televisiones, radios, publicaciones de todo tipo) al servicio de las ideologías separatistas, como la hay hoy?

    Uno que empieza a tener ya una edad está empezando a cansarse del pensamiento débil y volitivo.

    El Aranismo pseudo-vasco, conocido como «nacionalismo vasco» es un movimiento autónomo, no una simple reacción a errores de configuración territorial. El Aranismo odia lo hispano y cualquier forma de unionismo, federal, foral, jacobino, autonómico o mediopensionista. Odia a España y punto. Así lo crearon sus fundadores.

    El separatismo de CiUy ERC exige, exige y exige. Exige la posibilidad de la secesión y la consideración, por narices, de nación. Sólo se le aplaca con periódicas cesiones de poder y dinero. Poder y dinero usados en la industria cultural del secesionismo para fabricar más nacionalismo, más radical.

    En todas y cada una de las comunidades autónomas, por el sólo hecho de existir, se han desarrollado narrativas justificadoras de su propia existencia. En todas ellas sin excepción. Siempre a costa de amplias áreas de la verdad y la historia común.

    No todo se arregla con «federalismo sin concretar» y buena voluntad. Hay mucha mala leche, enorme, en ideologías que llevan cien años queriendo desgajar (aún más) a España. Saben lo que quieren y lo persiguen.

    Y el debate que hay que darles es identitario. Pensar que la ETA jeltzale-comunista de los setenta, asesina, fanática, hubiera dejado de actuar «con fueros» es de una inocencia surreal. ¿Acaso han dejado de pedir la secesión con Concierto Económico y Parlamento -ahistórico y jacobino-?

    Manuel Martorell nos repite lo mismo que se lleva repitiendo cincuenta años, mucho antes de la muerte de Francisco Franco (ahí estaba la revista «Las Españas» de las izquierdas exiliadas en México): «cedamos, cedamos, cedamos. Buena voluntad, buena voluntad, buena voluntad. La culpa es toda nuestra. Démosles más poder. Entreguemosles la cultura y las identidades regionales a ellos.»

    ¿Y cómo ha funcionado? Ahora resulta que la «España de las Autonomías» es de un jacobinismo extremo. Alucinante…

    Compárese con esa otra integrante de «As Hespanhas» milenarias. Independiente, soberana completamente, estado-nación antiguo. Me refiero por supuesto a Portugal.

    Allí, en el estado hermano, en esa otra mitad de Iberia, resulta que por ley no pueden crearse partidos de índole local o regional. Y hacen falta 10000 firmas ante notario para crear cualquier movimiento.

    Aplíquese la misma murga que se ha sufrido en «España» los últimos cincuenta años, el mismo discurso tontorrón, inocentón y disolvente y en no mucho tiempo veremos a Madeira y Azores exigiendo «consultas».

  9. Diego says

    Una vez dicho esto, los detalles, menores pero importantes: el castellano (romance vascomontañés) también tiene topónimos propios: Guernica, Vizcaya. Un respeto. Para todos.

    Respecto al mapa: lo de sacar La Rioja -región propia, región en sí mismo, pero región castellana- fuera de Castilla es un insulto total. Si se me permite la humorada, vamos a tener que resucitar otra vez al Cid para ganar el duelo por Calahorra.

    Como esas fronteras occidentales de la Castilla norteña, la llamada Vieja, que se corresponden con un estado de cosas anterior… ¡a 1157! Desde 1157 (casi nada) la mayor parte de Palencia y Valladolid han sido castellanas.

    El gran erudito Gonzalo Martínez Díez lo explica magníficamente:

    http://areapatriniani.blogspot.com.es/2012/09/palencia-en-castilla-o-la-castellanidad.html

    Un poco de respeto a Castilla. Que estamos en 2014.

  10. Diego says

    Alguna nota más:

    «las regiones, los antiguos reinos, funcionaran con sus propias leyes forales, prácticamente de forma independiente, aunque coordinadas por una Jefatura federal, a semejanza de los cantones de Suiza o de los Estados Unidos de América.»

    Es decir, que en EEUU «no hay casi gobierno central» cuando hace muchísimo que es la principal fuente de decisiones. En EEUU hubo una guerra que se llevó por delante a 800.000 americanos para evitar la secesión del Sur. Nos enteramos también, gracias al señor Martorell, de que en Suiza la secesión está a la orden del día.

    Vaya por Dios.

    Y qué decir de la intencionada mezcolanza, ofuscadora entre «federal», «foral» y «confederal».

    Vamos a aclarar las cosas, dado que don Manuel no lo hace. Es muy fácil.

    Confederal (cuando lo es de verdad y no sólo de nombre como Suiza): estados in-de-pen-dien-tes. Soberamos. Estados-nación.

    Federal: un estado-nación. No hay secesión posible.

    Para dejar de confundir al personal.

    Lo mejor llega después:

    «para cada región un Parlamento»

    Es decir, como ahora.

    «con Gobierno y sistema judicial propios»

    Es decir, casi como ahora. Es verdad: el sistema judicial propio «sólo» existe en la forma de Tribunales Superiores de Justicia de las CCAA. (Una nadería).

    «representación fundamentada en ayuntamientos elegidos democráticamente.»

    Como ahora.

    «Frente a esta España integrada por autogobiernos regionales…»

    Como la de ahora.

    «…con toda seguridad, habría frenado el ascenso de los nacionalismos y el surgimiento de ETA.»

    Claro, porque los nacionalismos en los años treinta no tenían fuerza alguna. El PNV de Napoleonchu Aguirre. Ese Companys proclamando a Cataluña como una especie de Estado Libre Asociado, a lo Puerto Rico actual.

    P.D.: ya que estamos entre gente tradicional, recordemos que el País Vasco está en Francia (Pays Basque). En España y cuando se usa el castellano, hablamos de Vascongadas y Navarra.

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