La esperanza supera con creces al miedo en las encuestas

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Babis Kokosis *

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Un empleado municipal coloca una urna en un colegio electoral del centro de Atenas. / Orestis Panagiotou (Efe)

ATENAS.– Tras una serie de tres votaciones consecutivas en diciembre del año pasado, la Cámara de Diputados griega no dio el respaldo constitucionalmente previsto al candidato a la Presidencia de la República, Stavros Dimas, propuesto por el partido de la Nueva Democracia (ND) y apoyado por los socialdemócratas del PASOK, las dos formaciones de la coalición gubernamental. Por consiguiente, según la Constitución griega, se convocaron elecciones anticipadas en el plazo de un mes, que efectivamente se celebrarán a lo largo de la jornada de mañana domingo, día 25.

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Normalmente, este procedimiento hubiera comenzado en el mes de febrero, pero el primer ministro, Andonis Samarás, optó por adelantarlo ante el fracaso de las negociaciones con la troika de los acreedores internacionales -Comisión Europea, Banco Central Europeo (BCE) y Fondo Monetario Internacional (FMI)- sobre el desembolso del próximo tramo de la ayuda financiera. La troika, para dar su visto bueno, exigía al gobierno griego tomar una serie de medidas de austeridad adicionales, como nuevos recortes en las pensiones y el incremento del IVA en varios artículos de primera necesidad (medicamentos, etc.) y en sectores de prestación de servicios básicos para la economía griega (turismo).

Ante una sociedad totalmente desgastada, el gobierno sabía que estas medidas no iban a ser aprobadas por el Congreso. Incluso diputados oficialistas en reiteradas ocasiones habían declarado que no iban a votar a favor de nuevas medidas de austeridad. Adelantando la elección presidencial y convencido de que iba a reunir la mayoría suficiente entre congresistas de los partidos gubernamentales (155 en total) e independientes, Samarás pretendía liberar a sus diputados de los compromisos que tenían con los ciudadanos para que pudieran votar a favor del nuevo paquete de medidas, ya que no se preveía otro obstáculo parlamentario hasta el final de la legislatura, en el verano de 2016. Pero el plan no funcionó. En un clima político muy tenso, en el que incluso se lanzaron acusaciones de soborno a diputados opositores para votar a favor de Dimas, que la Fiscalía se apresuró a archivar, la propuesta presidencial de Samarás ante la Cámara de los 300 escaños reunió mucho menos de los 200 votos necesarios en las dos primeras votaciones o los 180 en la tercera; a saber, 168 votos en total.

La inevitable convocatoria de elecciones generales anticipadas polarizó aún más el discurso político, sobre todo por parte de los conservadores de la ND. Ante las sucesivas encuestas que daban como claro favorito a la Coalición de Izquierda Radical (Syriza, por sus siglas en griego), con una diferencia de más de cuatro puntos, la estrategia comunicativa de la ND trató de diseminar el miedo a la ciudadanía, dando por sentado que los socios europeos iban a rechazar el programa de Syriza, por lo que el país llegaría a la quiebra y, por extensión, tendría que abandonar la zona euro. Asimismo, esperaba un respaldo claro por parte de los gobiernos europeos, que finalmente no se ha producido, excepto en el caso del primer ministro español, Mariano Rajoy, quien acudió a apoyar a su colega conservador griego, ante, posiblemente, la amenaza común que suponen en ambos países el ascenso de fuerzas políticas alternativas, como son Podemos y Syriza. Finalmente, parece que esta campaña preelectoral de intimidación tuvo incluso los efectos contrarios, ya que en los últimos días se contempla en los sondeos una ampliación de la brecha entre Syriza y ND.

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Alexis Tsipras saluda a sus seguidores en el mitin de cierre de campaña de Syriza, celebrado el jueves en Atenas. / Yannis Kolesidis (Efe)

No sólo los dignatarios europeos se limitaron a confirmar su neutralidad institucional, subrayando el respeto necesario a los procesos democráticos, sino también, en la escena nacional, la ciudadanía parece que ha dado la espalda a la campaña del miedo, que se había repetido ya en los comicios generales de 2012 y los europeos de mayo del año pasado. Parece que la ciudadanía ha optado definitivamente por la esperanza en vez de guiarse por el miedo, como indican varias encuestas cualitativas, en las que la esperanza supera con creces al miedo en las preguntas sobre los sentimientos que condicionarán el voto.

De hecho, es cierto que a lo largo de los últimos años Syriza ha conseguido transmitir esta sensación de esperanza a una sociedad gravemente golpeada por la crisis económica, que alcanzó incluso dimensiones de crisis humanitaria. Su discurso político no sólo ofrecía una alternativa de crecimiento económico, frente al círculo vicioso entre recesión y austeridad que había impuesto la política gubernamental dictada por la troika, sino que también devolvía a la gente una sensación de recuperación de la soberanía nacional, parcialmente cedida en términos económicos a centros internacionales. Y, por supuesto, Syriza ha procurado presentar un programa de emergencia para los más afectados por la crisis. El casi 20% de la población que vive en niveles inferiores al umbral de la pobreza, pasa por alto toda esa polémica de que si verán afectados los depósitos bancarios por un eventual fracaso de las negociaciones de Syriza con los acreedores internacionales.

Quedan pocas horas para ver manifestada la voluntad de los griegos. En estos momentos la mayor incógnita no es identificar al ganador, ya que la tendencia a favor de Syriza parece irreversible, sino si el partido de izquierdas tendrá la mayoría suficiente para formar un gobierno en solitario.

Dado el complicado sistema electoral griego, para conseguir la mayoría absoluta, el partido más votado no depende tanto de la diferencia del segundo, sino del porcentaje total que van a reunir todos los partidos que finalmente quedarán sin representación en la Cámara. Cuanto mayor es este porcentaje, menos votos necesita el primer partido para formar un gobierno en solitario. De los 18 partidos y las 4 coaliciones que se presentan en las urnas, entre seis y ocho formaciones tienen posibilidades de entrar en el Congreso de Diputados. Éste sería el último escollo a sobrepasar por Syriza para disponer del potencial pleno que le permita materializar la esperanza generada entre el electorado griego.

(*) Babis Kokosis es periodista.
2 Comments
  1. celine says

    Ojalá tengan a la diosa Atenea de su parte. Sería una gran lección para los bundesbankistas europeos. Una esperanza para los que no se dedican a esquilmar el mundo con actividades financieras tan legales como odiosas.

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