La OTAN permite al Estado Islámico un «nuevo Sinyar» contra los kurdos de Siria

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Mapa loalizando la nueva ofensiva yihadista y el despliegue de la OTAN. / Manuel Martorell
Localización de la nueva ofensiva yihadista contra los kurdos en Siria y el despliegue de la OTAN. / Manuel Martorell

La situación es muy parecida a la que, a comienzos de agosto, ocurrió en el norte de Irak con los yezidis de Sinyar: cientos de miles de personas de distintas etnias y religiones están atrapados en el enclave de Kobani, al norte de Siria, por las fuerzas del Estado Islámico. Solo durante la jornada del sábado más de 60.000 civiles cruzaron la frontera con Turquía huyendo del avance yihadista. La diferencia con lo ocurrido a los yezidis de Irak estriba en que la nueva masacre podría ocurrir, utilizando una expresión popular, “en las mismísimas narices” de la OTAN, organización que, de forma oficial, ha mostrado su determinación de acabar con la amenaza yihadista.

Se calcula que otras 300.000 personas, la mayor parte refugiados de otras regiones de Siria, siguen cercados por las fuerzas del Estado Islámico. Igual que ocurrió con el caso de los yezidis en Irak, quienes han logrado escapar relatan casos de ejecuciones sumarias y de secuestros en los pueblos que ya han caido en manos de los yihadistas. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos calcula en cerca de un millar el número de personas que se dan por "desaparecidas".

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De acuerdo con las informaciones suministradas por las YPG (Unidades de Defensa Popular), que intentan frenar a los islamistas, se trata de la ofensiva más virulenta desencadenada hasta hoy por el Estado Islámico, que intenta arrasar toda la región para aislar a los otros dos cantones kurdos: el de Afrín, junto al Mediterráneo, y el de la Yazira, situado al este y que conecta con el Kurdistán iraquí.

Los ataques se estarían produciendo en cinco frentes distintos, aunque destacarían por su importancia el desencadenado desde la ciudad de Jarabulus por el oeste, por el sur desde Sarrin y por el este desde Tel Abyad, uno de los focos yihadistas más importantes en la provincia de Raqqa. Decenas de pueblos y aldeas estarían siendo bombardeados utilizando artillería pesada, morteros de gran calibre y carros blindados capturados en las bases del Ejército iraquí el pasado mes de junio. Frente a ellos, las YPG solamente podrían oponer, fundamentalmente, armas ligeras y lanzagranadas RPG, habiéndose visto obligadas a abandonar un centenar de pueblos y aldeas, cuyos habitantes se han refugiado en el centro urbano de Kobani.

Guerrillas del PKK tomando un pueblo abandonado por los yihadistas en Mahmur. / Actukurde
Guerrillas del PKK tomando un pueblo abandonado por los yihadistas en Mahmur, Kurdistán iraquí. / Actukurde

Las mismas fuentes locales relatan que los yihadistas queman las casas de las aldeas abandonadas y que matan a cualquiera que, por la razón que fuera, se haya quedado en casa. Eso es lo que le ocurrió a Ahmed Nazan, de 98 años, que vivía en Turaman, un pequeño pueblo a 40 kilómetros al sur de Kobani. Según esta fuente, no pudo marcharse con los demás porque ni siquiera podía andar. Cuando los yihadistas lo encontraron, no tardaron en degollarle.

Incluso los proyectiles habrían caído en la propia ciudad de Kobani, matando e hiriendo a decenas de habitantes. Esta ciudad, que antes de la guerra tenía solamente 60.000 habitantes, ha pasado a tener más de 200.000 debido a la afluencia de refugiados árabes, asirios cristianos, armenios, kurdos y circasianos de otras regiones; todos han quedado ahora atrapados en esta gigantesca trampa formada por la frontera de Turquía y las fuerzas de la Yihad.

Se da la circunstancia de que a solo unas decenas de kilómetros, al sur de la ciudad turca de Gaziantep, se encuentran desplegadas las baterías de misiles Patriot, instaladas por la OTAN y a las que estará destinado el contingente de soldados españoles anunciado recientemente por el ministro de Defensa. La Alianza Atlántica decidió este despliegue precisamente para proteger a Turquía de las amenazas procedentes del conflicto sirio, amenazas entre las que, de acuerdo con las declaraciones oficiales de la OTAN, ahora estaría incluido el Estado Islámico.

Sin embargo, se podría interpretar, dado el papel que está jugando Turquía en la actual crisis, que la Alianza Atlántica se limita a observar los acontecimientos, igual que ocurrió con los cascos azules holandeses en Bosnia o con los franceses y belgas en el genocidio de Ruanda. Algunos testimonios locales hablan de que varios drones, supuestamente de países de la OTAN, sobrevuelan la región recogiendo datos pero nadie hace nada para frenar la ofensiva yihadista.

Las denuncias de los kurdos de Kobani van incluso más lejos, asegurando que en el pueblo de Slipe Qaran, que no tiene estación ferroviaria, están parando trenes de los que se descargan cajas aparentemente con munición que son llevadas a Tel Abyad, uno de los lugares desde donde se lanzan los ataques contra el enclave kurdo. También denuncian que los yihadistas heridos son trasladados para su tratamiento en hospitales turcos de Urfa, Gaziantep y Mersin.

Todo indica, por lo tanto, que Turquía, con el consentimiento de sus socios de la OTAN, está permitiendo a los yihadistas del Estado Islámico que hagan “el trabajo sucio” para liquidar a un enemigo común: la resistencia kurda; para el Gobierno de Ankara, controlada por los “terroristas” del PKK; para los yihadistas del Estado Islámico, como les califican en la revista Dabiq, “apostatas”, “secularistas” y “comunistas” que es necesario exterminar.

Tanto el presidente de la región del Kurdistán iraquí, Masud Barzani, como la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), partido al que pertenece el actual presidente de Irak, han realizado un llamamiento a la comunidad internacional, a las Naciones Unidas y al Consejo de Seguridad para impedir esta nueva masacre, recordando el importante papel jugado por las guerrillas del PKK para frenar al Estado Islámico en las regiones de Sinyar y Mahmur.

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