¿Traicionar a sus aliados o permitir el asesinato de otro de sus ciudadanos? El EI pone a Japón contra las cuerdas

Fotomontaje publicado por el ISIS en las redes sociales donde resumen sus demandas. (Foros islamistas)
Fotomontaje publicado por el Estado Islámico en las redes sociales donde resumen sus demandas, junto a una imagen de Kenji Goto sosteniendo una foto de Haruna Yukawa, supuestamente decapitado. / Facebook

La angustia que atraviesa Japón a costa de los rehenes en manos del Estado Islámico (EI) promete instalarse durante un tiempo. El Ejecutivo de Shinzo Abe, incapaz de confirmar la autenticidad de la imagen de la decapitación de Haruna Yukawa, pero convencido de que la ejecución ha sido un hecho hasta el punto de que haber dado el pésame a la familia del mercenario, asegura que hace todo lo posible para salvar la vida del rehén que aún permanece con vida, el periodista freelance Kenji Goto. La cuestión es ¿puede realmente hacer algo para lograrlo sin traicionar pública y notoriamente a sus principales aliados internacionales y reforzar al EI?

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El inesperado desafío surgió el sábado, un día después de que venciera el ultimátum de 72 horas lanzado por los secuestradores de los dos nipones (entonces pedían 200 millones de dólares, el mismo importe de la ayuda prometida por Abe a la campaña internacional contra el EI) cuando fue difundido un vídeo que mostraba a Goto, ataviado con el mono naranja y arrodillado, sosteniendo una fotografía del cadáver decapitado de Yukawa. De fondo se escuchaba su voz en off, hablando en inglés: “Abe, has matado a Haruna. No has tomado en serio las amenazas y no has actuado en las 72 horas”, argumentaba. “Ya no quieren dinero, así no os tenéis que preocupar de financiar a terroristas. Sólo piden la liberación de su hermana Sajida al Rishawi. Si les entregáis a Rishawi, seré liberado”.

Se trata de la primera vez que el EI exige públicamente un intercambio de prisioneros, en una nueva estrategia propagandística que podría reportarle mucho éxito. Hasta ahora, el grupo fanático había hecho peticiones similares en conversaciones secretas y había ejecutado a sus rehenes aduciendo la falta de interés por sus respectivos Gobiernos a la hora de salvarles la vida. Ahora, sin embargo, han puesto rostro a su demanda: la elegida ha sido Sajida Mubarak Atrous Al Rishawi, una de las terroristas que participó en los atentados de Amán de 2005 y que sobrevivió al fallar su cinturón de explosivos.

Iraquí de 45 años, Al Rishawi confesaría tras su detención, ante la televisión jordana haber participado junto a su marido, Ali Hussein Ali al Shamari, en la explosión del hotel Raddison SAS de Amán donde Al Shamari se inmoló asesinando a 38 personas. “Él se puso en una esquina y yo en otra. Había una boda en el hotel, con mujeres y niños. Mi marido ejecutó su ataque, yo intenté hacer explotar la bomba y falló. Me marché. La gente comenzó a correr y yo corrí con ellos».

Su vínculo con la organización es claro: es la hermana de uno de los colaboradores de Abu Musab al Zarqawi, el jordano que lideró el Estado Islámico de Irak, entonces franquicia de Al Qaeda en Mesopotamia, origen del actual EI y organización que reivindicó los atentados de Amán. Zarqawi, que popularizó los métodos terroristas más indiscriminados y el secuestro de extranjeros como arma de guerra en Oriente Próximo -siguiendo, irónicamente, la estela de la organización chií Hizbulá, némesis del EI, durante la guerra civil del Líbano- sigue siendo reverenciado por los militantes del EI y, por extensión, de sus sucesores en Siria.

