El PKK convierte el asedio a Kobani en una trampa mortal para el Estado Islámico

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Varios combatientes de las YPG descansando supuestamente en Kobani. / Observatorio Sirio de Derechos Humanos
Varios combatientes de las YPG descansando supuestamente en Kobani (Siria). / Observatorio Sirio de DDHH

Los kurdos no pueden cantar victoria en Kobani pero la efectividad de los bombardeos norteamericanos ha hecho que la situación en la ciudad sitiada haya dado un giro de 180 grados. Hace dos semanas, tanto el presidente turco, Tayip Erdogán, como el Pentágono y otros observadores internacionales daban por segura la caída de la ciudad en manos de los yihadistas.

La realidad es que, en estos momentos y aunque las ofensivas del Estado Islámico no se han detenido, quienes llevan la iniciativa son las Unidades de Defensa Popular (YPG), que, de acuerdo con personas que permanecen en la ciudad consultadas telefónicamente, mantienen una “moral muy alta”. Según estos testimonios, las YPG, utilizando tácticas de guerrilla urbana, llegan a infiltrarse detrás de las filas yihadistas. Incluso habrían sido expulsadas de toda la zona occidental de la ciudad, llegando a recuperar las YPG el pueblo de Mazra Amuda, situado a cinco kilómetros fuera de Kobani. “Allí no hay rastro del Estado Islámico”, asegura esa fuente local en coincidencia con las informaciones suministradas por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos y varias agencias de noticias.

En el segundo frente en importancia, el del sur, las YPG también habrían recuperado terreno y los combates se concentrarían en la zona conocida como Kani Araban, literalmente en kurdo “la fuente de los árabes”, un manantial construido con piedra de sillería por los romanos y que durante siglos fue utilizado por las caravanas árabes para repostar agua. Esta zona, situada fuera de la ciudad, sería en estos momentos uno de los barrios del extrarradio todavía en manos del Estado Islámico.

Los yihadistas, por el contrario, conservarían su capacidad de iniciativa en el llamado “frente este”, desde el que intentan en continuas ofensivas cortar la única comunicación que los resistentes tienen con el exterior a través de la frontera turca.

Combatientes de las YPG en una acción urbana. / Bas News
Combatientes de las YPG en una acción urbana. / Bas News

Sobre las condiciones de vida de los asediados, estas fuentes explican que la alimentación se basa en tortas de pan kurdo que se mantiene comestible durante días mojándolas con agua, además de productos imperecederos como el queso y diferentes tipos de conservas que han sido almacenadas o  que han sido recopiladas de las casas abandonadas por la población civil. Cuando hay algún herido de gravedad, es llevado a la frontera turca con el peligro de que si el herido está “fichado” por la Policía turca como militante o simpatizante del PKK es apresado y trasladado a un lugar de detención desconocido.

A cerca de 200 civiles que salieron de la ciudad hace una semana, los llevaron a un centro de detención donde les dieron la siguiente alternativa: “O volvéis al infierno de Kobani o vais a nuestras cárceles”. Muchos de ellos han optado por volver “al infierno”.

Pero, aparte de la dramática situación que se vive dentro de la ciudad, lo más relevante del asedio a Kobani son las repercusiones políticas que está teniendo tanto para Turquía como en el ámbito internacional ya que esta ciudad kurda defendida por simpatizantes del PKK, una organización calificada de terrorista por la Unión Europea y EEUU, es hoy todo un símbolo en la lucha contra el Estado Islámico.

Para los propios yihadistas, Kobani es ya una verdadera obsesión, lanzando repetidas ofensivas con refuerzos procedentes de otras partes de Siria, como Alepo, Raqa o Tel Abyad aunque siempre con el mismo resultado: dejar decenas de cadáveres en las calles, transformadas ahora en una trampa mortal para los militantes del Estado Islámico. Según el citado informante local, el olor a muerto se notaría en varias zonas de la ciudad debido a la cantidad de cadáveres abandonados. De hacer caso a las cifras facilitadas por las YPG ,al cumplirse un mes de asedio, más de mil yihadistas habrían muerto bien por los combates bien por los bombardeos aliados y no menos de una decena de tanques o vehículos blindados habrían quedado destruidos.

Para desesperación del presidente turco, que se precipitó al anunciar la inminente caída de Kobani, debido a su capacidad de resistencia, el Partido de la Unidad Democrática (PYD), la rama siria del PKK e impulsor de las YPG, ha alcanzado un protagonismo de primer orden en la actual crisis y hasta la administración norteamericana ha entrado en contacto directamente con esta organización, tal y como ha reconocido oficialmente el Departamento de Estado. Resultado de estas conversaciones es el envío, por primera vez, de armas, municiones y material médico a los resistentes de Kobani, material que EEUU ha lanzado desde un avión durante este fin de semana pese a la disconformidad de Turquía con esta operación de apoyo.

Además, el mal disimulado respaldo a los yihadistas del Gobierno turco, negándose a abrir un corredor en ayuda de los sitiados, ha provocado una amplia popular entre la población kurda de Turquía con cerca de cuarenta muertos. El temor a que estos graves disturbios desencadenaran un clima de guerra civil en su propio territorio ha obligado finalmente a Ankara a desbloquear unas conversaciones de paz con el PKK que, desde hacía meses, tenía totalmente paralizadas, una decisión que en Turquía se interpreta como una nueva victoria política del partido kurdo. Incluso la prensa turca asegura que el Gobierno de Erdogán ha aceptado reconocer a Abdulá Ocalán, líder del PKK, “negociador oficial” para el proceso de paz, un hecho insólito debido a que Ocalán está cumpliendo cadena perpetua en la prisión de máxima seguridad de Imrali.

Por otro lado, el Parlamento Kurdo de Irak ha reconocido formalmente, por los mismos motivos, a las regiones autónomas administradas por el PYD en Siria y ha prometido enviar armas a los sitiados, reforzando aún más el papel clave que está adquiriendo el PKK en la nueva crisis de Oriente Medio gracias a su resistencia numantina en Kobani.


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