El extraño matrimonio de conveniencia entre Syriza y Griegos Independientes

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Babis Kokosis *

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El líder del partido de derecha nacionalista Griegos Independientes, Panos Kammenos, socio de gobierno de Alexis Tsipras, sostiene un rifle durante la ceremonia en la que tomo posesión de su cargo en la sede del Ministerio de Defensa, el pasado martes, en Atenas. / Yannis Kolesidis (Efe)

ATENAS.– El triunfo de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza) en las recientes elecciones generales griegas no se ha visto acompañada por una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, ya que el partido izquierdista consiguió 149 escaños de un total de 300. Por lo tanto, para formar un gobierno, Syriza tenía que buscar alianzas entre el resto de los seis partidos que han logrado tener representación en el Congreso. Una coalición con la Nueva Democracia (ND) o el PASOK era imposible, porque precisamente contra la política de estos dos partidos se alzó la propuesta alternativa de Syriza. Y por supuesto, una convergencia con el partido neonazi de Amanecer Dorado ni siquiera se barajaría como hipótesis en una película de ciencia y ficción, por razones obvias. Así que de las tres formaciones restantes, el aliado más razonable podría parecer el Partido Comunista de Grecia (KKE), dada la afinidad política entre ambas formaciones, al menos en base a sus raíces ideológicas. Sin embargo, el KKE, con su discurso marxista-leninista ortodoxo, incluso antes de las elecciones había rechazado cualquier perspectiva de alianza con los “reformistas” de Syriza. Esta postura, como era de esperar, no cambió ni un milímetro después de conocer el resultado electoral. Al mismo tiempo, el recién creado partido de El Río (To Potami) no se consideraba un socio fiable para Syriza dado su programa más bien confuso, que no aclara hasta qué punto está dispuesto a negociar con los acreedores internacionales; su rechazo a la adopción de medidas para aliviar la crisis humanitaria en el país y su extraña promoción por todos los medios de comunicación de ámbito nacional, propiedad de magnates griegos que mantienen negocios multimillonarios con el Estado o gozan de exentos fiscales escandalosos.

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Ante este panorama parlamentario, una eventual coalición de Syriza con los Griegos Independientes (ANEL) parecía la única solución viable. Es verdad que ha sido una sorpresa la velocidad en que se consiguió el acuerdo entre los dos partidos. Que igual indica que se trataba de una hipótesis ya planteada con anterioridad entre ambas formaciones, que decidieron enfocar en la recuperación de la economía y la soberanía nacional, dejando al lado temporalmente sus diferencias ideológicas, que en ciertos puntos se pueden considerar incluso abismales. No hay que olvidarse de que ANEL constituye un partido derechista, producto de la escisión de la ND a principios de 2012, cuando el partido conservador, durante su participación en el gobierno de “salvación nacional” de Lucás Papadimos dio un giro de 180º en su política y respaldó plenamente los planes de rescate de la economía griega a cambio de durísimas medidas de austeridad. Considerando el 10% que cosechó el partido en las elecciones de 2012, se pone de relieve que incluso buena parte del electorado de la derecha no está de acuerdo con las políticas de la austeridad. Durante su corta trayectoria en la escena política griega, ANEL se ha mantenido firme en denunciar no sólo la miseria producida por la implementación de los sucesivos planes de rescate que sólo sirvieron para salvar la banca europea en detrimento de la sociedad griega, sino también el déficit de soberanía nacional que suponía la suscripción de los acuerdos mencionados. Y esta es precisamente la clave de la alianza entre ANEL y Syriza, ya que se trata de dos aspectos en los que coinciden absolutamente ambas formaciones.  Y además, coinciden en la tarea de la recuperación de la economía nacional, mediante el impulso que puede suponer la inversión pública, pero también en la adopción de medidas urgentes de alivio de la crisis humanitaria en el país.

Por otro lado, subyacen graves divergencias de los dos partidos en una serie de aspectos, como la política exterior, la política migratoria y los asuntos religiosos. En cuanto a la política exterior, por ejemplo, es totalmente opuesta la postura de los dos partidos en el asunto de la denominación oficial de la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM). Mientras Syriza aceptaría en las negociaciones con Skopje una denominación oficial de la ARYM con la inclusión de un complemento geográfico al término Macedonia, pero al contrario ANEL rechaza cualquier uso de dicho nombre o de derivados suyos en el nombre del país vecino. En política migratoria, ANEL no comparte la tolerancia de su socio gubernamental, mientras que en el asunto de las relaciones entre la Iglesia Ortodoxa de Grecia y el Estado, el partido derechista rechaza la postura de Syriza de una separación plena entre las dos instituciones.

En una situación normal, las diferencias descritas prohibirían cualquier esfuerzo de formación de un eventual gobierno de coalición entre las dos fuerzas políticas. Pero dada la situación de emergencia que vive Grecia, ambas formaciones han acordado este extraño matrimonio de conveniencia, haciendo prevalecer una reorientación de la política económica nacional. En ningún caso no se trata de una aproximación programática entre las posturas ni mucho menos de las ideologías que representan los dos partidos. Un equilibrio muy fino se perfila en las relaciones de los socios gubernamentales y en un futuro más cercano o lejano, según las circunstancias, se podrá averiguar si es posible que funcione este esquema insólito.

(*) Babis Kokosis es periodista.

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