Sajida fue condenada a muerte en 2006 pero los recursos presentados por su letrado, que alega problemas mentales, han pospuesto la sentencia. Su curriculum de combatiente, esposa de militante y hermana de alto responsable es impecable a ojos de los fanáticos: además, el hecho de que sea mujer consagraría al EI a ojos de sus seguidores en caso de lograr su liberación. En el improbable caso de que Japón convenciese a Jordania para permitir que sea liberada, el EI también cosecharía un importante éxito de cara a su particular guerra interna con Al Qaeda obteniendo su primer intercambio de presos: en otra ironía histórica, un reciente precedente sumó puntos a Al Qaeda cuando Estados Unidos, que presume de nunca ceder al chantaje terrorista y de no realizar concesiones en caso de secuestros (así justificó su desidia en los casos de los rehenes norteamericanos decapitados por el EI), liberó a cinco altos cargos talibán detenidos en Guantánamo para gran satisfacción de los extremistas, aliados principales de Al Qaeda en Afganistán, a cambio del sargento norteamericano Bowe Bergdahl.

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Imagen del piloto jordano capturado, distribuida por la publicación online del EI, ‘Dabig’. / Dabiq

En la grabación difundida el sábado, Goto aseguraba que el intercambio propuesto en su caso es «fácil» recordando que Shinzo Abe ha enviado una célula de crisis precisamente a Amán, privilegiando a su socio jordano en la crisis de los rehenes. “Nuestros representantes están allí, donde la hermana Sajida está encarcelada por el régimen jordano”, decía el rehén. Jordania, que participa activamente en la campaña internacional contra el EI, ya tiene a su propio cautivo: el piloto de 26 años Moaz Safi Yousef al-Kassasbeh, capturado tras ser abatido su F-16 en territorio sirio y convertido así en el primer militar extranjero rehén de la organización desde que comenzase la campaña de bombardeos contra el EI, en septiembre. Dado que Abe ha declarado que “dará una respuesta en estrecha cooperación con Jordania, pero dando prioridad a salvar vidas humanas”, algunos analistas no descartan que Amán y Tokio puedan incluir a Kassabeh en el mismo intercambio para salvar al jordano y al nipón a cambio de Rishawi. La única certeza es que, si los dos Ejecutivos no pactan un intercambio, Goto será decapitado: el EI ya demostrado con creces su impaciencia e intransigencia.

La decisión pondría en evidencia a Amán y Tokio frente a Washington y Londres -si bien siempre se podría recordar el precedente norteamericano de Bowe Bergdahl para justificar el intercambio- y, en el plano interno, podría reportar beneficios. Muchos consideran que Abe cometió un error anunciando los 200 millones de dólares en ayudas contra el EI sabiendo que la organización tenía cautivos a dos de sus ciudadanos. En el caso de Yukawa, su ejecución no tiene por qué reportarle un gran desgaste dado que el japonés no era visto precisamente con simpatía entre la población: se trata de un mercenario, un aventurero fascinado por la guerra, que combatía con la oposición siria en el momento de ser capturado, nada de lo que los japoneses se sientan orgullosos. Su perfil, presentado ampliamente en los medios de comunicación, incluye un pasado de inestabilidad mental marcado por intentos de suicidio (llegó a intentar amputarse los genitales) y por delirios (durante un tiempo, creyó ser la reencarnación de una deidad femenina).

El caso de Goto, sin embargo, sí genera conmoción. El reportero, casado y con dos hijas, ha destacado por su trabajo humanitario -tiene amplia experiencia en la cobertura de conflictos, donde suele privilegiar el drama de los niños, y ha dado numerosas charlas en instituciones académicas para concienciar a la población japonesa sobre el sufrimiento que genera la guerra en la población civil- y acudió a Siria para tratar de mediar en la liberación de Yukawa, a quien había conocido previamente. Aunque Goto se hizo grabar vídeos donde aseguraba ser el único responsable de su suerte, eximiendo así a su Gobierno de ninguna gestión en caso de tener problemas, la imagen de sus familiares destrozados aúna a la población japonesa y fuerza al Ejecutivo a actuar.

Su familia se pronuncia ahora en términos desolados. Su madre, Junko Ishido, decía tras ver el último vídeo estar “tambaleándome. Me cuesta creer que cosas así ocurran en la vida real”. “Creo que [mi hijo] está pasando por circunstancias mucho más duras de las que cabe imaginar”. A juzgar por la voz de Goto y sus palabras, “parece que se está tomando muy en serio lo que le puede ocurrir”, manifestó. “Sólo espero que Kenji vuelva pronto a casa. No puedo seguir siendo optimista”.